Seguía aferrada a las riendas de mi yegua que estaba pastando tranquilamente, cuando Oak se acercó con su caballo y me acarició el brazo:
- Por el momento estamos a salvo, princesa.
Tardé unos segundos en reaccionar, pero poco a poco me fui recobrando de aquel susto al que nunca antes me había expuesto.
- ¿Y Tánter? ¿Está vivo?- pregunté sobresaltada.
Oak tardó en contestar porque me condujo hacia el lugar donde Tánter yacía dormido. El mago me dijo que habían improvisado una camilla para que pudiera descansar. Eso me hizo suponer que me había quedado dormida el rato suficiente como para que les diera tiempo a preparar los materiales. O quizá hubiera sido obra del mago.
Oak me bajó del caballo y me dirigió al lugar donde se encontraba mi amigo.
- Aquí está Danna, Tánter. No deja de preguntar por ti así que te dejo que la pongas al día sobre tu estado pero no dejes que te dé mucho la vara. Necesitas descansar.- Y una vez dicho esto oí cómo el viejo se alejaba para dejarnos algo de intimidad.
No pude apreciar la mirada de Oak y su entonación cargada de segundas intenciones; pero éstos provocaron la frágil risa de Tánter. Entonces como movida por un impulso más fuerte del que hubiera querido hacer gala, bajé hasta la altura de su cuerpo tumbado boca arriba y le di un abrazo tan fuerte que el dolor de las heridas le hizo dar una leve sacudida.
- ¿¿Cómo te encuentras??- pregunté retirándome lo más rápido posible para no provocarle más dolor y con una gran emoción por volver a tenerlo a mi lado.
- Creía que iba a mejorar hasta que has llegado- dijo con una sonrisa traviesa que me hizo romper a reír al comprobar que estaba bastante recuperado de sus heridas.
No quería que nada estropeara aquel momento de felicidad infinita con aquel ser que había conocido unos días antes y al que había tomado un cariño especial.
Entonces noté cómo sus manos se acercaban a las mías lentamente mientras me preguntaba:
- Y vos Princesa ¿cómo os encontráis?
Noté cómo el rubor encendía mis mejillas.
- Nunca he estado mejor.- dije sencillamente. – Además, en mi primera emboscada sólo he tenido que arrebujarme dentro de una manta calentita mientras mis compañeros hacían lo posible por salvarme la vida.- una sonrisa me cruzó el rostro- ¡Nada fácil, créeme!
Nuestras risas inocentes hicieron eco en aquel paraje que según me describió Tánter, se me antojaba el paraíso. Bosques de dorados, ocres y distintos matices verdosos daban paso a una cadena montañosa en cuyo seno se emplazaba, protegido por un muro, un imponente castillo de piedras blancas. A su alrededor, la aldea se esparcía moteando el verde paisaje. El aire entraba en mis pulmones purificando mi espíritu y de repente me di cuenta de que anhelaba aquel lugar y de que me sentía como si hubiera pertenecido a él en un tiempo no muy lejano. Ansiaba con todas mis fuerzas que aquel momento no terminara; sin embargo, la voz de Kyra no tardó en sacarme de mi embelesamiento.
- Danna, tenemos que proseguir nuestro camino. El castillo donde se está celebrando la Asamblea no queda muy lejos de aquí y tenemos que darnos prisa. Los secuaces de la Oscuridad están ganando mucho tiempo y si Arnias viaja con ellos es posible que descubran la contraseña de la entrada en breves momentos.
Asentí un tanto aturdida y me levanté despacio y a regañadientes, apoyándome en el bastón.
- ¿Cómo desplazaremos a Tánter?- pregunté temiendo alejarme de él.
- Tánter estará bien. El viejo Oak y los demás le hemos preparado improvisadamente una carreta de la que tirarán el caballo de Dalinor y Corlin; de modo que pueda reposar hasta llegar a nuestro objetivo. Sin embargo, una vez hayamos llegado a la fortaleza, no tendrá mucho tiempo para relajarse y recuperarse si no nos damos prisa. Venga princesa, tú irás con Oak.
