Intro.

Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.

Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.

Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 9. El Final.



El recorrido hasta Riknor me había dejado exhausta. No estaba acostumbrada a volar durante tantas horas, sin embargo el colgante parecía dosificar mi energía. Durante mi reclusión voluntaria había aprendido a utilizarlo. Como ya había experimentado tiempo atrás, el colgante canalizaba la energía procedente de mis sentimientos y era especialmente potente cuando la rabia, el odio, la frustración y el deseo de venganza me invadían. Sin embargo, para mi sorpresa, antes de partir, en un último momento de reflexión, había comprobado que mi amor por Tánter era tanto o más potente. Y siempre había estado latente en mi corazón y ya era hora de dejar salir todo aquello que sentía por él. Recuerdo haber lanzado una última mirada a la Sala de Armas reviviendo aquel momento junto a Tánter, entonces una oleada de intenso cariño me inundó y sentí cómo el colgante volvía a arder pero de un modo diferente a como lo había hecho en otras ocasiones. Ahora su fuente de energía era otra pero su poder era diferente. Alcé los brazos al cielo y el colgante empezó a absorber toda esa nueva energía que me había proporcionado Tánter. Y cuando ya no cabía más explotó. Fue impresionante. Un rayo de luz electrizante se movía entre mis manos esperando a que yo lo dirigiera hacia un objetivo. Me di la vuelta hacia donde sabía se encontraban las armaduras de legendarios guerreros y solté aquel rayo de luz. La explosión fue extraordinaria. Todo el metal saltó por los aires convertido en metralla que pude controlar a mi antojo.
Por eso debía mantenerme concentrada. Debía controlar ese poder porque si se descontrolaba tendría consecuencias más allá de Arnias. Tendría cuidado.

Me encontré con Oak y Kyra en un bosque esquilmado en las inmediaciones de la Torre de Riknor. Oak me hizo un hechizo de invisibilidad para pasar desapercibida.

- Tú eres nuestra baza ganadora, Danna. Nadie debe saber que estás aquí.

- Pero Arnias lo sospechará.

- Contamos con ello pero no podemos hacer nada al respecto. Arnias espera que vayas a salvar a Tánter. Lo único que nos queda es esperar que funcione. Además, estoy seguro de que Arnias querrá disfrutar de su triunfo a solas. Habrá mandado a su ejército a someter los últimos reductos de esperanza. O quizá les haya mentido diciéndoles que hay más símbolos esparcidos por estas tierras.

- ¿Y eso es mentir?- pregunté.

En ese momento necesitaba tener todos los sentidos a punto y logré una transformación inversa incompleta. La visión de las águilas me permitió ver el paisaje desolador que se extendía ante nosotros. Se trataba de una caldera hirviente. Miles de hectáreas de suelo volcánico nos daban la bienvenida a esa tierra de dragones. Había formaciones rocosas con el aspecto de fieros dragones petrificados por el encantamiento de un gran hechicero, que a pesar de su inmovilidad impresionaban igual que si estuvieran vivos y lanzaran llamaradas por los dilatados ollares. En el horizonte, rodeándonos, se perfilaba la silueta de cientos de volcanes humeantes preparados para entrar en erupción en cualquier momento. La densidad del aire parecía mucho mayor al empaparse con los vapores de azufre. La atmósfera se había vuelto de un color rojizo que no auguraba nada bueno y parecía ser un presagio de las muertes que aún quedaban por producirse. Y en medio de aquella desolación se alzaba negra como la noche la Torre de Riknor también conocida como la Torre del Destino, que parecía querer tocar el cielo. Su aspecto siniestro encajaba a la perfección con aquel lugar sombrío.
Oak creó una especie de aura de protección a nuestro alrededor, aunque probablemente aquel exceso de magia llamara la atención de los habitantes de Riknor. Sin embargo, Arnias había dejado desprotegido aquel lugar mandando a sus secuaces a por el Octavo Símbolo y a otros a someter los últimos reductos de Lux. Sería fácil llegar hasta él. O al menos eso pensamos. Intentamos ser lo más cautelosos y sigilosos posible pero fue inevitable ser descubiertos por un grupo de rockers según me dijo Kyra. Seres que se alimentaban de los desechos de los volcanes y cuyo aspecto era el de simples rocas. No eran muy inteligentes y acabar con ellos no le resultó muy difícil a Oak. Logró un espectacular hechizo de incandescencia que hizo hervir a los rockers hasta quedar reducidos a una masa viscosa de olivino y hierro. Oak no me dejó intervenir para evitar ser descubierta y de nuevo sentí esa sensación de inutilidad, pero en el fondo sabía que no duraría mucho. Siguieron enfrentándose a pequeños núcleos de orcos, trasgos, rockers, enanos de las minas de metales y otras criaturas que hacían del magma su principal alimento y que parecían salir de distintas cuevas cavadas a los pies de los volcanes que se enfurecían poco a poco. Los esquilmaron sin grandes esfuerzos hasta llegar a las formaciones rocosas con forma de dragón que parecían custodiar la torre. Oak me indicó que me escondiera tras una de ellas, a pesar de que seguía siendo invisible. Entonces, un escalofrío me recorrió la espalda cuando el viento viciado de repugnante olor de sangre de orco nos trajo desde lo alto de la torre una risa espeluznante y unos aplausos:

