Intro.
Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.
Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.
Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.
viernes, 28 de junio de 2013
Capítulo 5. De camino a Waterfall.
El sol empezaba a ocultarse cuando Oak ordenó a los caballos aminorar el paso, tras haber estado cabalgando largas horas. El bastón cada vez se hacía más pesado así que opté por apoyarlo horizontalmente sobre el lomo del caballo.
- Por favor Tánter dime cómo es el paisaje que estamos atravesando.- Le pedí pues no me quería perder nada de lo que pasara a partir de aquel momento.
Y Tánter accedió de buena gana.
- Tras abandonar el río y sus riberas fangosas nos hemos adentrado en un hermoso bosque de fresnos y robles que linda con una llanura que se extiende hasta las montañas doradas. (Se llaman así porque cuando los últimos rayos del Sol inciden sobre ellas, parecen irradiar destellos cegadores visibles en todo el reino). Sin embargo, me temo que nuestro paso por este bello lugar no significa visitas turísticas. Nuestro objetivo es llegar al paso de Waterfall, un impresionante paraje escondido entre las montañas, en el que unas enormes e imponentes cascadas dan la bienvenida a La Ciudad del Muro. En ella se refugian los aliados de la Luz, nuestros hermanos. Ellos son la única esperanza que nos queda para salvar a nuestra tierra y ahora contamos con un arma que ni siquiera nuestros enemigos pueden imaginar.
- ¿Qué arma?- pregunté un tanto alarmada.
- Tú, Danna Dama de las Águilas.
Aquellas palabras retumbaron en mi cabeza con increíble fuerza y me dejaron totalmente desconcertada. Con la voz quebrada me atreví a confesarle:
- Desconozco en qué sentido puedo ayudar a tu gente. No tengo ningún poder especial… Es más, soy la persona menos capaz de llevar a cabo cualquier tarea corriente y cuanto menos una tarea que me haga convertirme en un arma de la que dependen todas las esperanzas de este mundo. Y ni siquiera sé qué peligro os acecha…- Mi confusión y repentina frustración debieron resultarle graciosas a Tánter porque empezó a reírse. De nuevo me sentí extraña en aquel lugar y también furiosa por las risotadas de mi guía.
- ¡Tánter para el caballo!- El chico obedeció enmudecido, pero eso no me achantó para soltarle:
- Ajá, ya sé de qué va todo esto. ¡No es más que una burda representación que os ha hecho escenificar mi tío para hacerme creer que soy de alguna utilidad, cuando yo sé perfectamente que no es así! Se acabó. Esto está llegando demasiado lejos y no tiene ningún sentido. ¡Ahora déjame bajar porque quiero irme a casa!
- Vamos Danna no te pongas así…
- No me llamo Danna y me pongo como me da la gana.-Grité mientras desmontaba de aquel caballo tan alto con enorme dificultad llevando el bastón conmigo.- Tú no eres más que un muchacho como yo que vive en un mundo de fantasía sin querer ver la realidad.
- ¿Y cómo explicas todo lo que te ha ocurrido hasta ahora?
- Pues no lo sé… He vivido tanto tiempo en la oscuridad que ya no sé ver la luz. Pero lo que sí sé es que tú y tus amiguitos estáis jugando conmigo a algo que no es posible. Os estáis aprovechando de mi ceguera y eso es lo que más me duele. No sé cómo he podido llegar tan lejos.- Dos lágrimas recorrieron mis mejillas dejando un rastro húmedo y como movida por un impulso interno empecé a correr en dirección opuesta. Todo aquello me hacía sentirme fatal y deseaba no estar allí. Además ya ni siquiera me importó haber montado aquella escena y desde luego no puse ningún empeño en escuchar todas aquellas alarmas entre los personajes que me protegían:
- ¡Tánter, Danna es nuestra última esperanza. ¡Ve a por ella!
- ¡Vamos, a qué esperas! ¡No podemos perder más tiempo!
Yo seguí internándome en aquel bosque en el que cada vez los hierbajos eran más altos. Las lágrimas me empapaban las mejillas y las raíces de los árboles me hacían tropezar. No me importaba. Yo seguía corriendo ayudándome con aquel bastón. Entonces justo cuando entré en la espesura oí a Tánter llamándome por mi verdadero nombre:
- ¡Julia! ¡Por favor deja que te lo cuente todo desde el principio para que me creas!