- Pero…- empecé a rechistar con la intención de que me dejaran cabalgar sola.
- Nada de peros. –Me recriminó con entonación divertida.- Viajando con Oak estarás mucho más segura y no detendremos demasiado el paso.
La obedecí y Oak me montó en su caballo y pocos segundos después noté cómo el aire cortaba mis mejillas y el pelo se me alborotaba.
۞
El sonido de los cascos del caballo al chocar fuertemente con el suelo nos acompañó durante algo así como dos horas y media. Al fin, noté cómo a las órdenes del mago la montura iba aminorando el paso hasta que se convirtió en un suave trote. Habíamos llegado, según supuse sin necesidad de que Oak me lo anunciara, a las inmediaciones de la aldea. Apenas podía sentir las piernas. Saber que Tánter estaba con nosotros me había reconfortado bastante; pero no pude evitar preguntar por su estado cada cierto tiempo, el que yo creía necesario. Me sentía nerviosa y no paré de juguetear con el colgante. A pesar del contacto con el aire frío durante la cabalgata, el metal estaba anormalmente caliente y aquello me extrañó. Pero no pude cavilar demasiado sobre aquella cuestión porque empezábamos a desmontar de los caballos para estirar las piernas. Oak me dijo que estábamos tan sólo a unos minutos de la entrada a la aldea. Aquello hizo que mi corazón empezara a bombear más deprisa. No podía evitar sentirme tan emocionada por conocer el que era mi pueblo. Cuando el mago me ayudó a apearme a penas noté el contacto con el suelo porque tenía los pies totalmente dormidos y las piernas agarrotadas. Perdí el equilibrio y aunque intenté apoyarme en el bastón, me caí. Kyra lanzó un pequeño gritito pero Oak no pudo evitar reírse, a lo que yo también me sumé. Hice varias intentonas para ponerme en pie pero no lo logré. No podía parar de reírme. Entonces una risa a la que yo había ido tomando demasiado afecto sobresalió por las demás y me inundó de una felicidad inconmensurable.
- ¿Es así como tratáis a vuestra princesa?- dije entre risas. Entonces oí los pasos apresurados de Flamer que se brindó a ayudarme. Se lo agradecí.
- Para eso estamos, princesa.- me respondió haciendo una ostentosa reverencia que pude adivinar por el ruido que hizo el hacha que llevaba en la mano al cortar el viento cuando inclinó su cuerpo. Entonces comenzamos a andar hacia la aldea que estaba segura aprendería a amar. Las piernas aún parecían independientes de mi cuerpo pero aquellas molestias desaparecieron en cuanto llegaron a mis oídos los sonidos propios de una aldea próspera. Estar en Ciudad del Muro me hizo darme cuenta de que aquel sitio del que tanto me habían hablado existía. Estaba ansiosa por conocer y aprender todos y cada uno de sus detalles. Aún con todo el peligro que corrían lo que mis sentidos pudieron captar era una gran tranquilidad. Parecía que aquel paraje escondido no era del todo consciente de los peligros a los que se tendría que enfrentar en un futuro no muy lejano. La algarabía de los niños correteando y ayudando a sus padres en las tareas del campo, las ofertas a voz en grito de los vendedores ambulantes que anunciaban sin modestia alguna sus mercancías, los golpes sordos que causaban los mazas sobre el hierro en las forjas, loa relinchos de los caballos; todo ello era nuevo para mí y realmente era como si hubiese viajado a la Edad Media de los libros de Historia.… Además llegó hasta mí el apetitoso olor del pan recién hecho… Oak se debió de dar cuenta de mi expresión hambrienta porque de repente se echó a reír como nunca lo había oído.
Aquello fue el reclamo que los aldeanos necesitaron para salir de su rutina y venir a darnos su particular bienvenida.
Los niños comenzaron a cantar una graciosa cancioncilla popular mientras corrían tras nuestros caballos y los más mayores después de obsequiarnos con exquisitos manjares se unieron a ellos escoltándonos hacia las puertas del castillo.
