Intro.

Mi nombre era Julia Evans. Un nombre corriente para una chica de diecisiete años que vivía con su tío Albert en una modesta casita en un pueblecito a las afueras de Londres, que iba al instituto de la ciudad de Herdfhorshire, quedaba con sus amigos para hacer los deberes y sacaba unas notas bastante buenas, modestia a parte. Los viernes por la tarde iba de compras con sus mejores amigas: Alice y Linda y por la noche salían al pub con John, su mejor amigo desde antes de que tuviera uso de razón.

Te preguntarás qué tiene esto de especial y te puedo asegurar que nada. Sin embargo, cuando menos te lo esperas tu vida da un giro radical y comienzas a comprender lo que el destino tiene preparado para ti por insignificante que te creas.

Te diré que mi nombre es Danna, que siempre lo ha sido y siempre lo será.

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 7. Ciudad del Muro.


Seguía aferrada a las riendas de mi yegua que estaba pastando tranquilamente, cuando Oak se acercó con su caballo y me acarició el brazo:

- Por el momento estamos a salvo, princesa.

Tardé unos segundos en reaccionar, pero poco a poco me fui recobrando de aquel susto al que nunca antes me había expuesto.

- ¿Y Tánter? ¿Está vivo?- pregunté sobresaltada.

Oak tardó en contestar porque me condujo hacia el lugar donde Tánter yacía dormido. El mago me dijo que habían improvisado una camilla para que pudiera descansar. Eso me hizo suponer que me había quedado dormida el rato suficiente como para que les diera tiempo a preparar los materiales. O quizá hubiera sido obra del mago.

Oak me bajó del caballo y me dirigió al lugar donde se encontraba mi amigo.

- Aquí está Danna, Tánter. No deja de preguntar por ti así que te dejo que la pongas al día sobre tu estado pero no dejes que te dé mucho la vara. Necesitas descansar.- Y una vez dicho esto oí cómo el viejo se alejaba para dejarnos algo de intimidad.
No pude apreciar la mirada de Oak y su entonación cargada de segundas intenciones; pero éstos provocaron la frágil risa de Tánter. Entonces como movida por un impulso más fuerte del que hubiera querido hacer gala, bajé hasta la altura de su cuerpo tumbado boca arriba y le di un abrazo tan fuerte que el dolor de las heridas le hizo dar una leve sacudida.

- ¿¿Cómo te encuentras??- pregunté retirándome lo más rápido posible para no provocarle más dolor y con una gran emoción por volver a tenerlo a mi lado.

- Creía que iba a mejorar hasta que has llegado- dijo con una sonrisa traviesa que me hizo romper a reír al comprobar que estaba bastante recuperado de sus heridas.

No quería que nada estropeara aquel momento de felicidad infinita con aquel ser que había conocido unos días antes y al que había tomado un cariño especial.

Entonces noté cómo sus manos se acercaban a las mías lentamente mientras me preguntaba:

- Y vos Princesa ¿cómo os encontráis?

Noté cómo el rubor encendía mis mejillas.

- Nunca he estado mejor.- dije sencillamente. – Además, en mi primera emboscada sólo he tenido que arrebujarme dentro de una manta calentita mientras mis compañeros hacían lo posible por salvarme la vida.- una sonrisa me cruzó el rostro- ¡Nada fácil, créeme!

Nuestras risas inocentes hicieron eco en aquel paraje que según me describió Tánter, se me antojaba el paraíso. Bosques de dorados, ocres y distintos matices verdosos daban paso a una cadena montañosa en cuyo seno se emplazaba, protegido por un muro, un imponente castillo de piedras blancas. A su alrededor, la aldea se esparcía moteando el verde paisaje. El aire entraba en mis pulmones purificando mi espíritu y de repente me di cuenta de que anhelaba aquel lugar y de que me sentía como si hubiera pertenecido a él en un tiempo no muy lejano. Ansiaba con todas mis fuerzas que aquel momento no terminara; sin embargo, la voz de Kyra no tardó en sacarme de mi embelesamiento.

- Danna, tenemos que proseguir nuestro camino. El castillo donde se está celebrando la Asamblea no queda muy lejos de aquí y tenemos que darnos prisa. Los secuaces de la Oscuridad están ganando mucho tiempo y si Arnias viaja con ellos es posible que descubran la contraseña de la entrada en breves momentos.

Asentí un tanto aturdida y me levanté despacio y a regañadientes, apoyándome en el bastón.

- ¿Cómo desplazaremos a Tánter?- pregunté temiendo alejarme de él.

- Tánter estará bien. El viejo Oak y los demás le hemos preparado improvisadamente una carreta de la que tirarán el caballo de Dalinor y Corlin; de modo que pueda reposar hasta llegar a nuestro objetivo. Sin embargo, una vez hayamos llegado a la fortaleza, no tendrá mucho tiempo para relajarse y recuperarse si no nos damos prisa. Venga princesa, tú irás con Oak.

- Pero…- empecé a rechistar con la intención de que me dejaran cabalgar sola.

- Nada de peros. –Me recriminó con entonación divertida.- Viajando con Oak estarás mucho más segura y no detendremos demasiado el paso.

La obedecí y Oak me montó en su caballo y pocos segundos después noté cómo el aire cortaba mis mejillas y el pelo se me alborotaba.
۞

El sonido de los cascos del caballo al chocar fuertemente con el suelo nos acompañó durante algo así como dos horas y media. Al fin, noté cómo a las órdenes del mago la montura iba aminorando el paso hasta que se convirtió en un suave trote. Habíamos llegado, según supuse sin necesidad de que Oak me lo anunciara, a las inmediaciones de la aldea. Apenas podía sentir las piernas. Saber que Tánter estaba con nosotros me había reconfortado bastante; pero no pude evitar preguntar por su estado cada cierto tiempo, el que yo creía necesario. Me sentía nerviosa y no paré de juguetear con el colgante. A pesar del contacto con el aire frío durante la cabalgata, el metal estaba anormalmente caliente y aquello me extrañó. Pero no pude cavilar demasiado sobre aquella cuestión porque empezábamos a desmontar de los caballos para estirar las piernas. Oak me dijo que estábamos tan sólo a unos minutos de la entrada a la aldea. Aquello hizo que mi corazón empezara a bombear más deprisa. No podía evitar sentirme tan emocionada por conocer el que era mi pueblo. Cuando el mago me ayudó a apearme a penas noté el contacto con el suelo porque tenía los pies totalmente dormidos y las piernas agarrotadas. Perdí el equilibrio y aunque intenté apoyarme en el bastón, me caí. Kyra lanzó un pequeño gritito pero Oak no pudo evitar reírse, a lo que yo también me sumé. Hice varias intentonas para ponerme en pie pero no lo logré. No podía parar de reírme. Entonces una risa a la que yo había ido tomando demasiado afecto sobresalió por las demás y me inundó de una felicidad inconmensurable.

- ¿Es así como tratáis a vuestra princesa?- dije entre risas. Entonces oí los pasos apresurados de Flamer que se brindó a ayudarme. Se lo agradecí.

- Para eso estamos, princesa.- me respondió haciendo una ostentosa reverencia que pude adivinar por el ruido que hizo el hacha que llevaba en la mano al cortar el viento cuando inclinó su cuerpo. Entonces comenzamos a andar hacia la aldea que estaba segura aprendería a amar. Las piernas aún parecían independientes de mi cuerpo pero aquellas molestias desaparecieron en cuanto llegaron a mis oídos los sonidos propios de una aldea próspera. Estar en Ciudad del Muro me hizo darme cuenta de que aquel sitio del que tanto me habían hablado existía. Estaba ansiosa por conocer y aprender todos y cada uno de sus detalles. Aún con todo el peligro que corrían lo que mis sentidos pudieron captar era una gran tranquilidad. Parecía que aquel paraje escondido no era del todo consciente de los peligros a los que se tendría que enfrentar en un futuro no muy lejano. La algarabía de los niños correteando y ayudando a sus padres en las tareas del campo, las ofertas a voz en grito de los vendedores ambulantes que anunciaban sin modestia alguna sus mercancías, los golpes sordos que causaban los mazas sobre el hierro en las forjas, loa relinchos de los caballos; todo ello era nuevo para mí y realmente era como si hubiese viajado a la Edad Media de los libros de Historia.… Además llegó hasta mí el apetitoso olor del pan recién hecho… Oak se debió de dar cuenta de mi expresión hambrienta porque de repente se echó a reír como nunca lo había oído.
Aquello fue el reclamo que los aldeanos necesitaron para salir de su rutina y venir a darnos su particular bienvenida.
Los niños comenzaron a cantar una graciosa cancioncilla popular mientras corrían tras nuestros caballos y los más mayores después de obsequiarnos con exquisitos manjares se unieron a ellos escoltándonos hacia las puertas del castillo.
Oí voces gritando el nombre del mago, supuse que eran los vigías del castillo. De ellos dependía la seguridad de Ciudad del Muro. Se acercaron hasta nosotros y hablaron un rato con Oak para cerciorarse de que éramos aliados y para recabar información a cerca de los progresos de Arnias. Tras este breve pero intenso interrogatorio, las puertas se abrieron y nos permitieron el paso por un puente que daba a la puerta principal del castillo que permanecía cerrada. Los guardias que custodiaban la entrada al castillo le pidieron a Oak que diera órdenes para que desmontásemos de nuestras cabalgaduras y que nos deshiciéramos de todas las armas. Por lo visto las medidas de seguridad eran bastante estrictas en aquellos tiempos. Cosa totalmente comprensible dada la inseguridad de aquel momento. Nos apeamos de nuestros caballos y por fin volví a sentir las piernas que con un doloroso cosquilleo volvían a responderme. Le iba a pedir cautelosamente a Oak que me llevara al lado de Tánter; cuando oí que la voz del mago se elevaba entre las demás y se dirigía en especial al capitán de la guardia.