- ¡Bien hecho chicos! He de admitir que me he divertido mucho viéndoos acabar con la mayoría de mis criaturas pero aún debéis enfrentaros a mi tesoro más preciado.

Kyra me indicó con un movimiento apenas perceptible que me ocultara todo lo posible de la vista de Arnias.

- No me sorprendería que acabáramos también con él.- espetó Oak.

- Ándate con cuidado y no cantes victoria con tanta facilidad. Más vale que no infravalores a mis mascotas.

- ¿Nos vas a lanzar a los leones?

- ¡Ya puede ser el fin del mundo que tú seguirás con tu humor! No, viejo amigo, leones no. Pero ¿qué te parece un buen dragón?

- ¿Dragón? - preguntó Kyra con una nota de evidente terror en su voz. Se volvió hacia Oak y le dijo- Ningún humano ha logrado enfrentarse a esas criaturas legendarias.

- Entonces quizá ésta sea nuestra oportunidad de cambiarlo. Y si no fuera así por lo menos tenemos que distraerlo.

- Oak y yo nos enfrentaremos al dragón.- me susurró Kyra sin apenas moverse de su sitio.

- No puedo dejaros solos- susurré desesperada. No podía hacerles eso.

- Tú debes buscar a Tánter.

- ¿Y si fracaso?

- Confiamos en ti.

- Y ¿cómo lo hago? ¡Arnias está ahí también!

- Nosotros lo distraeremos para darte unos minutos de ventaja. Oak renovará el hechizo de invisibilidad. Parece que le ha pasado inadvertido a Arnias pero no sé si resistirá mucho más. Quizá una vez entres en la torre, la magia de Oak quede anulada. Por lo menos nadie más te molestará en el camino a la torre. Sal a mi señal.

Aquellas palabras de Kyra dieron paso a un intenso silencio que pareció prolongarse en el tiempo hasta que Arnias alzó al cielo un extraño objeto a penas visible desde tanta altura y comenzó a hablar en una lengua siseante que no logré descifrar. Entonces un haz de luz procedente del objeto incidió con tremenda fuerza en una de las formaciones rocosas con forma de dragón. ¿Cómo no había caído antes? Aquello me había parecido muy extraño pero nunca lo hubiera interpretado de ese modo.
La roca comenzó a resquebrajarse y debajo de todo aquel amasijo de rocas aparecieron las relucientes escamas de un enorme dragón de piel rojiza acorde con el color de aquella tierra. Era como si hubiese estado deseando salir de aquella armadura durante todo el tiempo en el que había estado envuelto en la roca. El dragón pareció intuir mi presencia de algún modo pero sólo pudo intuirla. Nos dirigió una mirada amarillenta que me hizo retroceder en el tiempo hasta el día en el que por primera vez me encontraba cara a cara con los enemigos de Lux.
El dragón lanzó una llamarada como antecedente de la posterior descarga de su furia. Aquello hizo reaccionar a Kyra que parecía haberse quedado petrificada ante la magnificencia de la criatura, y me hizo la señal que yo había estado esperando.
Salí disparada hacia la Torre que carecía de protección y estudié las maneras de entrar. No había posibilidad de entrar allí. La oscuridad se iba cerniendo sobre Riknor y cada vez mis amigos estaban más debilitados.
Entonces un enorme estruendo y una explosión hicieron desprenderse unas piedras de la fachada de la torre. Comprendí que algo no iba bien pero no pude adivinar que pasaba en la sala en la que Arnias mantenía a Tánter encerrado. Hubo un destello cegador que pareció iluminar todo Riknor y un grito de desesperación. Luego silencio. Un ruido chirriante me hizo suponer que una puerta de metal se había abierto en el último piso de la torre. Entonces las otras formaciones rocosas con forma de dragón empezaron a resquebrajarse y enseguida entendí la causa que las llevaba a despertar a los dragones que dormían. El eclipse. El rojizo sol que alumbraba aquellas tierras malignas estaba ahora oculto por una enorme luna. El eclipse no era casual y era la señal que la oscuridad esperaba para proclamarse sobre el Reino de Lux. Para entonces los dragones habían despertado de su sueño de piedra y ya batían alas hacia la fortaleza.

