Intro.

Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.

Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.

Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 6. Primeros Problemas.


-¡¡Ya hemos llegado!!- me anunció Kyra a voz en grito. -Oak y los demás están preparando las monturas para traspasar las cascadas. En cuanto atravesemos la capa de agua agárrate fuerte a tu caballo. Vamos a pasar por un desfiladero, sólo los más hábiles logran cruzarlo, hasta la puerta secreta cuyo emplazamiento conocen todos los habitantes de la ciudad, el gran Térbal y grandes magos como Oak, es decir aliados; pero que sólo puede ser atravesada si se descubre la contraseña que restringe el acceso.
Dicho esto noté cómo el tirón de la cuerda que unía a todas las monturas hacía moverse a mi yegua y pocos segundos después una trompa de agua me empapó por completo.

- Oak, ¿no puedes hacer nada para secarnos?- pregunté helada de frío pues al entrar en la gruta un viento gélido nos dio la bienvenida.

Ante mi pregunta el viejo mago se echó a reír y dijo:

- No creerás, Princesa, que mis poderes son infinitos, ¿verdad? Porque de ser así estarías muy equivocada.

Y tras aquellas irónicas palabras noté que mis ropas empezaban a secarse.

- Muy gracioso… Ya empezaba a creer que eras un mago de tres al cuarto.- Entonces las carcajadas del grupo reverberaron en las paredes de la gruta y provocaron el desprendimiento de algunas piedrecillas, por lo que enseguida nos callamos. Yo me agarré con más fuerza a las riendas y acaricié a Corlin temiendo que se asustara. Sin embargo, esto no ocurrió. Parecía que la atmósfera de aquel lugar no asustaba a los caballos, pues se mostraban tranquilos. Pronuncié en alto aquella apreciación y Flamer me respondió con su enérgica voz que el comportamiento de los caballos era normal porque pertenecían a aquel lugar. Habían sido criados en las inmensas praderas de Ciudad del Muro. Y reconocí que aquel lugar era especial. Eché de menos mis ojos para poder observar toda su belleza y no perderme ni un solo detalle pero debía conformarme con mis otros sentidos que me regalaban preciosos sonidos. Aquello era embaucador; pero a pesar de ello yo tenía que mantener la cabeza puesta en todo lo que debía hacer. No se trataba de una visita turística a un paraíso natural y desconocido, era algo mucho más serio y yo formaba parte de ello. Por mucho que me costara aceptarlo, Tánter tenía razón: nada en mi vida había sido normal y de alguna manera la existencia de Lux y de sus habitantes podía explicar muchas cosas. Seguiría adelante. Por lo menos hasta ver a mi tío.
Al llegar al desfiladero nos recibió una brisa invernal y el eco delataba todos nuestros movimientos e incluso las respiraciones. Debido a lo estrecha que era la senda por la que íbamos tuvimos que aprovechar un rellano para desmontar y poder guiar a nuestros caballos. Kyra me dijo que me pegara todo lo posible a la pared y que con el bastón intuyera la anchura del camino y evitara las piedras. Como pude seguí sus órdenes aunque con un nudo en la garganta que me impedía respirar. No quería ser yo la que estropeara todo antes de llegar a nuestro destino.
۞
Después de lo que a mí me parecieron intensos minutos, al fin llegamos a un espacio amplio en el que la oscuridad era total para crear mayor desconcierto en los aturdidos y cansados viajeros, según me dijo Kyra. Todo aquello no era más que una manera de incrementar la seguridad de la Ciudad. Por eso Oak tuvo que invocar a un espíritu del fuego para que nos iluminara.

- ¿Cómo hacen los habitantes de Ciudad del Muro para entrar?- pregunté movida por la curiosidad. Si tan difícil nos estaba resultando con la ayuda de un mago ¿Cómo se las apañaría la gente sin poderes?