- Traemos un herido. Es uno de nuestros más fieles y poderosos guerreros no podemos perderle.- Algo en su voz hizo que me golpearan de nuevo mis peores temores a cerca del estado de mi amigo y guardián. Llamé a Kyra e intenté hacerme oír entre la multitud que parecía haberse reunido en un momento a las puertas del castillo. Sin embargo, nadie me hizo caso. Todos estaban demasiado ocupados comprobando y registrando el equipaje y formulando preguntas a cerca del avance del enemigo. Me hice paso como pude entre los guardias e intenté llegar hasta la voz cantante y le pregunté a dónde habían llevado al herido.

- ¿Y tú quién eres?- me preguntó con voz enérgica y desconfiada el que parecía ser el jefe del cotarro.

- Eso no importa. ¿Dónde han llevado a mi amigo?



- Lo siento preciosa pero deberás esperar a que te llevemos ante el Gran Térbal antes de enseñarte el castillo.

- Por favor necesito saber cómo se encuentra. Antes de llegar aquí me dijo que estaba bien pero no sé si ha empeorado…
Entonces la mano de Oak se posó en mi hombro para tranquilizarme.

- Nuestra Princesa ha tenido un viaje inusualmente ajetreado y necesita descansar antes de entrevistarse con el Gran Térbal.
Ante estas palabras tan solemnemente pronunciadas del mago, el soldado debió quedarse petrificado y le oí balbucear unas frases incoherentes hasta que logró dirigirse a mí conteniendo su vergonzosa actitud:

- Princesa… No os había reconocido… -se disculpó torpemente. Y haciendo alarde de mi rango dije:

- No se preocupe. Es perfectamente comprensible su actitud –lancé una sonrisa socarrona a Oak- pero le agradecería enormemente que me llevara hasta mi escolta.

- Claro, Princesa, como vos gustéis. Disculpad de nuevo mi atrevimiento- dijo besando mi mano y al alzarse se debió de percatar de mi ceguera porque entre nosotros se hizo un silencio verdaderamente incómodo y además sentía su penetrante mirada en mis ojos. Sin embargo, esto no duró mucho porque Oak intuyó el sentimiento de vacío que me inundó y apremió al hombre para que accediera a mi petición.

- Seguidme Majestad.

No rechisté pero sabía que iba a ser difícil seguirle entre la muchedumbre si no me daba algún tipo de señal que me permitiera no perderme. Así y como respondiendo a estos pensamientos, me tomó con torpeza por el hombro y me llevó por el puente que separaba a las puertas del castillo. Oí cómo éstas se abrían y el ruido de nuestros pasos al pisar el suelo marmóreo de una amplísima sala. Me obligué a conjeturar sobre las salas del castillo para evitar pensar en la lamentable escena anterior y en el estado en el que me encontraría a Tánter. De este modo, llegamos a una pequeña habitación alumbrada por un pequeño fuego a la que me hizo pasar sola. Supuse que mi amigo estaría durmiendo después del ajetreo del viaje porque ni siquiera me saludó. Llegué a pensar que me había equivocado de habitación o que me estaban poniendo a prueba para comprobar si yo sería una buena princesa; pero aquello no tenía sentido. Entonces, un escalofrío me recorrió la espalda cuando la voz débil de Tánter pronunció mi nombre. Como un zombi traté de llegar hasta él. Se encontraba tumbado en una cama situada al fondo de la habitación envuelto en una gruesa manta.

- Tánter.- dije con voz débil y asustada por la debilidad de su voz. Llegué hasta su cama y su mano ardiente agarró la mía. Me senté a su lado y palpé su cara con delicadeza. Le ardía la frente.

- Tánter, háblame. ¿Qué te han hecho? ¿Por qué no me dijiste nada antes de llegar aquí?

Se rió débilmente.

- Sólo te habría preocupado más.- su voz era casi un susurro.

- Dime qué puedo hacer para salvarte- le supliqué. No podía perderle. Me sentía débil e impotente. De alguna manera inexplicable los lazos que nos unían se habían ido fortaleciendo hasta el punto de que necesitaba su presencia reconfortante. Tenía que estar a su lado.

La tos le desgarraba por dentro. Mi amigo se moría y las lágrimas comenzaron a descender silenciosas por mis mejillas.

- Tánter, por favor, no me dejes.

Noté su mano acariciar la mía y secar mis lágrimas.

-No puedes hacer nada por mí Danna. Sólo el tiempo me curará o me… -Su voz se quebró dejando inacabada la frase. Él no merecía morir tan pronto. – Tienes que ser fuerte y aprender a mirar al futuro con optimismo. No sé qué tiene el futuro preparado para mí pero de lo que estoy seguro es de que a ti te queda mucha vida por delante. Los sanadores de la ciudad me han dicho que aún puedo mejorar, pero que es cuestión de tiempo. Y siempre podría recurrir Al Gran Térbal…- dijo tomándoselo a risa. Yo empezaba a enfadarme porque no entendía cómo podía tomárselo de aquella manera.

- En ese caso, no me queda más remedio que decirle al Gran Térbal que te cure. Si es tan poderoso como dicen…

- No seas tan catastrófica Danna. No estoy tan mal…

- Ya, claro- dije yo con media sonrisa. Sabía que quería evitarme más preocupaciones pero yo no quería perderle. Era mi amigo.

- Sin embargo, tú estás echa una pena…- dijo riéndose.

No pude hacer otra cosa que seguirle y me eché a reír. Debimos formar tal jaleo que el hombre que me había acompañado hasta aquí y que se había quedado esperando fuera junto con una sanadora- intuí que así es como se llamaba a los médicos del lugar- , abrió la puerta y me espetó que dejara descansar al herido.

- Vendré a verte a menudo, ¿vale?- animé a Tánter despidiéndome de él con una sonrisa. -¡¡Cuídate!!

- Será un placer volver a veros, Princesa…

- No me gusta que me llames así. Para ti siempre seré Danna y lo sabes…

- Ya, pero me gusta hacerte rabiar.

- Sí, ya, muy gracioso… Eres irritante hasta enfermo…- dije resignada. Y salí de la habitación. – Deberían ponerle paños húmedos. Le está aumentando la fiebre.- me dirigí a los hombres que me esperaban en la puerta con la intención de que hicieran lo posible por bajarle los grados de más.

- Ya ha oído a la princesa, sanadora elfa.- soltó con petulancia el jefe de la guardia dejando algo molesto a la sanadora que se adentró en la habitación refunfuñando. El soldado volvió a dirigirse a mí:

- Majestad, es deseo del Gran Térbal que presenciéis parte de la Asamblea que está teniendo en estos momentos en la Sala de Reuniones. Yo os acompañaré si vos accedéis.-

“Cómo no voy a acceder, pedazo de besugo” pensé para mis adentros; sin embargo, solté una afirmación con la cabeza tragándome mis impropios comentarios.

Esta vez me cogió del brazo pero el nerviosismo seguía delatándolo; pues noté cómo le temblaba ligeramente el brazo. Me llevó en completo silencio por larguísimos pasillos y atravesamos numerosas salas de distintas dimensiones. Me pregunté si era posible que un simple castillo pudiera ser tan enorme y me respondí que la evidencia era la mejor prueba. Una vez llegamos a un pasillo repleto de columnas y antorchas que iluminaban el camino, se hicieron audibles las discusiones que estaban teniendo lugar al otro lado de las puertas de madera.

- Ya hemos llegado, Princesa.- dijo solemnemente y me recordó a esa voz femenina que te da la bienvenida a las distintas plantas del centro comercial. Entonces me acordé de Linda y de Alice y me embargó una terrible nostalgia. Me parecía tan lejano el tiempo en el que yo era una adolescente bastante despreocupada por el mundo que me rodeaba que por un momento me pareció imposible que yo fuera la misma chica. .. Entonces, mi guía abrió las puertas y el ensordecedor fragor de las luchas verbales me abofeteó dejándome sin aliento.

- Arnias ya cuenta con cuatro Símbolos y cada vez nos resultará más difícil contenerle. Su poder no es el que era pero aún así es mayor del que podamos alcanzar. Sólo unidos podremos detenerle como hizo El Cuarto para derrocar a su hermano.