- Por fin ha llegado el momento, mis magníficas criaturas y juntos reinaremos eternamente en el Reino de Arnias.- la voz del mago se había vuelto más aterradora que nunca y eso me hizo temer lo peor. ¿Habrían encontrado sus secuaces aquel famoso Octavo Símbolo? ¿Habríamos estado equivocados al pensar que Tánter pudiera ser ese símbolo? Sentí el corazón golpear tan fuerte en mi pecho que temí que se fuera a salir en cualquier momento.

- Veo que todavía no os habéis rendido al poder de mi dragón, ¿eh? Bueno, no duraréis mucho más. Ahora si me disculpáis, tengo un importantísimo asunto que tratar.

Tras aquello Arnias saltó sobre uno de sus dragones con una inimaginable destreza y con un hechizo de levitación transportó un bulto inerte a otro de los dragones que cargó con ello sin apenas esfuerzo.

- ¡Tánter!- grité sin poder contenerme. Comprendí el enorme error que había cometido porque el mago me localizó sin problemas y tras una risotada escalofriante envió a unos cuantos dragones a por mí. Pensé algo aliviada que el hechizo de invisibilidad no les permitiría verme pero estaba totalmente equivocada. Arnias había desecho el hechizo y los dragones me tenían como objetivo a matar. Tras unos instantes de shock logré reponerme. Vi que aquellas bestias aladas se lanzaban hacia mí en picado. Agarré con fuerza el colgante y traté de concentrarme a pesar del miedo que me tenía presa. ¿Por qué no funcionaba? Desde que había llegado a Riknor a penas había sentido la presencia del colgante pero pensaba que se trataba de un reflejo de mi estado de ánimo; pero ahora comprendía que en aquel lugar todos los seres nacidos de la Luz se apagaban. Intenté llamar a las Águilas pero no lograba comunicarme nítidamente con ellas. Abrí los ojos y vi a los dragones a escasos metros de mí. Me resignaba a ser una presa fácil así que corrí con todas mis fuerzas concentrándome en contactar con mis hermanas. Necesitábamos ayuda. Me horrorizaba pensar en ello pero Tánter necesitaba ayuda o quizá… No. La idea de que estuviera.., muerto… Era insoportable. Pero no podía ser. La barrera que había tratado de construir para retener el miedo se desmoronaba por completo y de nuevo me sentí impotente. Necesitaba aferrarme a la intuición de que Tánter siguiera con vida. Arnias lo necesitaba como anzuelo. Yo había sido el objetivo de Arnias desde el principio por lo que había posibilidades de que Tánter estuviera vivo. Aquel pensamiento surtió efecto. Con una renovada energía traté de canalizarla y realizar una transformación incompleta para la que no requería demasiada energía. Noté la desagradable sensación de cómo se me desgarraban la carne y la piel de la espalda para dar paso a dos enormes alas pardas. Y sin pensarlo me elevé en el aire. Escuché los gruñidos furiosos de los dragones que aceleraron su vuelo para darme alcance. Agradecí poder cortar el aire viciado de aquel lugar y me dirigí hacia donde se encontraban Kyra y Oak para ponerlos en lugar seguro o de lo contrario moriríamos todos.

- Nosotros te seguiremos a pie, Danna.