- Ninguno de los aquí presentes procedemos de Ciudad del Muro- me respondió Dalinor- y siempre que hemos querido acceder a ella hemos tenido que pedir la contraseña a un mago consejero. Ellos conocen todas las contraseñas porque son los que las inventan. Tengo entendido que cuando se produce un cambio de contraseña se reúnen en Asamblea Secreta para comunicárselo entre ellos y facilitar las comunicaciones entre las distintas ciudades. Nunca ha habido ningún problema pero ahora es distinto porque corren tiempos muy difíciles y Arnias el Mago Desertor anda detrás de los otros magos para conseguir las contraseñas que le permitirán acceder a cada ciudad para someterla a su poder. Pero no te preocupes,- añadió al ver mi cara de preocupación- no es fácil encontrar a un mago consejero si éste no quiere dejarse ver.

Y dando por válida aquella respuesta Dalinor guardó silencio y sacó su piedra de afilar para poner a punto su espada.

- Siempre hay que tenerla a punto. Nunca se sabe cuando la vas a necesitar…- se rió el herrero.

Mientras tanto, Kyra y Flamer trataban de dominar al rebelde espíritu del Fuego para concentrarlo en un punto y que Oak lo pudiera utilizar para concentrarse en las escrituras grabadas en la piedra de la gruta. Según Oak el ritual para abrir la puerta no sólo consistía en pronunciar en alto la contraseña, sino que antes había que despertar a la roca leyendo las inscripciones que arañaban su superficie. La sucesión de sonidos me sirvieron para imaginar la escena. Podía ver al mago detenido ante un gran portal de piedra maciza que aparentemente estaba incrustado en la imponente pared de la gruta y por el que parecía imposible poder acceder a una de las ciudades más concurridas del reino de Lux y que tras un breve instante de interiorización comenzó a murmurar palabras en una lengua arcana imposible de comprender con una voz tan profunda como las raíces de un roble.
Me imaginé las caras de expectación de todos los que estábamos allí cruzando los dedos para que el mago lo hiciera todo correctamente. Aquello se nos escapaba, pero estábamos totalmente seguros de que el portal no tendría más remedio que abrirse ante aquellas palabras mágicas pronunciadas por un hombre para el que la magia apenas tenía secretos. Sin embargo, nada ocurrió. No oí ninguna piedra resquebrajándose ni ninguna enorme y pesada puerta abriéndose, lo que supuse que sería un pequeño contratiempo. Entonces oí como los demás se revolvían inquietos y comenzaban a murmurar entre ellos evitando desconcentrar a Oak. Sin embargo, Lingrow, el enano impaciente, se atrevió a cuestionar al mago con su voz gangosa:

- Oak todo esto es muy extraño. Ya debería haberse abierto. ¿¿Por qué no te hace caso??

El anciano tardó en responder:

-No lo sé, Lingrow y no creo que sea porque esté perdiendo facultades. Aquí hay algo muy raro…

- Quizá- se me ocurrió decir- hayan tenido una emboscada y por eso hayan cambiado la contraseña, para evitar que los intrusos los invadan…- Ante el silencio de mis compañeros me aventuré- ¿Cómo podemos estar seguros de que alguno de los magos consejeros que se señalaba como aliado no se ha cambiado de bando ante la amenaza de la expansión de las huestes de la Oscuridad?

Casi podía palpar el silencio tan rotundo que se hizo a mi alrededor cuando terminé de sugerir mi sospecha.

- La princesa puede estar en lo cierto Oak- opinó Dalinor.

- De ser así, mi princesa,- dijo Oak preocupado- tendremos que emplear más tiempo del que suponíamos en descifrar la nueva contraseña. Así que, sin más preámbulos me pondré manos a la obra. Vosotros mientras podéis descansar un poco.

Nada más decir aquello empezamos a deshacer nuestro modesto equipaje. Kyra y Lingrow ayudaron a Flamer a crear una hoguera encerrando al espíritu del Fuego en una jaula de piedras y aquello no pareció gustarle mucho al espíritu porque comenzó a crepitar furiosamente. Después de asegurarse que no saldría de allí Kyra se acercó al lugar donde me encontraba y comenzamos a desatar las alforjas. Fue en ese momento cuando decidí preguntarle algo que había estado dando vueltas desde que comenzamos la jornada:

- Kyra…

- Dime Danna- me dijo atentamente.