- ¡El Cuarto no está aquí, Geondal! No podemos recurrir a él.

- Pero sí podemos basarnos en su admirable capacidad de estratega. Consiguió cercar al Séptimo al otro lado de las Montañas. Recuerda que sólo nosotros conocemos el Puerto de Skaanndard por el que podemos acceder a Riknor sin ser vistos y sorprender a Arnias en sus propios dominios. Nuestro ejército es muy numeroso.

- Eso era antes. Ahora ese paso de las montañas está vigilado por desterrados y nuestro ejército está cansado de tantas luchas.

- Pero ¿qué pasa con nuestros aliados? Todavía podemos confiar en Los Seres del Bosque…

- Sí, pero Arnias ya ha sometido a las criaturas acuáticas, y no olvidemos que él es dueño y señor de los rockers y los dragones, las criaturas más despiadadas de este reino.

- Pero nosotros contamos con el Símbolo del Tiempo.

- Te equivocas. Arnias mató al sabio Horquias y le arrebató el Símbolo.

- Arnias es un maldito…

- Eso no es del todo cierto. Arnias no consiguió el Símbolo. Horquias jamás le reveló la forma.

Aquella última intervención me heló la sangre. Era Oak.

- Oak, un viejo amigo...

- Y aunque lo tuviéramos ¿pensáis que nos sería de alguna utilidad? ¡Su poder está limitado! Si lo que pensáis es detener el tiempo por toda la eternidad estáis equivocados. Sabéis que el Tiempo no está a nuestro servicio, al contrario. Y con este Símbolo sólo lo podemos invocar en contadas ocasiones y sólo si el astro rey lo permite. Ya hemos abusado demasiado de él.
- Aún así podríamos recurrir a él. Quizá con un sacrificio.

- ¿Un sacrificio? ¿Cuántos sacrificios deberá hacer este reino para hacerte entrar en razón, Kaeopides? No podemos jugar con las vidas de las criaturas de Lux. Además aún nos quedan batallas por librar si no logramos restaurar el Equilibrio.

- ¿Con cuántos Símbolos contamos, Térbal?

- Con tres: Aire, Luz y Tierra.

- ¿Y de qué nos sirven?

- De mucho más de lo que nos podemos imaginar.

- ¿Y qué ha sido del Símbolo del Aire?

- Está aquí.- Concluyó la voz solemne del Gran Térbal, tras la que el soldado se aclaró la garganta y obligando a los contertulios a posar sus miradas en nosotros.

- Gran Térbal, consejeros del reino… Su Majestad, la Princesa Danna, acaba de llegar después de un largo viaje acompañada por Oak y otros guerreros.- Dicho esto me hizo dar un paso adelante y se marchó dejándome allí plantada.

Capítulo 6. Primeros Problemas.


-¡¡Ya hemos llegado!!- me anunció Kyra a voz en grito. -Oak y los demás están preparando las monturas para traspasar las cascadas. En cuanto atravesemos la capa de agua agárrate fuerte a tu caballo. Vamos a pasar por un desfiladero, sólo los más hábiles logran cruzarlo, hasta la puerta secreta cuyo emplazamiento conocen todos los habitantes de la ciudad, el gran Térbal y grandes magos como Oak, es decir aliados; pero que sólo puede ser atravesada si se descubre la contraseña que restringe el acceso.
Dicho esto noté cómo el tirón de la cuerda que unía a todas las monturas hacía moverse a mi yegua y pocos segundos después una trompa de agua me empapó por completo.

- Oak, ¿no puedes hacer nada para secarnos?- pregunté helada de frío pues al entrar en la gruta un viento gélido nos dio la bienvenida.

Ante mi pregunta el viejo mago se echó a reír y dijo:

- No creerás, Princesa, que mis poderes son infinitos, ¿verdad? Porque de ser así estarías muy equivocada.

Y tras aquellas irónicas palabras noté que mis ropas empezaban a secarse.

- Muy gracioso… Ya empezaba a creer que eras un mago de tres al cuarto.- Entonces las carcajadas del grupo reverberaron en las paredes de la gruta y provocaron el desprendimiento de algunas piedrecillas, por lo que enseguida nos callamos. Yo me agarré con más fuerza a las riendas y acaricié a Corlin temiendo que se asustara. Sin embargo, esto no ocurrió. Parecía que la atmósfera de aquel lugar no asustaba a los caballos, pues se mostraban tranquilos. Pronuncié en alto aquella apreciación y Flamer me respondió con su enérgica voz que el comportamiento de los caballos era normal porque pertenecían a aquel lugar. Habían sido criados en las inmensas praderas de Ciudad del Muro. Y reconocí que aquel lugar era especial. Eché de menos mis ojos para poder observar toda su belleza y no perderme ni un solo detalle pero debía conformarme con mis otros sentidos que me regalaban preciosos sonidos. Aquello era embaucador; pero a pesar de ello yo tenía que mantener la cabeza puesta en todo lo que debía hacer. No se trataba de una visita turística a un paraíso natural y desconocido, era algo mucho más serio y yo formaba parte de ello. Por mucho que me costara aceptarlo, Tánter tenía razón: nada en mi vida había sido normal y de alguna manera la existencia de Lux y de sus habitantes podía explicar muchas cosas. Seguiría adelante. Por lo menos hasta ver a mi tío.
Al llegar al desfiladero nos recibió una brisa invernal y el eco delataba todos nuestros movimientos e incluso las respiraciones. Debido a lo estrecha que era la senda por la que íbamos tuvimos que aprovechar un rellano para desmontar y poder guiar a nuestros caballos. Kyra me dijo que me pegara todo lo posible a la pared y que con el bastón intuyera la anchura del camino y evitara las piedras. Como pude seguí sus órdenes aunque con un nudo en la garganta que me impedía respirar. No quería ser yo la que estropeara todo antes de llegar a nuestro destino.
۞
Después de lo que a mí me parecieron intensos minutos, al fin llegamos a un espacio amplio en el que la oscuridad era total para crear mayor desconcierto en los aturdidos y cansados viajeros, según me dijo Kyra. Todo aquello no era más que una manera de incrementar la seguridad de la Ciudad. Por eso Oak tuvo que invocar a un espíritu del fuego para que nos iluminara.

- ¿Cómo hacen los habitantes de Ciudad del Muro para entrar?- pregunté movida por la curiosidad. Si tan difícil nos estaba resultando con la ayuda de un mago ¿Cómo se las apañaría la gente sin poderes?

- Ninguno de los aquí presentes procedemos de Ciudad del Muro- me respondió Dalinor- y siempre que hemos querido acceder a ella hemos tenido que pedir la contraseña a un mago consejero. Ellos conocen todas las contraseñas porque son los que las inventan. Tengo entendido que cuando se produce un cambio de contraseña se reúnen en Asamblea Secreta para comunicárselo entre ellos y facilitar las comunicaciones entre las distintas ciudades. Nunca ha habido ningún problema pero ahora es distinto porque corren tiempos muy difíciles y Arnias el Mago Desertor anda detrás de los otros magos para conseguir las contraseñas que le permitirán acceder a cada ciudad para someterla a su poder. Pero no te preocupes,- añadió al ver mi cara de preocupación- no es fácil encontrar a un mago consejero si éste no quiere dejarse ver.

Y dando por válida aquella respuesta Dalinor guardó silencio y sacó su piedra de afilar para poner a punto su espada.

- Siempre hay que tenerla a punto. Nunca se sabe cuando la vas a necesitar…- se rió el herrero.

Mientras tanto, Kyra y Flamer trataban de dominar al rebelde espíritu del Fuego para concentrarlo en un punto y que Oak lo pudiera utilizar para concentrarse en las escrituras grabadas en la piedra de la gruta. Según Oak el ritual para abrir la puerta no sólo consistía en pronunciar en alto la contraseña, sino que antes había que despertar a la roca leyendo las inscripciones que arañaban su superficie. La sucesión de sonidos me sirvieron para imaginar la escena. Podía ver al mago detenido ante un gran portal de piedra maciza que aparentemente estaba incrustado en la imponente pared de la gruta y por el que parecía imposible poder acceder a una de las ciudades más concurridas del reino de Lux y que tras un breve instante de interiorización comenzó a murmurar palabras en una lengua arcana imposible de comprender con una voz tan profunda como las raíces de un roble.
Me imaginé las caras de expectación de todos los que estábamos allí cruzando los dedos para que el mago lo hiciera todo correctamente. Aquello se nos escapaba, pero estábamos totalmente seguros de que el portal no tendría más remedio que abrirse ante aquellas palabras mágicas pronunciadas por un hombre para el que la magia apenas tenía secretos. Sin embargo, nada ocurrió. No oí ninguna piedra resquebrajándose ni ninguna enorme y pesada puerta abriéndose, lo que supuse que sería un pequeño contratiempo. Entonces oí como los demás se revolvían inquietos y comenzaban a murmurar entre ellos evitando desconcentrar a Oak. Sin embargo, Lingrow, el enano impaciente, se atrevió a cuestionar al mago con su voz gangosa:

- Oak todo esto es muy extraño. Ya debería haberse abierto. ¿¿Por qué no te hace caso??

