Intro.

Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.

Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.

Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 3. El Vaduin.


- Vamos, princesa, adelante.- dijo una voz nueva.

No me gustó nada eso de “princesa” pero agradecí tener una superficie a la que agarrarme. La barca comenzó a balancearse a causa del peso.

- ¡Dalinor, nos siguen la pista! No sé cómo han podido saber que hoy iríamos a buscarla. Habrá que andarse con cuidado y extremar la seguridad.

- Ahora no podemos hacer nada más que remar y confiar en la sabiduría del viejo.- dijo aquel hombre con una voz áspera y robusta bajando el volumen, mientras cogía los remos y los introducía en el agua.

Tánter también cogió unos remos y se puso a remar. Yo me agarré fuertemente a la embarcación que, por el tacto, parecía de madera robusta y no era muy grande puesto que tras de mí ya solo había agua que se quejaba al ser surcada por aquel bote tan áspero.
Durante la travesía mantuvieron una conversación casi inaudible de la que sólo me llegaron algunos nombres que desconocía y fragmentos de lo que parecía un nuevo plan; pues al parecer el que tenían había sido interrumpido. Sin embargo no pude entender a qué se referían e incluso hubo alguna vez en la que sus voces cambiaban y se convertían en sonidos de diferentes animales. Entonces, cansada de toda esa farsa intenté llamar su atención y pregunté:

- ¿Acaso nadie va a explicarme en qué embrollo siniestro estoy metida?- tras mi retumbante y poco precavida pregunta que reverberó en aquel paisaje desierto, Tánter se abalanzó sobre mí y me tapó la boca con su mano. Podía sentir su boca en mi oído derecho.

- ¿¿Te has vuelto loca??- me susurró exasperado.- ¿Has olvidado que tras de nosotros viene toda una horda de asquerosos asesinos? Nos están observando y persiguiendo. Cuando estemos en un sitio más seguro te diré todo lo que necesites saber. Ahora calla o pagaremos las consecuencias... ¿Puedo confiar en que no vas a gritar ni montar ningún escándalo?- Nerviosa y asustada hice un rápido ademán con la cabeza en señal de afirmación y Tánter volvió a su sitio. Alcé la cabeza como en un acto reflejo en busca de alguna señal que me permitiera averiguar en qué lugar del río estábamos. Entonces percibí extrañada que había cambiado el tiempo. Una suave brisa y los suaves rayos del sol del amanecer acariciaban mi cara sutilmente. Como hipnotizada deslicé mi mano hasta notar la fría superficie del agua en las yemas de mis dedos... De repente, una lluvia de flechas rasgó aquella calma y una de ellas me atravesó la mano.

- ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!- grité retorciéndome de dolor y con las lágrimas brotando descontroladas de mis ojos. Me agarré la mano apretándola para liberarla del dolor. Entonces, otra flecha desgarró el aire a gran velocidad y tras un ruido seco como de succión, alguien dio un terrible grito de dolor que me sobresaltó. Oí la voz angustiada de Tánter (- ¡Están atravesando el portal!) y el rugido de otras flechas que parecían provenir de la orilla a la que nos estábamos acercando y que iban en sentido contrario a la primera. Alguien nos estaba ayudando. El corazón se me encogió y por un instante no supe cómo reaccionar. Entonces caí... Aquella podía ser mi única oportunidad para escapar de unos y de otros. Intenté no pensar en la mano y traté de lanzarme al agua pero Tánter volvió a retenerme.

- Han alcanzado a Dalinor. Danna, por favor. Tengo que dirigir la barca a la otra orilla. Allí nos esperan los refuerzos. No nos dejes ahora.

Oí cómo desgarraba un trozo de tela de sus ropas y me resistí cuando noté que me metía aquel suave tejido en la boca. Entonces, lo mordí con todas mis fuerzas al sentir un dolor cegador cuando partió la flecha que me había atravesado la mano, para sacármela rápidamente. Después escupí el trozo de tela y lo utilizó para vendarme la mano.

- Ya está. Ahora haz lo que te diga. Te necesitamos.