- ¿No hay otra forma de llegar a la Ciudad del Muro?

- No creo que tengamos que recurrir a esa opción. Estoy segura de que Oak logrará dar con la solución aunque le lleve algún tiempo.

Me quedé pensativa un rato.

- ¿Crees que ha podido empezar ya la batalla de la que tanto habéis murmurado estos días creyendo que yo no escuchaba?

- No, aún no.- Dijo con una nota de disculpa algo avergonzada en su voz. -Sin embargo, el ejército de la Oscuridad siempre ha estado dispuesto a sacrificar a algunos de sus hombres para debilitar al enemigo. Puede que antes del golpe final atente contra Ciudad del Muro para lograr conocer sus debilidades.

- ¿Quieres decir que la batalla decisiva se hará contra Ciudad del Muro y que de su éxito depende el futuro del Reino de Lux?

- Espero que no. O al menos ésa es mi esperanza. El reino de Lux, en sus orígenes tenía un único Señor, un joven humano que encontró el medio para acceder a estas tierras y que las amó enormemente, cuyo sentido de la justicia, de la entrega y del bien eran de sobra conocidos por los habitantes del Reino; por eso lo proclamaron Rey de Lux. Fue una época de plenitud, paz y desarrollo. El Rey se casó con una mujer de origen humilde y tuvo con ella siete hijos a los que vio crecer. Sin embargo, antes de morir, ideó un nuevo futuro para el Reino. Lo dividiría en Siete Ciudades y puso a sus hijos al frente de cada una de ellas y así se ha seguido la tradición hasta ahora. Así pues, el próspero y viejo reino de Lux se sustenta en las Siete Ciudades, cada una de ellas gobernada por un Señor, y de ellas la más destacada es la Ciudad del Muro porque fue allí donde se produjo la Traición de Arnias, hace dieciocho años, durante una Asamblea de Magos Consejeros que desencadenó una batalla que se ha prolongado en el tiempo hasta ahora. – Kyra me cogió de la mano y me llevó cerca de la hoguera que mantenían a raya Dalinor, Flamer y Lingrow, que seguía mascullando por lo bajo sobre la torpeza del mago. -Mi padre me contó que las malas lenguas forjaron una leyenda que se propagó por el reino como la pólvora y que fue la chispa que hizo estallar la desconfianza y la traición entre las distintas ciudades. Desde entonces las relaciones entre unas y otras no han sido muy buenas, como puedes imaginar, y se han tenido que mantener a través de débiles alianzas. Llevamos dieciocho años de inestabilidad y de temor por la codicia de Arnias y ya le falta muy poco para conseguir lo que está buscando que sin duda supondrá el fin de la existencia de nuestro Reino y por tanto la de las Siete Ciudades. Por eso es necesario que se reúnan en Asamblea los magos consejeros de cada ciudad con el fin de pactar La Alianza Definitiva para luchar contra aquellos que se han sublevado a la paz del Reino. Nosotros somos los acompañantes del Gran Oak en estos tiempos tan peligrosos. Él es el mago consejero de la Ciudad del Valle del Vaduin, conocida como Vállevad y hace menos de una semana fue reclamado por el gran Térbal para acudir a la Asamblea. Sin embargo, y el hecho de que estemos tardando tanto en llegar a Ciudad del Muro, nos indica que ya han podido capitular algunas ciudades del reino ante las huestes de la Oscuridad, contribuyendo en un complot para destruir a las otras ciudades y entre ellas a la que ahora nos dirigimos. Por eso debemos actuar con presteza para evitar perder aliados.

- ¿Y a qué mal nos enfrentamos? ¿Qué es lo que trama Arnias que le ha llevado tanto tiempo?