Oí voces gritando el nombre del mago, supuse que eran los vigías del castillo. De ellos dependía la seguridad de Ciudad del Muro. Se acercaron hasta nosotros y hablaron un rato con Oak para cerciorarse de que éramos aliados y para recabar información a cerca de los progresos de Arnias. Tras este breve pero intenso interrogatorio, las puertas se abrieron y nos permitieron el paso por un puente que daba a la puerta principal del castillo que permanecía cerrada. Los guardias que custodiaban la entrada al castillo le pidieron a Oak que diera órdenes para que desmontásemos de nuestras cabalgaduras y que nos deshiciéramos de todas las armas. Por lo visto las medidas de seguridad eran bastante estrictas en aquellos tiempos. Cosa totalmente comprensible dada la inseguridad de aquel momento. Nos apeamos de nuestros caballos y por fin volví a sentir las piernas que con un doloroso cosquilleo volvían a responderme. Le iba a pedir cautelosamente a Oak que me llevara al lado de Tánter; cuando oí que la voz del mago se elevaba entre las demás y se dirigía en especial al capitán de la guardia.
- Traemos un herido. Es uno de nuestros más fieles y poderosos guerreros no podemos perderle.- Algo en su voz hizo que me golpearan de nuevo mis peores temores a cerca del estado de mi amigo y guardián. Llamé a Kyra e intenté hacerme oír entre la multitud que parecía haberse reunido en un momento a las puertas del castillo. Sin embargo, nadie me hizo caso. Todos estaban demasiado ocupados comprobando y registrando el equipaje y formulando preguntas a cerca del avance del enemigo. Me hice paso como pude entre los guardias e intenté llegar hasta la voz cantante y le pregunté a dónde habían llevado al herido.
- ¿Y tú quién eres?- me preguntó con voz enérgica y desconfiada el que parecía ser el jefe del cotarro.
- Eso no importa. ¿Dónde han llevado a mi amigo?

- Lo siento preciosa pero deberás esperar a que te llevemos ante el Gran Térbal antes de enseñarte el castillo.
- Por favor necesito saber cómo se encuentra. Antes de llegar aquí me dijo que estaba bien pero no sé si ha empeorado…
Entonces la mano de Oak se posó en mi hombro para tranquilizarme.
- Nuestra Princesa ha tenido un viaje inusualmente ajetreado y necesita descansar antes de entrevistarse con el Gran Térbal.
Ante estas palabras tan solemnemente pronunciadas del mago, el soldado debió quedarse petrificado y le oí balbucear unas frases incoherentes hasta que logró dirigirse a mí conteniendo su vergonzosa actitud:
- Princesa… No os había reconocido… -se disculpó torpemente. Y haciendo alarde de mi rango dije:
- No se preocupe. Es perfectamente comprensible su actitud –lancé una sonrisa socarrona a Oak- pero le agradecería enormemente que me llevara hasta mi escolta.
- Claro, Princesa, como vos gustéis. Disculpad de nuevo mi atrevimiento- dijo besando mi mano y al alzarse se debió de percatar de mi ceguera porque entre nosotros se hizo un silencio verdaderamente incómodo y además sentía su penetrante mirada en mis ojos. Sin embargo, esto no duró mucho porque Oak intuyó el sentimiento de vacío que me inundó y apremió al hombre para que accediera a mi petición.
- Seguidme Majestad.
No rechisté pero sabía que iba a ser difícil seguirle entre la muchedumbre si no me daba algún tipo de señal que me permitiera no perderme. Así y como respondiendo a estos pensamientos, me tomó con torpeza por el hombro y me llevó por el puente que separaba a las puertas del castillo. Oí cómo éstas se abrían y el ruido de nuestros pasos al pisar el suelo marmóreo de una amplísima sala. Me obligué a conjeturar sobre las salas del castillo para evitar pensar en la lamentable escena anterior y en el estado en el que me encontraría a Tánter. De este modo, llegamos a una pequeña habitación alumbrada por un pequeño fuego a la que me hizo pasar sola. Supuse que mi amigo estaría durmiendo después del ajetreo del viaje porque ni siquiera me saludó. Llegué a pensar que me había equivocado de habitación o que me estaban poniendo a prueba para comprobar si yo sería una buena princesa; pero aquello no tenía sentido. Entonces, un escalofrío me recorrió la espalda cuando la voz débil de Tánter pronunció mi nombre. Como un zombi traté de llegar hasta él. Se encontraba tumbado en una cama situada al fondo de la habitación envuelto en una gruesa manta.