- ¡No! Si os pasara algo a vosotros no me lo perdonaría. Además soy consciente de que os necesito vivos. Tenéis que alertar de nuevo a aquellos que estén dispuestos a dar un último grito de guerra por Lux. Debéis recuperar la Luz que os pertenece. Someted a los dragones y reconquistad las tierras que os han sido arrebatadas. Yo tengo un asunto pendiente con Arnias.

- ¡Espera Danna!

Pero yo ya había echado a volar. No sabía qué dirección tomar. No tenía ni idea de a qué lugar debía dirigirme pero tuve un presentimiento. Noté un pinchazo en el corazón y supe que si no me daba prisa la paciencia de Arnias llegaría a su límite y Tánter lo pagaría muy caro. Si le sucediera algo no me lo perdonaría jamás.
Penetré en la estancia circular y lo primero que llamó mi atención fue el altar en el que yacía Tánter amordazado. Me sentí tremendamente aliviada al verle. Si estuviera muerto no lo habría atado al marmóreo altar. Por un momento deseé abrazarle y besarle con todo el ardor que me envolvía cuando estaba junto a él. Me contuve. Intenté pensar fríamente. Aquella sería la última vez que viera a Arnias porque lo mataría. O al menos le pondría las cosas difíciles.

- Reconsidera tus opciones princesita.

Me tomé mi tiempo. Mientras yo siguiera en mente de Arnias, Tánter tendría oportunidad de salir de allí con vida. Analicé todo lo que me rodeaba. Entonces recordé.

- Vamos Danna no te hagas de rogar. Simplemente déjate llevar. Haz lo que te digo y aún tendrás una última oportunidad de salir con vida. Es cierto que cambiará el panorama pero te doy la oportunidad de servirme. Únete a mí. Sólo tienes que entregarme el símbolo o tu amor morirá. Es fácil. Ya lo han hecho otros antes que tú pero a ellos no les di la oportunidad que te estoy ofreciendo. Sólo tienes que revelarme el funcionamiento de ese Símbolo para que sea plenamente mío. Te aseguro que ya no tengo tanta paciencia como antes.

De las manos del viejo salió un haz de luz que impactó directamente sobre Tánter que se estremeció y convulsionó de manera dolorosa incluso para mí. Sentí su dolor como si fuera mío. Desenvainé la espada y me tiré hacia mi enemigo. Dejé que la rabia volviera a fluir dentro de mí. Sabía que una simple espada no nos salvaría pero era lo único que podría darle tiempo a Tánter. Con una carcajada Arnias hizo aparecer de la nada una espada y se dispuso a hacerme frente como si de un juego de niños se tratara. Cuando llegué a su altura descargué la espada con todas mis fuerzas y los dos metales se encontraron. Un chillido de angustia salió de mi garganta quemándome y volví a arremeter. Mi frustración era cada vez mayor porque mi oponente era inquebrantable. De aquella manera no lograría vencerle nunca. Tendría que hacer uso de los Símbolos. ¿Pero cómo? Hice acopio de todas mis fuerzas y lancé mi espada lo más lejos posible. La otra la siguió veloz y yo aproveché aquel momento para echar a correr hacia Tánter. Cuando llegué a su lado lo encontré desfallecido y con los ojos anegados de lágrimas. Le acaricié con ternura. No me importaba morir junto a él pero no lo haría sin repetirle todo lo que significaba para mí. Le susurré al oído esforzándome por no oír las palabras de Arnias que antecedían a otra de esas descargas de energía. Le besé como no lo había hecho antes tratando de darle la vida que le faltaba y noté cómo utilizaba la poca energía que le quedaba para responder a mi beso. Deseé haberle reconocido antes y haber admitido desde el principio todo lo que él me hacía sentir. Perdida en sus labios esperé que otro de esos rayos acabara con nuestras vidas. Apreté los ojos y cubrí con mi cuerpo el cuerpo de Tánter. Mi propio cuerpo. Dos cuerpos en uno solo. Entonces una descarga de energía nos sacudió dolorosamente. En nuestra agonía pude oír las carcajadas de Arnias. Sin duda aquello le estaba resultando enormemente satisfactorio. Cuando el dolor cesó traté de incorporarme.

- ¿Por qué no te rindes ya niñata? Dame el Símbolo.

Sentía el cuerpo inerte de Tánter a mi lado y traté de llegar a su cara.