Kyra permaneció un rato en silencio como si estuviese eligiendo las palabras adecuadas; sin embargo, la voz que contestó a mi pregunta fue la del viejo Oak y estaba tintada de irreprimible amargura:

- La vieja profecía que hizo comenzar la batalla tiene un origen muy remoto en los anales del Reino. Cuando a la muerte del Primer Señor de Lux muchos años después de la de su querida esposa y nuestra amada Señora, su hijo pequeño, el más ambicioso de todos y el mejor conocedor de las envidias que se profesaban sus hermanos, ordenó a su mago consejero idear la forma en que hiciera reinar la confusión y el deseo de poder entre ellos. De esa manera aprovecharía las traiciones para hacerse con todos los Símbolos, ya que creía conocer dónde se encontraban, y así poder reinar como Sumo Soberano como hizo en su día su padre. El mago consejero conjuró a los elementos una noche de eclipse y pronunció una profecía que decía lo siguiente: “Aquel que se haga con el control de las Siete Ciudades se hará dueño y señor del Reino de Lux y su alma quedará ligada a la vida del Reino perdurando así eternamente.” Como puedes imaginarte esas palabras sólo podían traer problemas y todas o mejor dicho, casi todas las expectativas del pequeño de los Siete Hermanos se cumplieron. Muchos de ellos emprendieron acciones de guerra contra sus hermanos cegados por la codicia. Además, ésa era la excusa perfecta para poder conquistar las otras ciudades. Ambición que mostraban desde antes de la muerte de su Padre. Ninguno consiguió prosperar; pues la existencia de los Símbolos de sus hermanos les era desconocida. No pongas esa cara, Danna. Digo que no consiguieron prosperar porque no sabían qué reliquia les había legado su padre a sus otros hermanos. Cada Señor sólo conocía la forma de su reliquia. No la de sus hermanos; porque en su lecho de muerte su padre les llamó uno a uno y les prohibió vanagloriarse del poder de su Símbolo; pues eso, según él, no era propio de un buen Señor. Sin embargo, el pequeño de ellos siempre estuvo cerca de su padre convencido de poder sonsacarle algún tipo de información. Y así fue. En los últimos momentos, aprovechándose de la poca consciencia de su padre logró conocer la forma de dos símbolos. De esa manera todo era más fácil. Sin embargo, no todo estaba decidido, aún faltaban cuatro símbolos más. Por eso, puso a su mago consejero a trabajar y gracias a él consiguió saber que los Señores de las Ciudades habían confiado a sus respectivos magos consejeros la forma y el escondrijo de los Símbolos. Así, el Pequeño utilizó y torturó a los magos consejeros para hacerse con su preciado tesoro. Seguramente te preguntarás qué son las reliquias y cómo llegaron a manos de los Siete Hermanos. Pues verás, se trata de antiguos objetos que encierran la magia del Reino en sus distintas formas. Son Siete o eso creemos. El Símbolo del Sol que domina al astro rey a voluntad del poseedor para someter al Tiempo y al estado de la materia; el Símbolo del Agua que controla las aguas y a sus