El anciano tardó en responder:

-No lo sé, Lingrow y no creo que sea porque esté perdiendo facultades. Aquí hay algo muy raro…

- Quizá- se me ocurrió decir- hayan tenido una emboscada y por eso hayan cambiado la contraseña, para evitar que los intrusos los invadan…- Ante el silencio de mis compañeros me aventuré- ¿Cómo podemos estar seguros de que alguno de los magos consejeros que se señalaba como aliado no se ha cambiado de bando ante la amenaza de la expansión de las huestes de la Oscuridad?

Casi podía palpar el silencio tan rotundo que se hizo a mi alrededor cuando terminé de sugerir mi sospecha.

- La princesa puede estar en lo cierto Oak- opinó Dalinor.

- De ser así, mi princesa,- dijo Oak preocupado- tendremos que emplear más tiempo del que suponíamos en descifrar la nueva contraseña. Así que, sin más preámbulos me pondré manos a la obra. Vosotros mientras podéis descansar un poco.

Nada más decir aquello empezamos a deshacer nuestro modesto equipaje. Kyra y Lingrow ayudaron a Flamer a crear una hoguera encerrando al espíritu del Fuego en una jaula de piedras y aquello no pareció gustarle mucho al espíritu porque comenzó a crepitar furiosamente. Después de asegurarse que no saldría de allí Kyra se acercó al lugar donde me encontraba y comenzamos a desatar las alforjas. Fue en ese momento cuando decidí preguntarle algo que había estado dando vueltas desde que comenzamos la jornada:

- Kyra…

- Dime Danna- me dijo atentamente.

- ¿No hay otra forma de llegar a la Ciudad del Muro?

- No creo que tengamos que recurrir a esa opción. Estoy segura de que Oak logrará dar con la solución aunque le lleve algún tiempo.

Me quedé pensativa un rato.

- ¿Crees que ha podido empezar ya la batalla de la que tanto habéis murmurado estos días creyendo que yo no escuchaba?

- No, aún no.- Dijo con una nota de disculpa algo avergonzada en su voz. -Sin embargo, el ejército de la Oscuridad siempre ha estado dispuesto a sacrificar a algunos de sus hombres para debilitar al enemigo. Puede que antes del golpe final atente contra Ciudad del Muro para lograr conocer sus debilidades.

- ¿Quieres decir que la batalla decisiva se hará contra Ciudad del Muro y que de su éxito depende el futuro del Reino de Lux?

- Espero que no. O al menos ésa es mi esperanza. El reino de Lux, en sus orígenes tenía un único Señor, un joven humano que encontró el medio para acceder a estas tierras y que las amó enormemente, cuyo sentido de la justicia, de la entrega y del bien eran de sobra conocidos por los habitantes del Reino; por eso lo proclamaron Rey de Lux. Fue una época de plenitud, paz y desarrollo. El Rey se casó con una mujer de origen humilde y tuvo con ella siete hijos a los que vio crecer. Sin embargo, antes de morir, ideó un nuevo futuro para el Reino. Lo dividiría en Siete Ciudades y puso a sus hijos al frente de cada una de ellas y así se ha seguido la tradición hasta ahora. Así pues, el próspero y viejo reino de Lux se sustenta en las Siete Ciudades, cada una de ellas gobernada por un Señor, y de ellas la más destacada es la Ciudad del Muro porque fue allí donde se produjo la Traición de Arnias, hace dieciocho años, durante una Asamblea de Magos Consejeros que desencadenó una batalla que se ha prolongado en el tiempo hasta ahora. – Kyra me cogió de la mano y me llevó cerca de la hoguera que mantenían a raya Dalinor, Flamer y Lingrow, que seguía mascullando por lo bajo sobre la torpeza del mago. -Mi padre me contó que las malas lenguas forjaron una leyenda que se propagó por el reino como la pólvora y que fue la chispa que hizo estallar la desconfianza y la traición entre las distintas ciudades. Desde entonces las relaciones entre unas y otras no han sido muy buenas, como puedes imaginar, y se han tenido que mantener a través de débiles alianzas. Llevamos dieciocho años de inestabilidad y de temor por la codicia de Arnias y ya le falta muy poco para conseguir lo que está buscando que sin duda supondrá el fin de la existencia de nuestro Reino y por tanto la de las Siete Ciudades. Por eso es necesario que se reúnan en Asamblea los magos consejeros de cada ciudad con el fin de pactar La Alianza Definitiva para luchar contra aquellos que se han sublevado a la paz del Reino. Nosotros somos los acompañantes del Gran Oak en estos tiempos tan peligrosos. Él es el mago consejero de la Ciudad del Valle del Vaduin, conocida como Vállevad y hace menos de una semana fue reclamado por el gran Térbal para acudir a la Asamblea. Sin embargo, y el hecho de que estemos tardando tanto en llegar a Ciudad del Muro, nos indica que ya han podido capitular algunas ciudades del reino ante las huestes de la Oscuridad, contribuyendo en un complot para destruir a las otras ciudades y entre ellas a la que ahora nos dirigimos. Por eso debemos actuar con presteza para evitar perder aliados.

- ¿Y a qué mal nos enfrentamos? ¿Qué es lo que trama Arnias que le ha llevado tanto tiempo?

Kyra permaneció un rato en silencio como si estuviese eligiendo las palabras adecuadas; sin embargo, la voz que contestó a mi pregunta fue la del viejo Oak y estaba tintada de irreprimible amargura:

- La vieja profecía que hizo comenzar la batalla tiene un origen muy remoto en los anales del Reino. Cuando a la muerte del Primer Señor de Lux muchos años después de la de su querida esposa y nuestra amada Señora, su hijo pequeño, el más ambicioso de todos y el mejor conocedor de las envidias que se profesaban sus hermanos, ordenó a su mago consejero idear la forma en que hiciera reinar la confusión y el deseo de poder entre ellos. De esa manera aprovecharía las traiciones para hacerse con todos los Símbolos, ya que creía conocer dónde se encontraban, y así poder reinar como Sumo Soberano como hizo en su día su padre. El mago consejero conjuró a los elementos una noche de eclipse y pronunció una profecía que decía lo siguiente: “Aquel que se haga con el control de las Siete Ciudades se hará dueño y señor del Reino de Lux y su alma quedará ligada a la vida del Reino perdurando así eternamente.” Como puedes imaginarte esas palabras sólo podían traer problemas y todas o mejor dicho, casi todas las expectativas del pequeño de los Siete Hermanos se cumplieron. Muchos de ellos emprendieron acciones de guerra contra sus hermanos cegados por la codicia. Además, ésa era la excusa perfecta para poder conquistar las otras ciudades. Ambición que mostraban desde antes de la muerte de su Padre. Ninguno consiguió prosperar; pues la existencia de los Símbolos de sus hermanos les era desconocida. No pongas esa cara, Danna. Digo que no consiguieron prosperar porque no sabían qué reliquia les había legado su padre a sus otros hermanos. Cada Señor sólo conocía la forma de su reliquia. No la de sus hermanos; porque en su lecho de muerte su padre les llamó uno a uno y les prohibió vanagloriarse del poder de su Símbolo; pues eso, según él, no era propio de un buen Señor. Sin embargo, el pequeño de ellos siempre estuvo cerca de su padre convencido de poder sonsacarle algún tipo de información. Y así fue. En los últimos momentos, aprovechándose de la poca consciencia de su padre logró conocer la forma de dos símbolos. De esa manera todo era más fácil. Sin embargo, no todo estaba decidido, aún faltaban cuatro símbolos más. Por eso, puso a su mago consejero a trabajar y gracias a él consiguió saber que los Señores de las Ciudades habían confiado a sus respectivos magos consejeros la forma y el escondrijo de los Símbolos. Así, el Pequeño utilizó y torturó a los magos consejeros para hacerse con su preciado tesoro. Seguramente te preguntarás qué son las reliquias y cómo llegaron a manos de los Siete Hermanos. Pues verás, se trata de antiguos objetos que encierran la magia del Reino en sus distintas formas. Son Siete o eso creemos. El Símbolo del Sol que domina al astro rey a voluntad del poseedor para someter al Tiempo y al estado de la materia; el Símbolo del Agua que controla las aguas y a sus criaturas, el Símbolo de la Tierra que controla a los seres vegetales, a los animales terrestres y a las montañas y sus habitantes: los enanos y los espíritus de las profundidades, El temido Símbolo del Fuego que ejerce su poder sobre los volcanes y los fieros dragones, el Símbolo del Aire que domina a las aves, a los grifos, a los pegasos, a las hadas y a los temibles vientos, y por último, los dos más importantes y quizá menos valorados porque no mostraban su poder mágico, el Símbolo de la Luz que dota a su poseedor de la voluntad generosa, misericordiosa, valiente, decidida y sabia del buen soberano, el Símbolo de la Oscuridad que inunda el alma de ambición, celos, vanidad, ansias de poder y todo aquello que envuelve al alma en las sombras.
Los generosos y pacíficos habitantes de Lux se los ofrecieron al Primer Señor de Lux, su padre, su valiente y generoso líder, el ser humano que consiguió aunar a los pueblos y brindarles una paz durante todo su reinado. Con esos objetos mágicos, labrados por poderosos seres, concentró el poder en su persona y siendo consciente de los problemas que acarrearía su muerte, legó a cada uno de sus hijos una Reliquia, dividiendo así el poder del Reino en Siete Partes, Siete Hijos, Siete Ciudades que se mantendrían unidas hasta el fin de Lux. Así pues las Reliquias, también llamadas Símbolos fueron el principal objetivo de los ambiciosos Señores. El Mago Consejero del Joven Señor, el creador de la leyenda, comprendió el error que había cometido cuando vio la extensión del poder corrosivo de sus palabras. El reino de Lux estaba condenado a la extinción. Por ello se opuso a las crueles órdenes del joven Señor pero éste lo apresó y lo condenó a muerte. Antes de morir, curiosamente una noche de eclipse, pronunció una contraprofecía que sólo conoció el carcelero que le mantuvo encerrado hasta su ejecución. A pesar de la desesperación de los habitantes por la situación del Reino, sabían que no todo estaba perdido. Confiaban en aquella contraprofecía pero nadie parecía conocerla. Cuando creyeron que las oportunidades de devolver la paz al reino habían desaparecido todavía podían confiar en la cordura de uno de los Señores. El Cuarto Hijo hizo todo lo posible por conseguir devolver la paz a estas tierras. Muchos acudieron a él para refugiarse de la ira de los ambiciosos seguidores de los Señores. Y encontraron cobijo. Cuando la situación se volvió insostenible, convenció a algunos de sus hermanos para terminar con aquella locura; aunque para ello hiciera falta enfrentarse en batalla con su hermano pequeño y sus huestes. Tras un enfrentamiento que duró Siete Días con sus Siete Noches consiguieron derrotar al Séptimo Hijo; pero no tuvieron valor o quizá la misericordia los detuvo a la hora de acabar con su vida. Lo que importaba era que los Símbolos estaban a salvo. Al alba del octavo día se celebró la paz; aunque no duraría mucho. Los Señores de las Ciudades no lograron salir victoriosos ante la muerte y sus sucesores heredaron los Símbolos.