- ¿Y si no quiero que me cuentes nada?- respondí furiosa, sintiéndome como un muñeco al que vapulean sin escrúpulos y sin atender a sus sentimientos.
Entonces sentí la mano de Tánter agarrando con fuerza la mía. Aquella sensación me parecía extrañamente familiar y me paré derrotada. De repente empecé a sentirme como una tonta y una cobarde. Noté cómo tiraba de mi mano arrastrándome hacia él hasta que pude notar su cálido y embriagador aliento en mi cara.
- Sentémonos aquí. Estoy cansado. Creí que nunca pararías.- dijo él con una entonación divertida que me hizo sonreír. Me costaba convencerme de que, en realidad, me reconfortaba su presencia en aquel momento. Después de todo, él me había metido en aquel embrollo. Entonces intenté hablar pero él se me adelantó:
- Créeme que me esfuerzo por ponerme en tu piel, Julia, y reconozco que todo debe de ser muy difícil. Pero, por favor trata de ponerte tú en la piel de todos los habitantes de nuestro mundo.- dijo secándome las mejillas con infinita ternura.
- ¿De qué mundo me estás hablando?- volví a preguntar ladeando la cabeza cansada de que se me escapara todo aquello. Ante el triste silencio de Tánter le formulé casi todas las preguntas que se me ocurrieron – Por favor, no me hagas esperar más y respóndeme: ¿Por qué viniste a mí? ¿A dónde me has traído? ¿Dónde está mi tío Albert? ¿Quiénes sois todos vosotros? ¿Para qué me necesitáis?- todas mis preguntas declinaron en un gemido de confusión que Tánter entendió perfectamente y por ello accedió a darme las respuestas que yo tanto necesitaba.
- Escucha amiga mía. El lugar en el que te encuentras es el fascinante reino de Lux y sólo tenemos acceso a él los seres que hemos nacido en su seno. Es decir, podemos salir y entrar de él, pero los seres humanos, como tú, sólo podéis entrar o salir con la ayuda de un ser que conozca estos parajes como la palma de su mano.
- ¿Por eso viniste a buscarme a casa de mi tío?- pregunté absorta.
- Por eso fui a buscarte.
- Vamos no te hagas de rogar… Cuéntamelo todo.- insistí un tanto irritada por todo lo que me estaba costando sacarle aquella información.
- Llevo semanas estudiando la forma de llegar a tu casa sin ser visto por nuestros enemigos y preparando el canal que me permitiría traerte conmigo. Así que cuando el Gran Térbal me dio la orden, crucé el río que hace de puente entre mi mundo y el tuyo. El que atravesamos con Dalinor ¿te acuerdas? El Gran Térbal me había hablado mucho de ti y me dio las prendas que ahora llevas puestas para que tuvieras la capacidad de camuflarte y ser lo más invisible posible para nuestros enemigos. Ahora nuestro primer destino es encontrarle en la Ciudad del Muro donde se ha reunido con otros grandes magos de la Luz para, cuando llegue el día señalado, enfrentarnos a las huestes de la Oscuridad. Sin embargo, para ello necesitamos todo el poder que nos puedan brindar nuestros aliados ya que el enemigo cuenta con un arma tremendamente poderosa que no dudará en usar contra nosotros.
- ¿Por qué lo sabéis?
- Tenemos la suerte de poder contar con grandes magos que son conocedores de los secretos más recónditos de este reino. El Gran Térbal nos indicó cómo contrarrestar aquel poder.
- ¿Cómo?- pregunté temiendo oír la respuesta.
- Consiguiendo a la única persona capaz de evitar que se desate el poder del arma de nuestros enemigos y mantenerla en nuestro bando antes de que fuera descubierta. – finalizó Tánter sumamente abatido. -Nuestro enemigo conoce las debilidades de Térbal y tememos por su vida.
Entonces comprendí el papel que yo jugaba en aquella batalla. Cerré los ojos con fuerza y en mi cabeza empezaron a sucederse cientos de imágenes desoladoras en las que pude ver el fin de aquel mundo y de sus habitantes. Cuando por fin abrí los ojos, aunque aquello no supuso nada nuevo para mí pues seguía sumida en las sombras, noté mis mejillas húmedas y un martilleo insoportable en la sien. Sentí a Tánter a mi lado, mirándome. Aproveché aquel silencio para repetirme la historia. Había algo que no encajaba.