criaturas, el Símbolo de la Tierra que controla a los seres vegetales, a los animales terrestres y a las montañas y sus habitantes: los enanos y los espíritus de las profundidades, El temido Símbolo del Fuego que ejerce su poder sobre los volcanes y los fieros dragones, el Símbolo del Aire que domina a las aves, a los grifos, a los pegasos, a las hadas y a los temibles vientos, y por último, los dos más importantes y quizá menos valorados porque no mostraban su poder mágico, el Símbolo de la Luz que dota a su poseedor de la voluntad generosa, misericordiosa, valiente, decidida y sabia del buen soberano, el Símbolo de la Oscuridad que inunda el alma de ambición, celos, vanidad, ansias de poder y todo aquello que envuelve al alma en las sombras.
Los generosos y pacíficos habitantes de Lux se los ofrecieron al Primer Señor de Lux, su padre, su valiente y generoso líder, el ser humano que consiguió aunar a los pueblos y brindarles una paz durante todo su reinado. Con esos objetos mágicos, labrados por poderosos seres, concentró el poder en su persona y siendo consciente de los problemas que acarrearía su muerte, legó a cada uno de sus hijos una Reliquia, dividiendo así el poder del Reino en Siete Partes, Siete Hijos, Siete Ciudades que se mantendrían unidas hasta el fin de Lux. Así pues las Reliquias, también llamadas Símbolos fueron el principal objetivo de los ambiciosos Señores. El Mago Consejero del Joven Señor, el creador de la leyenda, comprendió el error que había cometido cuando vio la extensión del poder corrosivo de sus palabras. El reino de Lux estaba condenado a la extinción. Por ello se opuso a las crueles órdenes del joven Señor pero éste lo apresó y lo condenó a muerte. Antes de morir, curiosamente una noche de eclipse, pronunció una contraprofecía que sólo conoció el carcelero que le mantuvo encerrado hasta su ejecución. A pesar de la desesperación de los habitantes por la situación del Reino, sabían que no todo estaba perdido. Confiaban en aquella contraprofecía pero nadie parecía conocerla. Cuando creyeron que las oportunidades de devolver la paz al reino habían desaparecido todavía podían confiar en la cordura de uno de los Señores. El Cuarto Hijo hizo todo lo posible por conseguir devolver la paz a estas tierras. Muchos acudieron a él para refugiarse de la ira de los ambiciosos seguidores de los Señores. Y encontraron cobijo. Cuando la situación se volvió insostenible, convenció a algunos de sus hermanos para terminar con aquella locura; aunque para ello hiciera falta enfrentarse en batalla con su hermano pequeño y sus huestes. Tras un enfrentamiento que duró Siete Días con sus Siete Noches consiguieron derrotar al Séptimo Hijo; pero no tuvieron valor o quizá la misericordia los detuvo a la hora de acabar con su vida. Lo que importaba era que los Símbolos estaban a salvo. Al alba del octavo día se celebró la paz; aunque no duraría mucho. Los Señores de las Ciudades no lograron salir victoriosos ante la muerte y sus sucesores heredaron los Símbolos.