Entonces empecé a comprender y tras un momento de silencio decidí comentar una idea que me rondaba la cabeza.

- Y ahora ha vuelto a suceder ¿no? Ha comenzado una nueva batalla por los Símbolos. Es como un ciclo. Hasta que no se alce un nuevo y único Señor que posea todos los Símbolos no se restaurará la paz. Es el equilibrio.

Oak asintió con un vago sonido por el que supuse que estaba perdido en sus pensamientos. Finalmente, habló.

- Doscientos años después, un jovencísimo y prometedor mago se sumó a la búsqueda de los Símbolos. Como ves el legado del Séptimo Hijo no se extinguió junto con aquella profecía. Aún había seres convencidos de poder contener a todos los Símbolos y gobernar Lux eternamente a su antojo. Su nombre era Arnias. La leyenda le tenía totalmente obsesionado y dedicó toda su vida a conseguirlos. A pesar de su corta edad, fue elegido Mago Consejero de Riknor, tierra de volcanes y de dragones y utilizó todas sus artimañas para hacerse con el Símbolo de su débil Señor y erigirse en Nuevo Señor de Riknor sólo hasta que encontrara un Sucesor que le cubriera las espaldas y le proporcionara nuevas ideas para hacerse con el poder. Él se había convertido en el nuevo líder de la búsqueda de los Símbolos y muchos lo siguieron con tal de poder sacar algún beneficio. Con él comenzó una nueva era de masacres y tinieblas. Recorrió las tierras del reino a lomos de una bestia alada oscura como la noche y tras una búsqueda intensiva logró dar con el último descendiente del Séptimo Hijo: Rodgorod, tan obsesionado por la Leyenda como el mago. Al parecer desde muy joven había planeado una venganza terrible para con los que impidieron que el Séptimo Hijo se hiciera con el poder. Encontró en Arnias al fiel y consejero amigo que nunca había tenido y le confió todos sus planes. El mago lo tomó como su Señor y le nombró ante sus huestes su heredero, Señor de Riknor; por lo que, como puedes suponer, también era poseedor de uno de los Símbolos. Siempre bajo los consejos de Arnias, Rodgorod cometió locuras ansiando la eternidad, acogiendo a todos aquellos que pensaran como él para que lucharan para luego hacerse con altos cargos en el Nuevo Reino. Creó miles de hordas que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso con la esperanza de que su Señor les recompensara; sin embargo, ninguno de ellos recibió lo que merecía y eso se volvió en contra de Rodgorod. Sus espeluznantes hazañas pronto llegaron a los oídos de los Señores de las otras ciudades que eran poseedores de los Seis Símbolos restantes; claro que tales objetos no eran de fácil acceso, como ya sabes. Sólo conocían su existencia los Señores. Temiendo por su vida y por la hasta entonces pacífica existencia de Lux, éstos confesaron sus secretos a sus consejeros: los magos o bien a sus hijos y herederos.
A pesar de todo, Arnias consiguió sobrevivir al amotinamiento pero nadie supo nada de él. Muchos dicen que huyó a las Tierras del Norte y que siguió planeando hacerse con los Siete Símbolos. Sólo que esta vez las cosas serían más complicadas. Los magos somos consejeros de nuestras respectivas ciudades y tenemos una gran longevidad, pero no somos eternos. Por eso, viendo que su tiempo se agotaba, realizó conjuros por los que ha sido despreciado por todos los magos, que le permitieron ir alargando su existencia. Los que lo han visto afirman que se ha convertido en un espectro. Otros aldeanos afirman que el duro invierno no tuvo piedad de él. Por otro lado, la malograda descendencia de Rodgorod fue desterrada y condenada a vivir a expensas de la merced de los aldeanos. Gracias a una buena familia consiguieron trabajo en una granja y avergonzados por su reputación nunca intentaron hacerse con el poder. A pesar de todo, creemos que uno de sus descendientes ha decidido reclamar su derecho legítimo al trono de Riknor, y ha elegido este mismo momento. También estamos casi seguros de que el espectro de Arnias está detrás de todo esto. La historia se repite. –se le hizo un nudo en la garganta. Ni en mis peores pesadillas podía imaginar que los magos se pudieran deprimir o entristecer. Si yo conociera los secretos más recónditos de la Tierra sería la persona más feliz de la tierra.- Precisamente por conocer los secretos de la Tierra, Danna, nos sentimos infelices al ser testigos de cómo algunos seres despiadados se empeñan en destruirla.- No cabía duda: Oak era capaz de leerme el pensamiento y no era la primera vez que lo hacía.

- ¡¡Oak, alguien viene!!- la potente voz de Dalinor sacó al viejo mago de su embelesamiento que con gran energía dijo:

- ¡Todos a vuestras armas!- y acercándose a mí me llevó hasta Corlin y susurró unas extrañas palabras tras las que una especie de manta invisible me envolvió – Esta es la protección que te puedo dar ahora Danna. No te muevas. No temas nada, ellos no te verán.

Dicho aquello sacó su enorme bastón. El enorme y repentino silencio que se acababa de producir sólo se veía interrumpido por las agitadas respiraciones de mis compañeros, pero al poco rato, el eco de unas pisadas se hizo cada vez más intenso. Me acurruqué todo lo que pude en aquella manta para pasar lo más desapercibida posible. Entonces, pude oír cómo Kyra sacaba lentamente su espada mientras se colocaba delante de mí y me susurraba:

-Yo te protegeré Danna. Pase lo que pase.

La casi inaudible voz de Oak dijo con calma:

- No ataquéis todavía. Esperad a mi señal. La oscuridad juega a nuestro favor: es nuestro factor sorpresa.

Las pisadas se hacían cada vez más sonoras cuando Kyra desgarró el silencio gritando:

- ¡Tánter!

El corazón me dio un vuelco. Intenté desesperadamente desenredarme para ir allí junto a mi amigo; pero Oak me dio un aviso con el bastón que me dejó el brazo derecho dolorido. Entonces comprendí que aún no estaba a salvo. La débil voz de Tánter me hizo temer lo peor: - ¿Dónde está Danna?

¿Y si lo habían herido gravemente? La simple idea de quedarme sola me hizo estremecer pues sabía que sin él en aquel mundo me sentiría aún más sola de lo que ya estaba. Aún así, había gente que daría su vida por mí y eso fue lo que me hizo permanecer callada y sin apenas respirar.

- Danna está a salvo, Tánter- dijo Kyra con la voz quebrada y algo llorosa.