- Tánter –dije agarrando con fuerza el bastón y con la mirada puesta en lo que, para mí, era el horizonte; pues notaba los cálidos pero cada vez más débiles rayos del Sol- aún no me lo has contado todo.
- Hay cosas que se me escapan- me respondió sumido en una tristeza infinita.
- ¿Quiénes nos persiguen?
- Los llamamos Huestes de la Oscuridad. Son seguidores de Arnias.
- ¿¿Arnias??- noté que me quedaba sin respiración y quise morir. Aquel ser había sido el causante de mi sufrimiento y después de tanto tiempo tratando de arrancarlo de mis pesadillas volvía para hacerme revivir mi infierno. La marca del colgante volvió a escocerme como lo hacía en los días posteriores al accidente con los cuervos cómo había decidido llamarlo. Aquel escozor pareció traspasar la piel y llegar a mi sangre haciéndola hervir de ira. Tánter debió de percatarse de la aceleración de mi respiración.
- Julia, debemos detenerle. Ésa es la razón por la que te necesitamos.
- No estoy preparada.
- Nadie sabe cuándo está realmente preparado para enfrentarse a su destino. Simplemente debe enfrentarse en algún momento y el mero hecho de decidirse ya significa que sí lo está.
- Ya. Pues lo siento pero no creo que haya llegado el momento de decidirse todavía. Buscad a ese tal Térbal y que os indique otra manera de vencer al viejo de los ojos amarillos.- Me levanté dispuesta a volver a casa y terminar con toda aquella tontería, pero las palabras de Tánter me paralizaron.
- Arnias asesinó a tus padres.
- No juegues con eso.
- No estoy jugando a nada.
- Mis padres murieron en un accidente de coche ¿vale?
- Como quieras pero has de saber que aquel cuervo seguía las órdenes de Arnias y que no hubiera parado hasta hacerse con el colgante de tu madre. Con ella no tuvo tanta piedad.
- ¡Calla!- exploté. Aquella era demasiada información para asimilarla tan rápidamente. Sin embargo, en medio de aquel silencio tan desquiciante bullían en mi cabeza las respuestas que tanto anhelaba y no pude evitar empezar a recomponer las piezas de mi rompecabezas. Arnias andaba detrás de algo que creía que poseía mi madre pero seguramente cuando se percató de que no lo tenía, la obligó a darle la información necesaria a cerca del paradero del colgante y al no obtenerla, la asesinó y con ella a mi padre. Mis padres habían tratado de protegerme y yo me había estado comportando como una auténtica estúpida. ¿Cómo podía haberles odiado tanto después de todo lo que habían hecho por mantenerme a salvo? ¿O quizá mi madre había tratado de salvarse legándome el colgante porque sabía que Arnias sería capaz de cualquier cosa por conseguirlo? Una parte de mí quería resistirse a pensar de aquel modo pero la otra sentía la necesidad de averiguar la verdad. Estaba cansada de todo, de pensar siempre en todas las posibilidades. Quería que alguien me explicara de una vez por todas lo que ocurrió en realidad, si es que existía esa persona; porque sentía estar viviendo una mentira. Además, aún no había completado mi rompecabezas. Todavía quedaban muchas preguntas por responder como por ejemplo: ¿qué demonios tenía de interesante un simple colgante para un viejo a parte de ser una reliquia familiar? ¿Quién era realmente Arnias? ¿Y toda esa gente que me acompañaba? ¿Y qué pintábamos mis padres y yo en esa historia? Entonces empecé a comprender que mi grado de estupidez había sobrepasado los límites. Sí que existía esa persona capaz de responder a mis preguntas: el tío Albert. Aún resonaban sus palabras en mi cabeza: “¡¡Arnias!! Tus trucos no nos asustan”. Sin duda él tenía que saber… ¿Cómo no había sido capaz de pedirle una explicación? ¿Por qué me cerré y evité escucharle? No sé si le habría creído pero ahora estoy dispuesta a escuchar todo lo que tenga que decirme. Tenía que volver a casa, disculparme como era debido y exigirle esa explicación que tanto ansiaba. Tenía que encontrarle.
- ¿Julia?
