Intro.

Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.

Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.

Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 2. El extraño.


Aquella noche me desperté sobresaltada de una espeluznante pesadilla que me era bastante familiar pues acechaba mis sueños con bastante frecuencia.

Un ave, cuyo plumaje portaba la oscura profundidad de la noche, saciaba su sed de venganza, hundiendo su pico desgarrador en mis ojos. Mi corazón latía veloz y desesperado como queriendo prevenirme de aquel momento de inmenso dolor. En ese momento, inconscientemente, agarré con fuerza la sábana que cubría mis piernas. Sentía cómo mis uñas se clavaban en la palma de la mano marcándome con el poderoso recuerdo de la impotencia y de la rabia. Dos silenciosas lágrimas cruzaron mis mejillas hasta desembocar en una boca rota por el llanto y la soledad en un mundo de sombras, semejante a una burbuja vacía de oxígeno en la que te ahogas viendo cómo el mundo al que perteneces se retuerce sobre sí mismo hasta desaparecer. Me llevé las manos al colgante y lo apreté. Aquello surtía un efecto de alivio en mí, porque me recordaba el día en que mi madre me lo había colocado alrededor del cuello: mi quinto cumpleaños. A pesar de todo así era como la recordaría siempre. A pesar de todo y aunque me esforzara en olvidarla.

De repente, la puerta de la habitación se abrió de par en par y pude apreciar un cambio extraño en la atmósfera. El aire pareció aligerarse y una especie de brisa llegó hasta mi pelo meciéndolo suavemente. Sabía que delante de mí había alguien pero mi ceguera me impedía ver quién era, así que pregunté por la primera persona que me vino a la cabeza:

- ¿Tío Albert, eres tú?- Sin embargo, la persona que había entrado no respondió y pude percibir cómo se movía inquietamente por la estancia tratando de llegar a la ventana; pues parecía que llevaba puesta una capa de viaje que flotaba tras ella. Modifiqué la pregunta y esta vez mi voz sonó temblorosa:

- ¿Quién anda ahí?- estaba apunto de ponerme a chillar como una loca para que mi tío me oyera.- ¿Eres John?


- Shhhhhhhh.....- me respondió rápidamente el extraño tapándome la boca antes de que yo emitiera algún sonido- ¿Quieres que nos descubran? ¡¡Vamos!! Ponte la ropa que te he dejado encima de la cama. Aquí corres peligro.

- Pero quién...

- No hay tiempo para presentaciones. Ahora tenemos que salir de aquí. Nos están esperando al otro lado del Vaduin...

- ¿El Vaduin? Pero, ¿de qué me estás hablando?- le interrumpí nerviosa e incrédula. En mi vida había oído hablar de aquello.- Oye mira, mi tío está aquí ¿vale? Y te aseguro que puede dejarte K.O si me haces algo.- le amenacé.

- Seguro que sí. Más tarde te lo explicaré todo, ahora te basta con saber que tu tío me ha mandado venir a buscarte. No nos queda tiempo. ¡Vamos, tenemos que irnos ya!

No le creí. Empecé a chillar con todas mis fuerzas esperando que mi tío me oyera. Intenté dirigirme a la puerta pero el extraño me agarró por las muñecas con increíble fuerza. Me temí lo peor. Me revolví con todas mis fuerzas intentando escapar pero sólo lograba que se balanceara ligeramente. Noté las lágrimas en mis ojos y me sorprendí por aquella reacción.

- ¿Qué le has hecho a mi tío? ¡Voy a llamar a la policía! ¿Qué le has hecho? ¡Asesino!

- ¡Quieres hacer el favor de calmarte! ¡Sólo conseguirás que nos maten!

- Me da igual. ¡Suéltame! ¿Dónde está mi tío?- grité de nuevo desgañitándome. Estaba desesperada y sólo quería que alguien nos oyera pero no caí en que a esas horas seguramente la ronda policial de seguridad del pueblo habría acabado. Aquello me puso más nerviosa aún. – ¡Por favor, no me hagas daño! Llévate lo que quieras pero no me hagas daño. Por favor. ¿Dónde está mi tío?

- ¡Por favor cálmate!- la desesperación era evidente en su voz, pero yo no me iba a rendir. Estaba harta de oír que los secuestradores se valían de esos métodos para someter a su voluntad a adolescentes inocentes. Por eso seguí revolviéndome y gritando hasta que no pude más.

-¡AHÍ ESTÁN!

- Por favor Julia no lo hagas más difícil.- me rogó, soltándome las muñecas.- ¡¡¡Ya están aquí!!! ¡Y nos matarán si no haces lo que te digo!