Mi cuerpo no me respondía pero entre jadeos logré decir:

- Tánter, mi amor. No me dejes por favor. Te necesito a mi lado. No…

Entonces ocurrió lo que yo había estado esperando. Un nuevo rayo nos atravesó a los dos. Nos convulsionamos. Sentí aquella electrizante energía oscura penetrar en cada célula de mi cuerpo. Lancé un alarido porque nos abrasaba y el dolor de cada uno era el dolor del otro. No oía a Tánter pero sabía que estaba junto a mí. Pensé que me derrumbaría en cualquier momento y todo se acabaría; así que me abandoné a aquella sensación de vacío. Pero no terminó como yo estaba convencida de que terminaría. Para mi sorpresa noté cómo toda esa energía oscura que me abrasaba se unía a una nueva energía cuya procedencia desconocía. Entonces comprendí. “Te pertenezco”. Esperé a que se fusionaran en una sola y tomaran forma dentro de mí y cuando supe que había llegado el momento la dejé salir. Tánter me había dado hasta la última gota de su energía para que se cumpliera la contraprofecía que Arnias no había logrado descifrar. Él era el Símbolo que resurgiría en tiempos de Oscuridad para unirse a los otros y me pertenecía a mí. Siempre lo había hecho. Y allí estaban los otros símbolos cediéndome parte de su poder para acabar con Arnias y su reinado de codicia, muerte y destrucción.
Antes de desfallecer pude notar cómo mi propio cuerpo canalizaba la inmensa energía de los Símbolos y cómo la dejaba salir de manera mortal cuando ya no era capaz de almacenarla. Intenté omitir el dolor para asistir a los últimos momentos de Arnias, el ser más despiadado y el mayor enemigo de Lux. Cuando la energía de los Símbolos lo atravesó, lanzó un alarido triunfal por haber podido saborear al fin el poder de todos ellos. Pero en seguida se tornó en un grito de dolor. No sé qué vieron sus ojos el último instante de su vida pero debió de ser aterrador porque su cara delataba un miedo profundo. Entonces, todo su cuerpo empezó a convulsionarse y cayó al suelo. Los Símbolos no cedían. Eran una fuente inagotable. Aquel ser que luchaba por aferrarse a la vida se me antojaba un ser indefenso. Se arrastró por el suelo hasta situarse frente a mí y con una mueca de intenso dolor se desvaneció como absorbido por los Símbolos. Después, silencio.
Cuando desperté de aquella pesadilla y encontré a Tánter a mi lado, lo mecí entre mis brazos. No había consuelo. No podía haberlo. Todo lo que había amado me había abandonado. Besé sus labios inanimados con la esperanza de devolverle la vida pero nada cambiaría. Se había ido. Y con él mis ganas de seguir viviendo. Deseé que me llevaran los Símbolos al igual que habían hecho con Arnias porque no había consuelo. Tánter había muerto para salvarme a mí y para salvar a Lux. Lo había logrado.
Me transformé de nuevo en águila y cogí su cuerpo con mis garras. Aquel fue nuestro primer y último vuelo. No sé cuantos días volé sin descanso. Aterida llegué a Ciudad del Muro. Allí encontré a Kyra y a Oak que salieron a nuestro encuentro con los supervivientes de la Batalla Final. Al vernos se abrazaron con alegría contenida y nos recibieron con vítores apagados. Los estragos de tantos años de lucha eran evidentes. No me sentí con fuerzas para mirarles a los ojos a pesar de que todo había terminado. Así que, planeé hasta el balcón que había sido testigo de mi primera transformación y una vez en aquella sala deposité a Tánter en la alcoba. Me transformé en humana pero me concedí mirar por última vez a mi amor, mi único amor. Kyra y Oak me encontraron y tras fundirnos en un abrazo silencioso, engalanamos la sala para dedicarle un último adiós al Príncipe de los Elfos, al Último Símbolo.




Ya han transcurrido cinco años desde la muerte de Tánter y he querido narrar mi historia, nuestra historia. Sé que es lo mínimo que puedo hacer por él.
Los Símbolos han sido destruidos y la Luz vuelve a inundar estas tierras.
Soy, Danna Dama de las Águilas y Señora de Ciudad del Muro y lo seré hasta el fin de mis días.

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