
Poco antes de que amaneciera pude sentir la delicadeza de Kyra al despertarme:
- Danna, siento tener que despertarte tan pronto pero Oak nos quiere poner en marcha. Nos llevará unos cuantos días llegar a nuestro destino. Los soldados del Sur, aliados de la Oscuridad, han pasado por un sendero cercano e iban con dirección a Ciudad del Muro. Eso nos hace suponer que la batalla por el reino de Lux ha comenzado.- Aquello me sobresaltó y me devolvió a aquella realidad tan extraña en la que estaba enfrascada.- Pero antes tómate esto, la mañana va a ser larga.
- Gracias- dije colocando a tientas mis manos bajo lo que parecía un cuenco de madera. Después de saborear aquellas ricas gachas intenté darme ánimos a mí misma para proseguir mi camino pues en el fondo sabía que no tenía escapatoria. Y tras un breve suspiro agarré con decisión mi cayado para ponerme en pie. Mis compañeros me saludaron breve pero cariñosamente y Oak me ayudó a montar en la que sería mi nueva montura: Corlin, una preciosa yegua blanca criada en la Ciudad del Muro por el mismísimo Térbal, mi tío. Me costaba imaginarlo con una túnica y realizando difíciles hechizos con una varita como los de las películas infantiles. Me costaba creer que todo aquello estaba sucediendo en realidad.
-¿Cómo ha llegado hasta aquí?- pregunté curiosa.
-El viejo Térbal no ha perdido sus facultades. –Respondió Kyra con una sonrisa.
Y acostumbrada a ese tipo de respuestas tan insustanciales para mí, la dí por válida y alargué una mano para contactar con aquella piel tan robusta pero delicada a la vez. Al suave tacto de mis manos me respondió un suave relincho.
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El camino hacia la ciudad del Muro duró tres días en los que a penas paramos a descansar. Me dolía todo el cuerpo. Sentía como si me hubieran apaleado la espalda durante horas y las piernas no parecían pertenecer a mi cuerpo. Eran más de Corlin que mías. Es más, iba tan centrada en todo el entumecimiento que sentía en cada partícula de mi cuerpo, que no me percaté mucho de lo que pasaba a mi alrededor ni del paisaje que nos daba la bienvenida. Sin embargo, era agradable salir de la monotonía cuando llegaban a mís oidos el suave trino de los gorriones o los relinchos de los caballos que nos acompañaban. De repente, sentí un sentimiento de gran afecto y admiración por ellos. Cargaban con pesados cuerpos durante incontables y agotadores días sin otro premio que algunos cuidados y comida, y ahí estaban obedientes esperando a las órdenes de sus jinetes. Verdaderamente fantásticos. El aburrimiento caía como una losa sobre mí y me obligaba a rendirme al sueño durante largas horas de caminata. Apenas hacíamos paradas para descansar. Quizá la más larga fue cuando llegamos a un pequeño arroyo que era un indicio infalible de que estábamos muy cerca de nuestro objetivo, y dejamos que tanto caballos como jinetes descansaran y refrescaran sus gargantas. Yo apenas podía moverme pero Dalinor me ayudó a desmontar y a caminar hasta el arroyo. Cuando el arrullo del agua impregnó mis sentidos, Dalinor acercó sus enormes y ásperas manos en forma de cuenco hasta mis labios y bebí con ansia. Qué bendición. Se lo agradecí como si me hubiera salvado la vida y él se rió con ganas, como solía hacer. Aquello me reconfortó.
Después me explicó con todo detalle cómo afilar una espada con una piedra de agua. Era todo un entendido del tema. Me sorprendió no haber bostezado durante su charla, era como si aquellos personajes ejercieran una atracción sobre mí fascinándome con sus palabras, sus anécdotas… Al rato nos pusimos de nuevo en marcha tras las apremiantes órdenes de Oak. Parecía que a partir de entonces una amena charla nos ayudaría a sobreponernos al sopor del mediodía; pero entonces algo llamó la atención de Oak, que nos mandó callar inmediatamente. Aquella repentina tensión me había espabilado un poco y empecé a notar cómo mi cerebro luchaba por seguir en acción. Pensé en todo lo que me había ocurrido hasta entonces y seguía sin entenderlo del todo. Sin embargo, sabía que ya no podría salir de allí tan fácilmente. Tenía una tarea pendiente, algo útil que hacer. Por fin.