Había olvidado por completo que Tánter seguía allí junto a mí. Había estado todo el rato sumida en mis pensamientos y él había guardado silencio hasta entonces. Ninguno de los dos podíamos intuir cuál sería mi reacción después de mi silenciosa reflexión. Entonces me levanté con ayuda del bastón consciente de que Tánter me observaba con curiosidad intentando averiguar cuál sería mi próximo movimiento. Decidida a seguir adelante empecé a caminar en una dirección cualquiera con la intención de hacerle seguir mis pasos y preguntarle aquello que creía que me podría contestar. Me gustaba poner en orden mis ideas en movimiento. Cuando consideré que ya se me habían desentumecido las piernas, me paré y el cese de los crujidos de la hojarasca me indicó que Tánter también se había detenido a una distancia prudente.
- Seguro que sabes más cosas del Gran Térbal que has pasado por alto. Si te había hablado de mí era porque me conocía. ¿Cómo es que nunca he sabido yo nada de él?
- Sin duda era un gran mago conocedor del mundo y de sus habitantes.- respondió él no muy convencido de que sus palabras surtieran el efecto deseado y algo perdido en sus pensamientos.
- Sabes que esa respuesta no me vale.
- Es cierto, verás Térbal es…
- ¿Quién?
- Tu tío Albert.
Durante un largo instante no supe cómo reaccionar. Sentí que volvían a flaquearme las piernas y temí perder el equilibrio. Apreté mi mano alrededor del bastón transmitiéndole la fuerza necesaria para que se hundiera en la tierra y me sostuviera en pie. Sin embargo, no necesité nada de eso. Lo cierto era que de esa manera las cosas volvían a tomar un nuevo rumbo... Aunque nada cambiaría la sensación de haber estado viviendo la mentira más gorda de todos los tiempos.
- Lo siento, Julia, pero está cayendo la noche. Hemos perdido un tiempo precioso. Creo que sabes todo cuanto sé yo. Ahora está en ti elegir.
- ¿Por qué ahora? ¿Por qué he vivido dieciocho años pudriéndome en la ignorancia? ¿Por qué nunca nadie ha confiado en mí? Ahora resulta que mi tío, al que yo creía conocer, es el mago más conocido de un reino que estaba al otro lado del río que pasaba por su casa. ¿Sabes qué? Ahora sí que se ha lucido.- Me quedé en silencio tras haber escupido aquella retahíla y llegaron a mi mente las imágenes del día en que mi vida cambió. Vi los cuervos, vi unos ojos amarillentos que me devolvían la mirada con un desprecio infinito y también los rayos de luz y las explosiones de energía. Pero ¿cómo podía ser? Él nunca me dijo nada; aunque quizá la explicación de su silencio era que no quería que me sintiera especial. Quizá no estaba madura para recibir aquella información, pero en los años posteriores ¿por qué siguió callando?
- Escúchame, Julia, sé que nada de esto es normal para ti. Pero es que nunca has sido normal. Siempre has pertenecido a este reino porque eres parte de él. Eres nuestra princesa y por lo que sabemos, nuestra última esperanza. Créeme que hubiera dado lo que fuera porque hubiera sido de otro modo pero…
- Entonces no tengo elección.- dije. -Tarde o temprano alguien de alguno de los dos bandos me encontraría, me persuadiría con bonitas palabras de añoranza y esperanza y estaría en la misma situación en la que ahora me encuentro.
- Posiblemente- me respondió un tanto herido- pero si crees que el amor que sentimos por este bello reino todos los que nos hemos arriesgado para venir hasta aquí es fingido, estás en un error. Y si crees que te es indiferente lo que le suceda a este reino también te equivocas porque perteneces a él tanto como cualquiera de nosotros.
- Creo que estoy en el bando correcto porque así me lo haces ver y en cierta manera también puedo notarlo. Pero has vuelto a sobrepasar la información que puedes darme. ¿Por qué pertenezco a este mundo tanto como tú?- Entonces tras formular aquella pregunta vino a mi cabeza el nombre con el que Tánter me había reconocido la primera vez que nos vimos: Danna, Dama de las Águilas. El chico pareció comprender mi descubrimiento.
- En efecto, Danna Dama de las Águilas y princesa del Reino de Lux.- añadió apesadumbrado y sus palabras cayeron sobre mí como sentencia de muerte. Sentí una punzada en el corazón. Agarré con fuerza el colgante de mi madre que me impulsó a tomar una decisión. La mano de Tánter rozó la mía como pidiendo una respuesta y yo se la di, consciente de que era la única salida y de que quizá no hubiera vuelta a atrás.
- No perdamos más tiempo. Vamos a La Ciudad del Muro, pues.- tras mis palabras noté el cálido y reconfortante abrazo de Tánter mientras susurraba en mi oído: gracias.