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Vamos ¡vístete por favor!

- ¡Estás loco! No me pienso quitar el pijama. Y menos delante de un extraño.

- Como quieras pero hazlo ¡ya! Toma.

El extraño se había deslizado como una sombra hasta la cama para traerme las ropas que quería que me pusiera.

- ¿Qué es esto?- pregunté.

- No importa. Póntelo.

- No pienso salir de aquí vestida de no sé qué. Déjame ir hasta mi armario y…

- ¡Por favor, póntelo ya! Es lo que te puedo proporcionar para que pases lo más desapercibida posible.

Quizá fue aquel tono suplicante y desesperado lo que me hizo empezar a ponerme las extrañas prendas que me ofrecía. Adiviné que se trataba de una túnica y una capa de viaje. Palpé la túnica con sus largas mangas e intenté descifrar dónde se hallaba el agujero por donde debía meter la cabeza. Al fin lo encontré y metí la cabeza por él. Luego los brazos y la estiré hacia abajo.

- Ponte la capa.

Le obedecí. Al advertir que nunca me había puesto una me indicó cómo debía hacerlo y me ayudó. Dejó caer la tela sobre mis hombros y anudó los extremos de una cuerda que rodeaba el cuello de la capa por donde quedaba unida a una capucha. Por el tacto parecía de terciopelo. Después noté cómo sus cálidas manos trataban de calzarme. El tacto de aquellas botas era áspero por fuera pero por dentro eran una verdadera alfombra.

Entonces sin previo aviso, me agarró de la mano y tiró con fuerza. Yo iba a trompicones pero intenté ponerme a su altura. La madera crujía a medida que avanzábamos por el pasillo.

- ¿Conoces a mi tío?- pregunté en un intento de sonsacarle algo de información en aquella situación tan extraña.

- Digamos que sí, desde hace tiempo… Por cierto, feliz cumpleaños.

Aquello ya era demasiado. Visto lo visto aquel ser sabía muchas cosas a cerca de mí. Empecé a darle vueltas y vislumbré una posibilidad que de sólo pensarlo me entraban unas ganas tremendas de reír. Me pregunté si sería el chico que estaba a cargo de aquella empresa dedicada a celebrar fiestas de cumpleaños a domicilio; porque en ese caso se estaban superando. Le diría a mi tío que les dejara una buena propina después de aquella sorpresa. Así que, por el momento, decidí seguirle un poco el rollo.
Enseguida advertí que habíamos salido de la casa porque un viento gélido impropio de aquella estación (estábamos en primavera) nos recibió clavándosenos en el cuerpo como miles de alfileres.

- ¡Ey, necesito mi bastón!

- No te preocupes, yo te guío.

Me sentía rara corriendo de aquella manera y sin mi bastón; pero me dejé llevar. Aquello estaba resultando interesante. Mis pies agradecieron ir por la hierba después de haber atravesado una zona pedregosa, porque parecía un suave manto de terciopelo. Después de una ajetreada carrera llegamos al bosque que estaba bastante tupido y al adentrarnos en él las ramas más bajas nos impedían proseguir nuestro camino. Unas voces llegaron hasta nosotros.

- ¿Has oído eso? ¿Quiénes son?- pregunté emocionada pensando en mis compañeros del instituto.

- Asesinos. Nos han descubierto desde hace un rato pero he dejado una pista falsa en la casa. Eso nos dará algo de tiempo.

Desenvainó una espada que rugió al viento; con la que empezó a cortar las ramas que más nos estorbaban. Yo me sobresalté y empecé a sentirme incómoda de nuevo. Ya no se llevaban las espadas a menos que fueras un freaky de las historias épicas. Intenté protegerme la cara con el brazo en ángulo sobre ella pero aún así muchas ramas consiguieron marcarme. El suelo estaba inundado de hojarasca que crujía al paso del viento feroz que hacía que las voces que llegaban hasta nosotros parecieran estar mucho más cerca de lo que realmente estaban. No logré reconocer ninguna de esas voces. Pensé en John, quizá él estuviera también detrás de este extraño “regalo”. Entonces noté cómo la mano de mi guía se tensaba y me obligaba a elevarme.