Entonces pensé en mi tío y en la cara que pondría cuando le contara todo aquello. ¿Qué estaría haciendo en aquellos momentos? ¿Se encontraría bien o lo habrían apresado aquellos siervos de la Oscuridad obligándole a descubrir mi paradero? Oak volvió a sorprenderme porque había seguido el hilo de mis pensamientos y me tranquilizó diciéndome que mi tío sabía cuidar de sí mismo mejor de lo que yo creía.
El hecho de que el trayecto trascurriera sin ningún percance nos tuvo a todos seriamente preocupados. Le transmití aquella preocupación a Kyra, con la que enseguida había cogido gran confianza, y ésta me respondió:
- Antes de la tormenta siempre hay un intranquilo período de calma, Danna. A las fuerzas de la Oscuridad no les interesa atacar todavía. Aún les faltan aliados pues saben que La Ciudad del Muro no es fácilmente quebrantable.
Aquello me tranquilizó un poco y saber que los tenía a ellos como guardianes, compañeros y amigos también me sirvió de ayuda; sin embargo, algo en mi interior me decía que llegaría el momento en que tuviera que enfrentarme sola al peligro y aquella idea me aterrorizaba pues yo sabía perfectamente que no estaba preparada. Entonces me acordé de Tánter. Él siempre había confiado en mis posibilidades y de alguna manera yo me había sentido más segura a su lado. Por eso, y sintiendo una enorme e inexplicable necesidad de saber cuando volvería a verle, pregunté de nuevo a Kyra con un deje de preocupación en la voz imposible de ocultar:
- Por cierto, ¿cómo sabremos si Tánter ha logrado su objetivo?
Kyra desvió su mirada al horizonte y respondió:
- Al segundo día de nuestra llegada a la Ciudad del Muro como mucho, Tánter deberá estar de vuelta con un mensaje de nuestros posibles aliados. De no ser así…- la voz de Kyra se endureció para evitar mostrar su desesperación- Perderíamos una gran ayuda y una gran esperanza.
- ¿Cuál es exactamente la misión de Tánter y por qué Oak no ha dejado que alguien lo acompañara?- pregunté.
- Oak es un gran sabio y todos confiamos y respetamos sus decisiones. Él decidió que Tánter era el más adecuado para llevar un mensaje de esperanza a los habitantes del bosque y pedirles así su participación en la batalla que se librará dentro de menos tiempo del que esperamos. Pero no me pidas que te revele el contenido exacto del mensaje porque lo desconozco. Sin embargo, lo que sí puedo decirte es que Tánter es Hijo del Bosque y conoce a la perfección cada rincón y sin ninguna duda es capaz de camuflarse y hacerse invisible para sus enemigos. Por eso se brindó para llevar a cabo esta misión solo, ya que si fuera acompañado sería mucho más fácil que los descubrieran y les resultaría mucho más difícil esconderse y salir con vida. Sin embargo, a Tánter le confiaron la misión de mantenerte a salvo hasta llegar a la Ciudad del Muro y se mostró inquieto al saber que te dejaría sola. Bueno, en realidad no estás tan sola. Todos nosotros estamos dispuestos a seguir la misión de Tánter y mantenerte viva, porque lo quieras o no, eres nuestra princesa y nuestra mayor esperanza.
- ¿Qué criaturas habitan el Bosque?- pregunté con curiosidad tratando de desviar un poco la conversación mientras jugueteaba con mi colgante al que sabía que tenía que mantenerlo conmigo y a salvo a toda costa porque desempeñaba un papel muy importante.
- En aquellas tierras habitan todo tipo de seres, desde animales hasta razas de increíble perfección como los elfos.- Viendo mi cara de incredulidad Kyra rió e insistió en la existencia de aquellos seres y el tono de su voz fue haciéndose cada vez más cálido de manera que pude percibir en ella el reconfortante abrazo de los recuerdos. En cierta manera, comenzaba a ser consciente de que pertenecía a aquel mundo y a sus seres tanto como ellos pertenecían a mí. Recordé a John y sus historias. Parecía como si hubiera sido el nexo entre este mundo y yo durante toda mi infancia. Le echaba de menos en aquel sitio tan nuevo para mí. Le necesitaba y me dolía profundamente el no saber si volvería a verle. -E incluso hay clanes de osos, lobos, ciervos y otros muchos animales con gran capacidad de raciocinio y una tremenda fuerza con los que antaño la raza humana pactó una alianza para ayudarse mutuamente. Confiamos en que la recuerden.
Aquella conversación me había absorbido de tal manera que cuando me quise dar cuenta habían frenado los caballos ante el ruido ensordecedor de las cascadas del paso de Waterfall.

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