Entonces empecé a comprender y tras un momento de silencio decidí comentar una idea que me rondaba la cabeza.

- Y ahora ha vuelto a suceder ¿no? Ha comenzado una nueva batalla por los Símbolos. Es como un ciclo. Hasta que no se alce un nuevo y único Señor que posea todos los Símbolos no se restaurará la paz. Es el equilibrio.

Oak asintió con un vago sonido por el que supuse que estaba perdido en sus pensamientos. Finalmente, habló.

- Doscientos años después, un jovencísimo y prometedor mago se sumó a la búsqueda de los Símbolos. Como ves el legado del Séptimo Hijo no se extinguió junto con aquella profecía. Aún había seres convencidos de poder contener a todos los Símbolos y gobernar Lux eternamente a su antojo. Su nombre era Arnias. La leyenda le tenía totalmente obsesionado y dedicó toda su vida a conseguirlos. A pesar de su corta edad, fue elegido Mago Consejero de Riknor, tierra de volcanes y de dragones y utilizó todas sus artimañas para hacerse con el Símbolo de su débil Señor y erigirse en Nuevo Señor de Riknor sólo hasta que encontrara un Sucesor que le cubriera las espaldas y le proporcionara nuevas ideas para hacerse con el poder. Él se había convertido en el nuevo líder de la búsqueda de los Símbolos y muchos lo siguieron con tal de poder sacar algún beneficio. Con él comenzó una nueva era de masacres y tinieblas. Recorrió las tierras del reino a lomos de una bestia alada oscura como la noche y tras una búsqueda intensiva logró dar con el último descendiente del Séptimo Hijo: Rodgorod, tan obsesionado por la Leyenda como el mago. Al parecer desde muy joven había planeado una venganza terrible para con los que impidieron que el Séptimo Hijo se hiciera con el poder. Encontró en Arnias al fiel y consejero amigo que nunca había tenido y le confió todos sus planes. El mago lo tomó como su Señor y le nombró ante sus huestes su heredero, Señor de Riknor; por lo que, como puedes suponer, también era poseedor de uno de los Símbolos. Siempre bajo los consejos de Arnias, Rodgorod cometió locuras ansiando la eternidad, acogiendo a todos aquellos que pensaran como él para que lucharan para luego hacerse con altos cargos en el Nuevo Reino. Creó miles de hordas que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso con la esperanza de que su Señor les recompensara; sin embargo, ninguno de ellos recibió lo que merecía y eso se volvió en contra de Rodgorod. Sus espeluznantes hazañas pronto llegaron a los oídos de los Señores de las otras ciudades que eran poseedores de los Seis Símbolos restantes; claro que tales objetos no eran de fácil acceso, como ya sabes. Sólo conocían su existencia los Señores. Temiendo por su vida y por la hasta entonces pacífica existencia de Lux, éstos confesaron sus secretos a sus consejeros: los magos o bien a sus hijos y herederos.
A pesar de todo, Arnias consiguió sobrevivir al amotinamiento pero nadie supo nada de él. Muchos dicen que huyó a las Tierras del Norte y que siguió planeando hacerse con los Siete Símbolos. Sólo que esta vez las cosas serían más complicadas. Los magos somos consejeros de nuestras respectivas ciudades y tenemos una gran longevidad, pero no somos eternos. Por eso, viendo que su tiempo se agotaba, realizó conjuros por los que ha sido despreciado por todos los magos, que le permitieron ir alargando su existencia. Los que lo han visto afirman que se ha convertido en un espectro. Otros aldeanos afirman que el duro invierno no tuvo piedad de él. Por otro lado, la malograda descendencia de Rodgorod fue desterrada y condenada a vivir a expensas de la merced de los aldeanos. Gracias a una buena familia consiguieron trabajo en una granja y avergonzados por su reputación nunca intentaron hacerse con el poder. A pesar de todo, creemos que uno de sus descendientes ha decidido reclamar su derecho legítimo al trono de Riknor, y ha elegido este mismo momento. También estamos casi seguros de que el espectro de Arnias está detrás de todo esto. La historia se repite. –se le hizo un nudo en la garganta. Ni en mis peores pesadillas podía imaginar que los magos se pudieran deprimir o entristecer. Si yo conociera los secretos más recónditos de la Tierra sería la persona más feliz de la tierra.- Precisamente por conocer los secretos de la Tierra, Danna, nos sentimos infelices al ser testigos de cómo algunos seres despiadados se empeñan en destruirla.- No cabía duda: Oak era capaz de leerme el pensamiento y no era la primera vez que lo hacía.

- ¡¡Oak, alguien viene!!- la potente voz de Dalinor sacó al viejo mago de su embelesamiento que con gran energía dijo:

- ¡Todos a vuestras armas!- y acercándose a mí me llevó hasta Corlin y susurró unas extrañas palabras tras las que una especie de manta invisible me envolvió – Esta es la protección que te puedo dar ahora Danna. No te muevas. No temas nada, ellos no te verán.

Dicho aquello sacó su enorme bastón. El enorme y repentino silencio que se acababa de producir sólo se veía interrumpido por las agitadas respiraciones de mis compañeros, pero al poco rato, el eco de unas pisadas se hizo cada vez más intenso. Me acurruqué todo lo que pude en aquella manta para pasar lo más desapercibida posible. Entonces, pude oír cómo Kyra sacaba lentamente su espada mientras se colocaba delante de mí y me susurraba:

-Yo te protegeré Danna. Pase lo que pase.

La casi inaudible voz de Oak dijo con calma:

- No ataquéis todavía. Esperad a mi señal. La oscuridad juega a nuestro favor: es nuestro factor sorpresa.

Las pisadas se hacían cada vez más sonoras cuando Kyra desgarró el silencio gritando:

- ¡Tánter!

El corazón me dio un vuelco. Intenté desesperadamente desenredarme para ir allí junto a mi amigo; pero Oak me dio un aviso con el bastón que me dejó el brazo derecho dolorido. Entonces comprendí que aún no estaba a salvo. La débil voz de Tánter me hizo temer lo peor: - ¿Dónde está Danna?