- Oak .., llevé el mensaje como me dijiste y los pocos clanes que han sobrevivido a los duros ataques de Yenco, se unirán con nosotros en poco tiempo.- dijo Tánter con verdadera dificultad para respirar.- Pero cuando iba a preparar a Owl para regresar, nos atacaron y temí que ya os hubieran encontrado y … Quizá me hayan seguido hasta aquí… Arnias está con ellos. Su poder es mayor del que tuvo antaño.

-Tánter, resiste…- lloraba Kyra- ¿Podrás salvarlo Oak?

- Haré lo que pueda hijo- respondió Oak llevando a Tánter al rincón donde yo estaba.- Por el momento quédate aquí. Danna está contigo, camuflada bajo la manta.

Entonces noté como Tánter se acercaba a mí intentando protegerme con su brazo.

- Temía no volver a verte nunca más.- me dijo suavemente.

Suponía que no podía verme pero se me dibujó una gran sonrisa en la cara y una oleada de alivio me inundó.

- ¿Estás muy herido, Tánter?- pregunté con un hilillo de voz.

- No, tranquila princesa. Creo que aún me puedo valer por mí mismo. Sin embargo, creo que necesitaré que Oak me haga unos apañitos.

Me reí. Su inagotable optimismo estaba intacto. No se lo habían arrebatado y nunca lo conseguirían. Mientras yo recuperaba mi alegría por volver a tener a mi amigo, mis guardianes habían vuelto a sus puestos. Oak seguía probando con extrañas palabras para abrir la puerta. Kyra y Flamer corrían hacia la entrada de la gruta para vigilar, Dalinor afilaba algunas de las armas que habíamos llevado y Lingrow avivaba el fuego. Supuse que en momentos como éste le gustaba tener algo que hacer aunque ponerse a preparar la comida para el viaje no me parecía lo más a propiado. A juzgar por el olorcillo que desprendía aquello, podría decir que se trataba de algún pescado que había cazado en el río Vaduin antes de que nos conociéramos. Tánter se levantó con gran esfuerzo y omitiendo mis quejas se dirigió hacia donde estaba Oak para transmitirle algún tipo de información. Sin embargo, aquella tranquilidad no iba a durar mucho más. El mago exclamó:

- ¡Chico, ésa es la nueva contraseña! Seguramente Térbal se la haya proporcionado a los habitantes del Bosque. Esto nos ahorrará algún tiempo aunque ya hemos perdido bastante.- Así que dijo sin más demora:- RIKNOR-. De repente se oyó un crujido que resonó por toda la cueva. La puerta comenzaba a abrirse cuando el eco de cientos de guerreros llegó hasta nosotros.

- ¡¡Me han seguido hasta aquí!!- gritó Tánter aterrado.

Oí el furioso frú frú de la capa de Oak a medida que corría, increíblemente rápido para su edad, hacia la entrada de la gruta por la que, sin duda, entrarían nuestros enemigos y pronunciando lo que parecía un hechizo provocó el derrumbamiento de unas rocas que taponaron la entrada con ensordecedor estruendo.

- Esto nos proporcionará un tiempo de ventaja- gritó Oak, orgulloso de que su magia hubiese funcionado una vez más.- Flamer, montad en los caballos y coged lo imprescindible. Lingrow, apaga la hoguera y no dejes ni rastro. Yo me encargo de Danna. Kyra, tú coge a Tánter.

Con hercúlea fuerza el anciano me quitó la manta, me elevó y me acomodó en el lomo de Corlin volviendo a cubrirme. En poco tiempo ya estábamos cruzando la puerta que se cerró con un golpe tras nosotros.

Continuación capítulo 5. De camino a Waterfall.





Poco antes de que amaneciera pude sentir la delicadeza de Kyra al despertarme:

- Danna, siento tener que despertarte tan pronto pero Oak nos quiere poner en marcha. Nos llevará unos cuantos días llegar a nuestro destino. Los soldados del Sur, aliados de la Oscuridad, han pasado por un sendero cercano e iban con dirección a Ciudad del Muro. Eso nos hace suponer que la batalla por el reino de Lux ha comenzado.- Aquello me sobresaltó y me devolvió a aquella realidad tan extraña en la que estaba enfrascada.- Pero antes tómate esto, la mañana va a ser larga.

- Gracias- dije colocando a tientas mis manos bajo lo que parecía un cuenco de madera. Después de saborear aquellas ricas gachas intenté darme ánimos a mí misma para proseguir mi camino pues en el fondo sabía que no tenía escapatoria. Y tras un breve suspiro agarré con decisión mi cayado para ponerme en pie. Mis compañeros me saludaron breve pero cariñosamente y Oak me ayudó a montar en la que sería mi nueva montura: Corlin, una preciosa yegua blanca criada en la Ciudad del Muro por el mismísimo Térbal, mi tío. Me costaba imaginarlo con una túnica y realizando difíciles hechizos con una varita como los de las películas infantiles. Me costaba creer que todo aquello estaba sucediendo en realidad.

-¿Cómo ha llegado hasta aquí?- pregunté curiosa.

-El viejo Térbal no ha perdido sus facultades. –Respondió Kyra con una sonrisa.

Y acostumbrada a ese tipo de respuestas tan insustanciales para mí, la dí por válida y alargué una mano para contactar con aquella piel tan robusta pero delicada a la vez. Al suave tacto de mis manos me respondió un suave relincho.

۞ ۞ ۞



El camino hacia la ciudad del Muro duró tres días en los que a penas paramos a descansar. Me dolía todo el cuerpo. Sentía como si me hubieran apaleado la espalda durante horas y las piernas no parecían pertenecer a mi cuerpo. Eran más de Corlin que mías. Es más, iba tan centrada en todo el entumecimiento que sentía en cada partícula de mi cuerpo, que no me percaté mucho de lo que pasaba a mi alrededor ni del paisaje que nos daba la bienvenida. Sin embargo, era agradable salir de la monotonía cuando llegaban a mís oidos el suave trino de los gorriones o los relinchos de los caballos que nos acompañaban. De repente, sentí un sentimiento de gran afecto y admiración por ellos. Cargaban con pesados cuerpos durante incontables y agotadores días sin otro premio que algunos cuidados y comida, y ahí estaban obedientes esperando a las órdenes de sus jinetes. Verdaderamente fantásticos. El aburrimiento caía como una losa sobre mí y me obligaba a rendirme al sueño durante largas horas de caminata. Apenas hacíamos paradas para descansar. Quizá la más larga fue cuando llegamos a un pequeño arroyo que era un indicio infalible de que estábamos muy cerca de nuestro objetivo, y dejamos que tanto caballos como jinetes descansaran y refrescaran sus gargantas. Yo apenas podía moverme pero Dalinor me ayudó a desmontar y a caminar hasta el arroyo. Cuando el arrullo del agua impregnó mis sentidos, Dalinor acercó sus enormes y ásperas manos en forma de cuenco hasta mis labios y bebí con ansia. Qué bendición. Se lo agradecí como si me hubiera salvado la vida y él se rió con ganas, como solía hacer. Aquello me reconfortó.

Después me explicó con todo detalle cómo afilar una espada con una piedra de agua. Era todo un entendido del tema. Me sorprendió no haber bostezado durante su charla, era como si aquellos personajes ejercieran una atracción sobre mí fascinándome con sus palabras, sus anécdotas… Al rato nos pusimos de nuevo en marcha tras las apremiantes órdenes de Oak. Parecía que a partir de entonces una amena charla nos ayudaría a sobreponernos al sopor del mediodía; pero entonces algo llamó la atención de Oak, que nos mandó callar inmediatamente. Aquella repentina tensión me había espabilado un poco y empecé a notar cómo mi cerebro luchaba por seguir en acción. Pensé en todo lo que me había ocurrido hasta entonces y seguía sin entenderlo del todo. Sin embargo, sabía que ya no podría salir de allí tan fácilmente. Tenía una tarea pendiente, algo útil que hacer. Por fin.

Entonces pensé en mi tío y en la cara que pondría cuando le contara todo aquello. ¿Qué estaría haciendo en aquellos momentos? ¿Se encontraría bien o lo habrían apresado aquellos siervos de la Oscuridad obligándole a descubrir mi paradero? Oak volvió a sorprenderme porque había seguido el hilo de mis pensamientos y me tranquilizó diciéndome que mi tío sabía cuidar de sí mismo mejor de lo que yo creía.
El hecho de que el trayecto trascurriera sin ningún percance nos tuvo a todos seriamente preocupados. Le transmití aquella preocupación a Kyra, con la que enseguida había cogido gran confianza, y ésta me respondió:

- Antes de la tormenta siempre hay un intranquilo período de calma, Danna. A las fuerzas de la Oscuridad no les interesa atacar todavía. Aún les faltan aliados pues saben que La Ciudad del Muro no es fácilmente quebrantable.