Me llevó hasta el caballo. No tardamos más que unos minutos en llegar y una vez allí Owl nos recibió con un suave relincho. Tánter me situó a su lado para que yo pudiera acariciarlo.
- ¿Estás preparada princesa?- me preguntó Tánter a lo que yo respondí asintiendo levemente con la cabeza. Aquello le bastó para ayudarme a montar y tras susurrarle algo a Owl, el caballo se puso en marcha en seguida. – Owl me ha dicho que los demás han montado guardia en torno a nosotros y que gracias a Oak los árboles han impedido que el eco de nuestras voces saliera del círculo que han formado a nuestro alrededor. Ahora nos esperan detrás de aquellos arbustos. Acamparemos aquí al amparo de los viejos guardianes del bosque.
۞
Tardamos poco en llegar a aquel espacio rodeado de inmensos y frondosos árboles y un coro de voces nos dio la bienvenida.
- Sabía que podíamos contar contigo Danna- dijo Kyra estrechándome la mano.
- ¡Buen trabajo Tánter!- dijo Flamer entre risotadas contenidas y palmeando la espalda del chico que se retorcía cada vez que aquellas manos tan enormes descargaban su fuerza sobre él. Dalinor también reía pero más comedido ya que la herida le tiraba bastante. Y Lingrow pasaba olímpicamente de todo. De vez en cuando lanzaba alguna maldición y según me dijo Tánter eso equivalía a un millón de gracias.
– Bienvenida, Danna. Es un verdadero alivio tenerte entre nosotros.- La voz de Oak sonó firme, sincera y agradecida.- Veo que nuestro joven Tánter te ha explicado todo lo que necesitas saber para emprender este viaje… Siento enormemente que todo tenga que ser tan rápido. Pero no tenemos tiempo que perder. Nuestro enemigo nos acecha y debemos llegar a La Ciudad del Muro cuanto antes. Sé que aún tienes muchas preguntas pero creo que ya sabes todo lo necesario. En la ciudad a la que vamos hay una persona que te responderá sin duda a todas tus inquietudes, pero por el momento descansa. Hemos decidido que éste es un buen sitio para pasar la noche. Además, los conjuros que nos protegen son bastante potentes y duraderos. No obstante toda protección es poca: Tánter, llama a los lobos y al resto de seres que habitan estas tierras. Necesitamos su apoyo. Ya sabes lo que tienes que hacer. Si necesitas ayuda no dudes en recurrir a la alianza que firmaron con nosotros.- Tánter se removió inquieto y Oak se le adelantó al ver su actitud y en un susurro apenas audible le dijo- Danna está a salvo aquí, no te preocupes. Y recordad: - dijo volviéndose a los demás elevando la voz- no debemos demorarnos más pues podría ser fatal para las esperanzas de nuestro reino.
Entonces oí relinchar a Owl cuado Tánter se subió a su lomo y como si fuera una ráfaga de aire, se internó en el bosque para no volver en, lo que a mí me pareció, mucho tiempo.
Los pasos del viejo Oak se acercaron a mí poco a poco y con esa voz tan llena de sabiduría me dijo:
- Danna, te estamos infinitamente agradecidos. Has demostrado un gran coraje al decidir este camino. Pero he de advertirte que hallaremos numerosos obstáculos. No es tarea fácil intentar salvar a nuestro querido mundo de las garras de la oscuridad; sin embargo tu presencia nos da esperanzas.- De alguna manera sus palabras me reconfortaron pero no pude evitar mostrar algunos atisbos de confusión y miedo ante aquella perspectiva que se abría ante mí. Oak era consciente de mi carga y para intentar aligerarla me condujo suavemente hacia la que sería mi “alcoba”, que no eran más que unas mantas colocadas sobre unas hojas, cerca del fuego.
- Descansa mi querida niña. Duerme bajo el suave manto de la noche pues mañana será un largo día.- Y dicho esto se marchó. Yo palpé cuidadosamente lo que era mi cama y en cuanto me senté, noté como si en vez de aquellas hojas hubiera un cómodo colchón y en vez de aquellas gruesas y ásperas mantas hubiese unas suaves y calentitas sábanas de franela con olor a lavanda. Desde luego la magia de Oak era palpable. Entonces, como movida por un hechizo, caí rendida en los brazos del más plácido sueño…

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