¿Y si lo habían herido gravemente? La simple idea de quedarme sola me hizo estremecer pues sabía que sin él en aquel mundo me sentiría aún más sola de lo que ya estaba. Aún así, había gente que daría su vida por mí y eso fue lo que me hizo permanecer callada y sin apenas respirar.

- Danna está a salvo, Tánter- dijo Kyra con la voz quebrada y algo llorosa.

- Oak .., llevé el mensaje como me dijiste y los pocos clanes que han sobrevivido a los duros ataques de Yenco, se unirán con nosotros en poco tiempo.- dijo Tánter con verdadera dificultad para respirar.- Pero cuando iba a preparar a Owl para regresar, nos atacaron y temí que ya os hubieran encontrado y … Quizá me hayan seguido hasta aquí… Arnias está con ellos. Su poder es mayor del que tuvo antaño.

-Tánter, resiste…- lloraba Kyra- ¿Podrás salvarlo Oak?

- Haré lo que pueda hijo- respondió Oak llevando a Tánter al rincón donde yo estaba.- Por el momento quédate aquí. Danna está contigo, camuflada bajo la manta.

Entonces noté como Tánter se acercaba a mí intentando protegerme con su brazo.

- Temía no volver a verte nunca más.- me dijo suavemente.

Suponía que no podía verme pero se me dibujó una gran sonrisa en la cara y una oleada de alivio me inundó.

- ¿Estás muy herido, Tánter?- pregunté con un hilillo de voz.

- No, tranquila princesa. Creo que aún me puedo valer por mí mismo. Sin embargo, creo que necesitaré que Oak me haga unos apañitos.

Me reí. Su inagotable optimismo estaba intacto. No se lo habían arrebatado y nunca lo conseguirían. Mientras yo recuperaba mi alegría por volver a tener a mi amigo, mis guardianes habían vuelto a sus puestos. Oak seguía probando con extrañas palabras para abrir la puerta. Kyra y Flamer corrían hacia la entrada de la gruta para vigilar, Dalinor afilaba algunas de las armas que habíamos llevado y Lingrow avivaba el fuego. Supuse que en momentos como éste le gustaba tener algo que hacer aunque ponerse a preparar la comida para el viaje no me parecía lo más a propiado. A juzgar por el olorcillo que desprendía aquello, podría decir que se trataba de algún pescado que había cazado en el río Vaduin antes de que nos conociéramos. Tánter se levantó con gran esfuerzo y omitiendo mis quejas se dirigió hacia donde estaba Oak para transmitirle algún tipo de información. Sin embargo, aquella tranquilidad no iba a durar mucho más. El mago exclamó:

- ¡Chico, ésa es la nueva contraseña! Seguramente Térbal se la haya proporcionado a los habitantes del Bosque. Esto nos ahorrará algún tiempo aunque ya hemos perdido bastante.- Así que dijo sin más demora:- RIKNOR-. De repente se oyó un crujido que resonó por toda la cueva. La puerta comenzaba a abrirse cuando el eco de cientos de guerreros llegó hasta nosotros.

- ¡¡Me han seguido hasta aquí!!- gritó Tánter aterrado.

Oí el furioso frú frú de la capa de Oak a medida que corría, increíblemente rápido para su edad, hacia la entrada de la gruta por la que, sin duda, entrarían nuestros enemigos y pronunciando lo que parecía un hechizo provocó el derrumbamiento de unas rocas que taponaron la entrada con ensordecedor estruendo.

- Esto nos proporcionará un tiempo de ventaja- gritó Oak, orgulloso de que su magia hubiese funcionado una vez más.- Flamer, montad en los caballos y coged lo imprescindible. Lingrow, apaga la hoguera y no dejes ni rastro. Yo me encargo de Danna. Kyra, tú coge a Tánter.

Con hercúlea fuerza el anciano me quitó la manta, me elevó y me acomodó en el lomo de Corlin volviendo a cubrirme. En poco tiempo ya estábamos cruzando la puerta que se cerró con un golpe tras nosotros.

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