Aquello me tranquilizó un poco y saber que los tenía a ellos como guardianes, compañeros y amigos también me sirvió de ayuda; sin embargo, algo en mi interior me decía que llegaría el momento en que tuviera que enfrentarme sola al peligro y aquella idea me aterrorizaba pues yo sabía perfectamente que no estaba preparada. Entonces me acordé de Tánter. Él siempre había confiado en mis posibilidades y de alguna manera yo me había sentido más segura a su lado. Por eso, y sintiendo una enorme e inexplicable necesidad de saber cuando volvería a verle, pregunté de nuevo a Kyra con un deje de preocupación en la voz imposible de ocultar:

- Por cierto, ¿cómo sabremos si Tánter ha logrado su objetivo?

Kyra desvió su mirada al horizonte y respondió:

- Al segundo día de nuestra llegada a la Ciudad del Muro como mucho, Tánter deberá estar de vuelta con un mensaje de nuestros posibles aliados. De no ser así…- la voz de Kyra se endureció para evitar mostrar su desesperación- Perderíamos una gran ayuda y una gran esperanza.

- ¿Cuál es exactamente la misión de Tánter y por qué Oak no ha dejado que alguien lo acompañara?- pregunté.

- Oak es un gran sabio y todos confiamos y respetamos sus decisiones. Él decidió que Tánter era el más adecuado para llevar un mensaje de esperanza a los habitantes del bosque y pedirles así su participación en la batalla que se librará dentro de menos tiempo del que esperamos. Pero no me pidas que te revele el contenido exacto del mensaje porque lo desconozco. Sin embargo, lo que sí puedo decirte es que Tánter es Hijo del Bosque y conoce a la perfección cada rincón y sin ninguna duda es capaz de camuflarse y hacerse invisible para sus enemigos. Por eso se brindó para llevar a cabo esta misión solo, ya que si fuera acompañado sería mucho más fácil que los descubrieran y les resultaría mucho más difícil esconderse y salir con vida. Sin embargo, a Tánter le confiaron la misión de mantenerte a salvo hasta llegar a la Ciudad del Muro y se mostró inquieto al saber que te dejaría sola. Bueno, en realidad no estás tan sola. Todos nosotros estamos dispuestos a seguir la misión de Tánter y mantenerte viva, porque lo quieras o no, eres nuestra princesa y nuestra mayor esperanza.

- ¿Qué criaturas habitan el Bosque?- pregunté con curiosidad tratando de desviar un poco la conversación mientras jugueteaba con mi colgante al que sabía que tenía que mantenerlo conmigo y a salvo a toda costa porque desempeñaba un papel muy importante.

- En aquellas tierras habitan todo tipo de seres, desde animales hasta razas de increíble perfección como los elfos.- Viendo mi cara de incredulidad Kyra rió e insistió en la existencia de aquellos seres y el tono de su voz fue haciéndose cada vez más cálido de manera que pude percibir en ella el reconfortante abrazo de los recuerdos. En cierta manera, comenzaba a ser consciente de que pertenecía a aquel mundo y a sus seres tanto como ellos pertenecían a mí. Recordé a John y sus historias. Parecía como si hubiera sido el nexo entre este mundo y yo durante toda mi infancia. Le echaba de menos en aquel sitio tan nuevo para mí. Le necesitaba y me dolía profundamente el no saber si volvería a verle. -E incluso hay clanes de osos, lobos, ciervos y otros muchos animales con gran capacidad de raciocinio y una tremenda fuerza con los que antaño la raza humana pactó una alianza para ayudarse mutuamente. Confiamos en que la recuerden.

Aquella conversación me había absorbido de tal manera que cuando me quise dar cuenta habían frenado los caballos ante el ruido ensordecedor de las cascadas del paso de Waterfall.


Capítulo 5. De camino a Waterfall.


El sol empezaba a ocultarse cuando Oak ordenó a los caballos aminorar el paso, tras haber estado cabalgando largas horas. El bastón cada vez se hacía más pesado así que opté por apoyarlo horizontalmente sobre el lomo del caballo.

- Por favor Tánter dime cómo es el paisaje que estamos atravesando.- Le pedí pues no me quería perder nada de lo que pasara a partir de aquel momento.

Y Tánter accedió de buena gana.

- Tras abandonar el río y sus riberas fangosas nos hemos adentrado en un hermoso bosque de fresnos y robles que linda con una llanura que se extiende hasta las montañas doradas. (Se llaman así porque cuando los últimos rayos del Sol inciden sobre ellas, parecen irradiar destellos cegadores visibles en todo el reino). Sin embargo, me temo que nuestro paso por este bello lugar no significa visitas turísticas. Nuestro objetivo es llegar al paso de Waterfall, un impresionante paraje escondido entre las montañas, en el que unas enormes e imponentes cascadas dan la bienvenida a La Ciudad del Muro. En ella se refugian los aliados de la Luz, nuestros hermanos. Ellos son la única esperanza que nos queda para salvar a nuestra tierra y ahora contamos con un arma que ni siquiera nuestros enemigos pueden imaginar.

- ¿Qué arma?- pregunté un tanto alarmada.

- Tú, Danna Dama de las Águilas.

Aquellas palabras retumbaron en mi cabeza con increíble fuerza y me dejaron totalmente desconcertada. Con la voz quebrada me atreví a confesarle:

- Desconozco en qué sentido puedo ayudar a tu gente. No tengo ningún poder especial… Es más, soy la persona menos capaz de llevar a cabo cualquier tarea corriente y cuanto menos una tarea que me haga convertirme en un arma de la que dependen todas las esperanzas de este mundo. Y ni siquiera sé qué peligro os acecha…- Mi confusión y repentina frustración debieron resultarle graciosas a Tánter porque empezó a reírse. De nuevo me sentí extraña en aquel lugar y también furiosa por las risotadas de mi guía.

- ¡Tánter para el caballo!- El chico obedeció enmudecido, pero eso no me achantó para soltarle:

- Ajá, ya sé de qué va todo esto. ¡No es más que una burda representación que os ha hecho escenificar mi tío para hacerme creer que soy de alguna utilidad, cuando yo sé perfectamente que no es así! Se acabó. Esto está llegando demasiado lejos y no tiene ningún sentido. ¡Ahora déjame bajar porque quiero irme a casa!

- Vamos Danna no te pongas así…

- No me llamo Danna y me pongo como me da la gana.-Grité mientras desmontaba de aquel caballo tan alto con enorme dificultad llevando el bastón conmigo.- Tú no eres más que un muchacho como yo que vive en un mundo de fantasía sin querer ver la realidad.

- ¿Y cómo explicas todo lo que te ha ocurrido hasta ahora?

- Pues no lo sé… He vivido tanto tiempo en la oscuridad que ya no sé ver la luz. Pero lo que sí sé es que tú y tus amiguitos estáis jugando conmigo a algo que no es posible. Os estáis aprovechando de mi ceguera y eso es lo que más me duele. No sé cómo he podido llegar tan lejos.- Dos lágrimas recorrieron mis mejillas dejando un rastro húmedo y como movida por un impulso interno empecé a correr en dirección opuesta. Todo aquello me hacía sentirme fatal y deseaba no estar allí. Además ya ni siquiera me importó haber montado aquella escena y desde luego no puse ningún empeño en escuchar todas aquellas alarmas entre los personajes que me protegían:

- ¡Tánter, Danna es nuestra última esperanza. ¡Ve a por ella!

- ¡Vamos, a qué esperas! ¡No podemos perder más tiempo!

Yo seguí internándome en aquel bosque en el que cada vez los hierbajos eran más altos. Las lágrimas me empapaban las mejillas y las raíces de los árboles me hacían tropezar. No me importaba. Yo seguía corriendo ayudándome con aquel bastón. Entonces justo cuando entré en la espesura oí a Tánter llamándome por mi verdadero nombre:

- ¡Julia! ¡Por favor deja que te lo cuente todo desde el principio para que me creas!

- ¿Y si no quiero que me cuentes nada?- respondí furiosa, sintiéndome como un muñeco al que vapulean sin escrúpulos y sin atender a sus sentimientos.

Entonces sentí la mano de Tánter agarrando con fuerza la mía. Aquella sensación me parecía extrañamente familiar y me paré derrotada. De repente empecé a sentirme como una tonta y una cobarde. Noté cómo tiraba de mi mano arrastrándome hacia él hasta que pude notar su cálido y embriagador aliento en mi cara.

- Sentémonos aquí. Estoy cansado. Creí que nunca pararías.- dijo él con una entonación divertida que me hizo sonreír. Me costaba convencerme de que, en realidad, me reconfortaba su presencia en aquel momento. Después de todo, él me había metido en aquel embrollo. Entonces intenté hablar pero él se me adelantó:

- Créeme que me esfuerzo por ponerme en tu piel, Julia, y reconozco que todo debe de ser muy difícil. Pero, por favor trata de ponerte tú en la piel de todos los habitantes de nuestro mundo.- dijo secándome las mejillas con infinita ternura.