-¡Salta!- Con la punta del pie noté algo que sobresalía del suelo. Era una raíz muy gruesa que amenazaba con salir completamente al exterior. Con suerte pude esquivarla. De nuevo, empecé a pensar que la fiesta de cumpleaños estaba tomando un cariz extraño y me quedé absorta en mis pensamientos intentando descubrir qué era lo que estaba pasando, quién podría ser aquella enigmática persona, y quien nos perseguía para matarnos. Y como iba guiada no presté ninguna atención a mis pies que fueron presa de una trampa natural. Una gruesa rama me hizo caer y soltarme de la mano de mi guía. Éste se apresuró a levantarme de nuevo con extraordinaria fuerza sin decir ni una sola palabra. Yo no me había hecho daño porque había caído en tierra húmeda lo que me hizo suponer que estábamos cerca del río. Seguimos corriendo y llegamos a la orilla.

- ¿Dónde demonios está?- buscó nervioso.

- ¿Dónde demonios está el qué?

- La embarcación.

- ¿Qué? ¿Piensas huir en una barcucha? Estás loco. ¡No sabes que existen coches, motos y esas cosas! Ahora sí que nos matarán.- No pareció captar mi tono jocoso.

- Pues si te crees tan lista dime cómo atravesar el río.

Me quedé callada. Se estaba poniendo muy nervioso y no sabía cómo reaccionaría aunque no parecía violento.

- Tenemos que esperar a la embarcación.

-Tú verás, pero si crees que así vamos a estar a salvo, te equivocas. Así que yo me voy.

- ¡No lo hagas! Ya falta poco. Oye, siento haberte traído hasta aquí de esta manera... - dirigí mis ojos hacia el lugar de donde procedía la voz.

Aproveché aquel momento para recavar algo de información útil y ya de paso ¿por qué no? Ponerle algo más nervioso. Me estaba gustando aquel jueguecito.

- ¿Así que esto es el Vaduin?- pregunté mordazmente.

- Así es.

-Ya. ¿Y estamos en la Tierra Media? Porque me encantaría conocer a Frodo y a sus amiguitos- me daba igual comportarme de aquella manera, porque se me estaba acabando la paciencia. En cualquier momento echaría a correr si no me daba alguna información de interés. No pareció haber pillado el chiste.

- Oye mira, si esto es algún tipo de broma déjalo. No hace falta que te lo tomes tan en serio. Si quieres cuando estén mis amigos y mi tío delante volvemos a montar el numerito pero te puedes ahorrar todo esto. De todas formas, no te ofendas, me está gustando mucho; pero creo que ya lo puedes ir dejando. ¿Me estás oyendo?

- Toma bebe algo de agua. Me llamo Tánter, hijo del Bosque.

- ¡Ah, qué bonito!- dije sarcásticamente- Y yo soy...

- Danna, dama de las Águilas...- bufé- La elegida de entre los mortales.- dijo convencido haciendo caso omiso de mi bufido.

- ¿Cómo dices?- me reí.- No, no, no. A ver, soy Julia. Una chica normal y corriente de un pequeño pueblecito del sur de Inglaterra.- respondí extrañada. No estaba por la labor de seguirle su absurdo jueguecito porque no estaba de humor y además me encontraba entumecida por el frío.

- ¿Normal y corriente?- preguntó con un tono burlesco que me ofendió bastante pues sabía a qué se refería. Y bajé la mirada.

- Yo no elegí ser como soy, ¿vale? Fue un accidente y nada más... - traté de sonar convincente pero su silencio me incomodó.

- Tú sabes que no fue nada común la manera en que te hicieron eso.- Aquello me cogió por sorpresa.

-No sé cómo puedes decir eso, pero…- vislumbré escenas de la pesadilla que me había venido atormentando desde aquel momento- Te digo que fue un accidente.- Quería engañarme a mí misma aunque en el fondo de mi ser sabía que este tal Tánter llevaba razón.
Me vi obligada a revivir de nuevo aquella pesadilla y no sé si dije algo en voz alta, pero noté su mano en mi hombro. Yo me retiré bruscamente.

- Mira.., parece que la barca no viene y yo me sé cuidar solita. Así que…

- Julia- me llamó por el que yo creía mi verdadero nombre.- Tu tío confía en mí para cuidar de ti. Por eso te pido que aunque sea difícil, aprendas a confiar en mí. Además ya ha llegado la barca. Vámonos de aquí. Aún no estamos a salvo.
Le oí coger el cabo que alguien desde la barca le había arrojado para acercarla a la orilla.

- ¡Vamos!

Me llevó hasta el agua y me alzó en brazos. Me sentía incómoda, pero más aún cuando otros brazos me cogieron y me sentaron en la madera de la barca.

1 comentario:

  1. Se trata de un borrador que me gustaría algún día viera la luz. Agradecería muchísimo que se me comunicaran las erratas que sin duda hay o las cosas que no queden claras, para mejorar el contenido en todo lo posible. Muchas gracias. Un saludo para todos los lectores.

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