No tuve que pensármelo mucho. La verdad es que no me atraía la perspectiva de quedarme sin las respuestas a las preguntas que aún me quedaban por hacer. No sabía por qué pero en lo más hondo de mi ser sentía que sin ellos no podría sobrevivir en aquel mundo extraño. Además cada vez los gemidos de dolor se hacían más agonizantes y decidí acceder. No sería un estorbo. Esta vez sería de alguna utilidad.

- Escúchame. Esto no es un juego. –dijo atrapando mi cara entre sus manos sin dejarme desasirme- La flecha ha alcanzado al viejo Dalinor en un costado... - dijo haciendo el esfuerzo de pensar con claridad. – Pensé que el hechizo de invisibilidad de Oak sería suficiente. ¿No habrás tocado el agua?

- Sí, bueno, no sabía… ¿Hechizo de invisibilidad? ¿Oak? ¿Pero qué..?

- Da igual, no hay tiempo para explicaciones.

- Nunca hay tiempo para explicaciones. Dime entonces qué puedo hacer- pregunté al oír los lamentos de Dalinor.

- La orilla está cerca y allí nos esperan nuestros aliados... Sácale el trozo de flecha que se le ha quedado dentro. Está justo a tu lado.- me dijo apresuradamente.

- Nunca lo he hecho... Dime cómo... – le pedí nerviosa.

- Sólo agarra el extremo y ve sacándolo con cuidado para que no sufra demasiado- me indicó.

Asustada me acerqué al hombre. Con las manos localicé la cara y las fui deslizando rápidamente por su cuello y su pecho hasta llegar al costado izquierdo. Palpé las ropas húmedas por la sangre y el sudor. Al fin localicé la flecha. Estaba hecha de un material peculiar, extrañamente suave y en el extremo advertí la presencia de una pluma de ave. Seguí la dirección de la flecha hasta llegar a donde estaba incrustada. El hombre estaba inconsciente y su pulso era exageradamente lento. ¿Le habrían envenenado con aquella flecha? No tenía demasiado tiempo para pensar en aquello así que me decidí a poner fin a su agonía. Con la mano izquierda vendada presioné la zona en la que se introducía en la carne y con la derecha agarré la flecha. Fui tirando de ella con cuidado de que no se le desgarrara más la carne y se le quedara dentro la punta. Aquel hombre al que desconocía casi por completo se debatía entre la vida y la muerte ahogando gemidos y sollozos espeluznantes. El sudor resbalaba por mi frente y el pelo se me pegaba a la cara incomodándome. La cabeza de la flecha se resistía. Me empezaban a sudar las manos y el corazón me latía cada vez más deprisa. Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas al ver cada vez más lejana la posibilidad de salvarle la vida... Recé y supliqué con todas mis fuerzas. Me sentía sola, muy sola. ¡Tánter, ayúdame por favor! pensé angustiada pero no pude emitir ningún sonido. Sabía que Tánter estaba ocupado llevándonos hacia la orilla remando con todas sus fuerzas y algo me dijo que aquello debía hacerlo yo sola... Cerré los ojos con fuerza y entonces noté cómo la flecha iba saliendo cada vez más suave hasta que pude sacarla por completo. Me sobrevino un repentino momento de alivio que la áspera tos de Dalinor interrumpió. Intenté incorporarlo para que pudiera respirar mejor pues noté que se ahogaba. Toda su espalda estaba empapada en sudor frío. Le limpié la frente pasando suavemente mi mano por su cara. Me quité la capa y la extendí como pude para volver a tumbarlo. El silbido de las flechas surcando el cielo había cesado y la voz de Tánter volvió a sonar más tranquila:

- Sabía que lo conseguirías. Ya ha pasado el peligro y hemos llegado a la orilla- me dijo pausadamente.
Esbocé una sonrisa cansada, me sequé el sudor de la cara y me retiré el pelo recogiéndomelo en una coleta con la cuerda de la capa que me había quitado. La barca se tambaleó cuando Tánter se bajó chapoteando en el agua para encallarla. Yo me quedé junto a Dalinor para transmitirle algo de calor pues estaba tiritando de frío y le castañeteaban los dientes; a pesar de que la temperatura se había ido haciendo cada vez más suave. Pero aún así, me cogió la mano y me agradeció que le salvara la vida con un: “Gracias princesa”. Sin saber porqué noté que me fallaban las fuerzas y me desmayé.



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