- Tánter.- dije con voz débil y asustada por la debilidad de su voz. Llegué hasta su cama y su mano ardiente agarró la mía. Me senté a su lado y palpé su cara con delicadeza. Le ardía la frente.
- Tánter, háblame. ¿Qué te han hecho? ¿Por qué no me dijiste nada antes de llegar aquí?
Se rió débilmente.
- Sólo te habría preocupado más.- su voz era casi un susurro.
- Dime qué puedo hacer para salvarte- le supliqué. No podía perderle. Me sentía débil e impotente. De alguna manera inexplicable los lazos que nos unían se habían ido fortaleciendo hasta el punto de que necesitaba su presencia reconfortante. Tenía que estar a su lado.
La tos le desgarraba por dentro. Mi amigo se moría y las lágrimas comenzaron a descender silenciosas por mis mejillas.
- Tánter, por favor, no me dejes.
Noté su mano acariciar la mía y secar mis lágrimas.
-No puedes hacer nada por mí Danna. Sólo el tiempo me curará o me… -Su voz se quebró dejando inacabada la frase. Él no merecía morir tan pronto. – Tienes que ser fuerte y aprender a mirar al futuro con optimismo. No sé qué tiene el futuro preparado para mí pero de lo que estoy seguro es de que a ti te queda mucha vida por delante. Los sanadores de la ciudad me han dicho que aún puedo mejorar, pero que es cuestión de tiempo. Y siempre podría recurrir Al Gran Térbal…- dijo tomándoselo a risa. Yo empezaba a enfadarme porque no entendía cómo podía tomárselo de aquella manera.
- En ese caso, no me queda más remedio que decirle al Gran Térbal que te cure. Si es tan poderoso como dicen…
- No seas tan catastrófica Danna. No estoy tan mal…
- Ya, claro- dije yo con media sonrisa. Sabía que quería evitarme más preocupaciones pero yo no quería perderle. Era mi amigo.
- Sin embargo, tú estás echa una pena…- dijo riéndose.
No pude hacer otra cosa que seguirle y me eché a reír. Debimos formar tal jaleo que el hombre que me había acompañado hasta aquí y que se había quedado esperando fuera junto con una sanadora- intuí que así es como se llamaba a los médicos del lugar- , abrió la puerta y me espetó que dejara descansar al herido.
- Vendré a verte a menudo, ¿vale?- animé a Tánter despidiéndome de él con una sonrisa. -¡¡Cuídate!!
- Será un placer volver a veros, Princesa…
- No me gusta que me llames así. Para ti siempre seré Danna y lo sabes…
- Ya, pero me gusta hacerte rabiar.
- Sí, ya, muy gracioso… Eres irritante hasta enfermo…- dije resignada. Y salí de la habitación. – Deberían ponerle paños húmedos. Le está aumentando la fiebre.- me dirigí a los hombres que me esperaban en la puerta con la intención de que hicieran lo posible por bajarle los grados de más.
- Ya ha oído a la princesa, sanadora elfa.- soltó con petulancia el jefe de la guardia dejando algo molesto a la sanadora que se adentró en la habitación refunfuñando. El soldado volvió a dirigirse a mí:
- Majestad, es deseo del Gran Térbal que presenciéis parte de la Asamblea que está teniendo en estos momentos en la Sala de Reuniones. Yo os acompañaré si vos accedéis.-
“Cómo no voy a acceder, pedazo de besugo” pensé para mis adentros; sin embargo, solté una afirmación con la cabeza tragándome mis impropios comentarios.
Esta vez me cogió del brazo pero el nerviosismo seguía delatándolo; pues noté cómo le temblaba ligeramente el brazo. Me llevó en completo silencio por larguísimos pasillos y atravesamos numerosas salas de distintas dimensiones. Me pregunté si era posible que un simple castillo pudiera ser tan enorme y me respondí que la evidencia era la mejor prueba. Una vez llegamos a un pasillo repleto de columnas y antorchas que iluminaban el camino, se hicieron audibles las discusiones que estaban teniendo lugar al otro lado de las puertas de madera.
- Ya hemos llegado, Princesa.- dijo solemnemente y me recordó a esa voz femenina que te da la bienvenida a las distintas plantas del centro comercial. Entonces me acordé de Linda y de Alice y me embargó una terrible nostalgia. Me parecía tan lejano el tiempo en el que yo era una adolescente bastante despreocupada por el mundo que me rodeaba que por un momento me pareció imposible que yo fuera la misma chica. .. Entonces, mi guía abrió las puertas y el ensordecedor fragor de las luchas verbales me abofeteó dejándome sin aliento.
- Arnias ya cuenta con cuatro Símbolos y cada vez nos resultará más difícil contenerle. Su poder no es el que era pero aún así es mayor del que podamos alcanzar. Sólo unidos podremos detenerle como hizo El Cuarto para derrocar a su hermano.
- ¡El Cuarto no está aquí, Geondal! No podemos recurrir a él.
- Pero sí podemos basarnos en su admirable capacidad de estratega. Consiguió cercar al Séptimo al otro lado de las Montañas. Recuerda que sólo nosotros conocemos el Puerto de Skaanndard por el que podemos acceder a Riknor sin ser vistos y sorprender a Arnias en sus propios dominios. Nuestro ejército es muy numeroso.
- Eso era antes. Ahora ese paso de las montañas está vigilado por desterrados y nuestro ejército está cansado de tantas luchas.
- Pero ¿qué pasa con nuestros aliados? Todavía podemos confiar en Los Seres del Bosque…
- Sí, pero Arnias ya ha sometido a las criaturas acuáticas, y no olvidemos que él es dueño y señor de los rockers y los dragones, las criaturas más despiadadas de este reino.
- Pero nosotros contamos con el Símbolo del Tiempo.
- Te equivocas. Arnias mató al sabio Horquias y le arrebató el Símbolo.
- Arnias es un maldito…
- Eso no es del todo cierto. Arnias no consiguió el Símbolo. Horquias jamás le reveló la forma.
Aquella última intervención me heló la sangre. Era Oak.
- Oak, un viejo amigo...
- Y aunque lo tuviéramos ¿pensáis que nos sería de alguna utilidad? ¡Su poder está limitado! Si lo que pensáis es detener el tiempo por toda la eternidad estáis equivocados. Sabéis que el Tiempo no está a nuestro servicio, al contrario. Y con este Símbolo sólo lo podemos invocar en contadas ocasiones y sólo si el astro rey lo permite. Ya hemos abusado demasiado de él.
- Aún así podríamos recurrir a él. Quizá con un sacrificio.
- ¿Un sacrificio? ¿Cuántos sacrificios deberá hacer este reino para hacerte entrar en razón, Kaeopides? No podemos jugar con las vidas de las criaturas de Lux. Además aún nos quedan batallas por librar si no logramos restaurar el Equilibrio.
- ¿Con cuántos Símbolos contamos, Térbal?
- Con tres: Aire, Luz y Tierra.
- ¿Y de qué nos sirven?
- De mucho más de lo que nos podemos imaginar.
- ¿Y qué ha sido del Símbolo del Aire?
- Está aquí.- Concluyó la voz solemne del Gran Térbal, tras la que el soldado se aclaró la garganta y obligando a los contertulios a posar sus miradas en nosotros.
- Gran Térbal, consejeros del reino… Su Majestad, la Princesa Danna, acaba de llegar después de un largo viaje acompañada por Oak y otros guerreros.- Dicho esto me hizo dar un paso adelante y se marchó dejándome allí plantada.
La ilustración de este capítulo corresponde a la Sanadora Elfa en el momento de máxima concentración para curar al herido.
ResponderEliminarEstá inspirada en el personaje de Malefic de Luis y Rómulo Royo, cuyas ilustraciones son fuente inagotable de belleza e inspiración.
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