- ¿De qué mundo me estás hablando?- volví a preguntar ladeando la cabeza cansada de que se me escapara todo aquello. Ante el triste silencio de Tánter le formulé casi todas las preguntas que se me ocurrieron – Por favor, no me hagas esperar más y respóndeme: ¿Por qué viniste a mí? ¿A dónde me has traído? ¿Dónde está mi tío Albert? ¿Quiénes sois todos vosotros? ¿Para qué me necesitáis?- todas mis preguntas declinaron en un gemido de confusión que Tánter entendió perfectamente y por ello accedió a darme las respuestas que yo tanto necesitaba.

- Escucha amiga mía. El lugar en el que te encuentras es el fascinante reino de Lux y sólo tenemos acceso a él los seres que hemos nacido en su seno. Es decir, podemos salir y entrar de él, pero los seres humanos, como tú, sólo podéis entrar o salir con la ayuda de un ser que conozca estos parajes como la palma de su mano.

- ¿Por eso viniste a buscarme a casa de mi tío?- pregunté absorta.

- Por eso fui a buscarte.

- Vamos no te hagas de rogar… Cuéntamelo todo.- insistí un tanto irritada por todo lo que me estaba costando sacarle aquella información.

- Llevo semanas estudiando la forma de llegar a tu casa sin ser visto por nuestros enemigos y preparando el canal que me permitiría traerte conmigo. Así que cuando el Gran Térbal me dio la orden, crucé el río que hace de puente entre mi mundo y el tuyo. El que atravesamos con Dalinor ¿te acuerdas? El Gran Térbal me había hablado mucho de ti y me dio las prendas que ahora llevas puestas para que tuvieras la capacidad de camuflarte y ser lo más invisible posible para nuestros enemigos. Ahora nuestro primer destino es encontrarle en la Ciudad del Muro donde se ha reunido con otros grandes magos de la Luz para, cuando llegue el día señalado, enfrentarnos a las huestes de la Oscuridad. Sin embargo, para ello necesitamos todo el poder que nos puedan brindar nuestros aliados ya que el enemigo cuenta con un arma tremendamente poderosa que no dudará en usar contra nosotros.

- ¿Por qué lo sabéis?

- Tenemos la suerte de poder contar con grandes magos que son conocedores de los secretos más recónditos de este reino. El Gran Térbal nos indicó cómo contrarrestar aquel poder.

- ¿Cómo?- pregunté temiendo oír la respuesta.

- Consiguiendo a la única persona capaz de evitar que se desate el poder del arma de nuestros enemigos y mantenerla en nuestro bando antes de que fuera descubierta. – finalizó Tánter sumamente abatido. -Nuestro enemigo conoce las debilidades de Térbal y tememos por su vida.

Entonces comprendí el papel que yo jugaba en aquella batalla. Cerré los ojos con fuerza y en mi cabeza empezaron a sucederse cientos de imágenes desoladoras en las que pude ver el fin de aquel mundo y de sus habitantes. Cuando por fin abrí los ojos, aunque aquello no supuso nada nuevo para mí pues seguía sumida en las sombras, noté mis mejillas húmedas y un martilleo insoportable en la sien. Sentí a Tánter a mi lado, mirándome. Aproveché aquel silencio para repetirme la historia. Había algo que no encajaba.

- Tánter –dije agarrando con fuerza el bastón y con la mirada puesta en lo que, para mí, era el horizonte; pues notaba los cálidos pero cada vez más débiles rayos del Sol- aún no me lo has contado todo.

- Hay cosas que se me escapan- me respondió sumido en una tristeza infinita.

- ¿Quiénes nos persiguen?

- Los llamamos Huestes de la Oscuridad. Son seguidores de Arnias.

- ¿¿Arnias??- noté que me quedaba sin respiración y quise morir. Aquel ser había sido el causante de mi sufrimiento y después de tanto tiempo tratando de arrancarlo de mis pesadillas volvía para hacerme revivir mi infierno. La marca del colgante volvió a escocerme como lo hacía en los días posteriores al accidente con los cuervos cómo había decidido llamarlo. Aquel escozor pareció traspasar la piel y llegar a mi sangre haciéndola hervir de ira. Tánter debió de percatarse de la aceleración de mi respiración.

- Julia, debemos detenerle. Ésa es la razón por la que te necesitamos.

- No estoy preparada.

- Nadie sabe cuándo está realmente preparado para enfrentarse a su destino. Simplemente debe enfrentarse en algún momento y el mero hecho de decidirse ya significa que sí lo está.

- Ya. Pues lo siento pero no creo que haya llegado el momento de decidirse todavía. Buscad a ese tal Térbal y que os indique otra manera de vencer al viejo de los ojos amarillos.- Me levanté dispuesta a volver a casa y terminar con toda aquella tontería, pero las palabras de Tánter me paralizaron.

- Arnias asesinó a tus padres.

- No juegues con eso.

- No estoy jugando a nada.

- Mis padres murieron en un accidente de coche ¿vale?

- Como quieras pero has de saber que aquel cuervo seguía las órdenes de Arnias y que no hubiera parado hasta hacerse con el colgante de tu madre. Con ella no tuvo tanta piedad.

- ¡Calla!- exploté. Aquella era demasiada información para asimilarla tan rápidamente. Sin embargo, en medio de aquel silencio tan desquiciante bullían en mi cabeza las respuestas que tanto anhelaba y no pude evitar empezar a recomponer las piezas de mi rompecabezas. Arnias andaba detrás de algo que creía que poseía mi madre pero seguramente cuando se percató de que no lo tenía, la obligó a darle la información necesaria a cerca del paradero del colgante y al no obtenerla, la asesinó y con ella a mi padre. Mis padres habían tratado de protegerme y yo me había estado comportando como una auténtica estúpida. ¿Cómo podía haberles odiado tanto después de todo lo que habían hecho por mantenerme a salvo? ¿O quizá mi madre había tratado de salvarse legándome el colgante porque sabía que Arnias sería capaz de cualquier cosa por conseguirlo? Una parte de mí quería resistirse a pensar de aquel modo pero la otra sentía la necesidad de averiguar la verdad. Estaba cansada de todo, de pensar siempre en todas las posibilidades. Quería que alguien me explicara de una vez por todas lo que ocurrió en realidad, si es que existía esa persona; porque sentía estar viviendo una mentira. Además, aún no había completado mi rompecabezas. Todavía quedaban muchas preguntas por responder como por ejemplo: ¿qué demonios tenía de interesante un simple colgante para un viejo a parte de ser una reliquia familiar? ¿Quién era realmente Arnias? ¿Y toda esa gente que me acompañaba? ¿Y qué pintábamos mis padres y yo en esa historia? Entonces empecé a comprender que mi grado de estupidez había sobrepasado los límites. Sí que existía esa persona capaz de responder a mis preguntas: el tío Albert. Aún resonaban sus palabras en mi cabeza: “¡¡Arnias!! Tus trucos no nos asustan”. Sin duda él tenía que saber… ¿Cómo no había sido capaz de pedirle una explicación? ¿Por qué me cerré y evité escucharle? No sé si le habría creído pero ahora estoy dispuesta a escuchar todo lo que tenga que decirme. Tenía que volver a casa, disculparme como era debido y exigirle esa explicación que tanto ansiaba. Tenía que encontrarle.

- ¿Julia?

Había olvidado por completo que Tánter seguía allí junto a mí. Había estado todo el rato sumida en mis pensamientos y él había guardado silencio hasta entonces. Ninguno de los dos podíamos intuir cuál sería mi reacción después de mi silenciosa reflexión. Entonces me levanté con ayuda del bastón consciente de que Tánter me observaba con curiosidad intentando averiguar cuál sería mi próximo movimiento. Decidida a seguir adelante empecé a caminar en una dirección cualquiera con la intención de hacerle seguir mis pasos y preguntarle aquello que creía que me podría contestar. Me gustaba poner en orden mis ideas en movimiento. Cuando consideré que ya se me habían desentumecido las piernas, me paré y el cese de los crujidos de la hojarasca me indicó que Tánter también se había detenido a una distancia prudente.

- Seguro que sabes más cosas del Gran Térbal que has pasado por alto. Si te había hablado de mí era porque me conocía. ¿Cómo es que nunca he sabido yo nada de él?

- Sin duda era un gran mago conocedor del mundo y de sus habitantes.- respondió él no muy convencido de que sus palabras surtieran el efecto deseado y algo perdido en sus pensamientos.

- Sabes que esa respuesta no me vale.

- Es cierto, verás Térbal es…

- ¿Quién?

- Tu tío Albert.

Durante un largo instante no supe cómo reaccionar. Sentí que volvían a flaquearme las piernas y temí perder el equilibrio. Apreté mi mano alrededor del bastón transmitiéndole la fuerza necesaria para que se hundiera en la tierra y me sostuviera en pie. Sin embargo, no necesité nada de eso. Lo cierto era que de esa manera las cosas volvían a tomar un nuevo rumbo... Aunque nada cambiaría la sensación de haber estado viviendo la mentira más gorda de todos los tiempos.

- Lo siento, Julia, pero está cayendo la noche. Hemos perdido un tiempo precioso. Creo que sabes todo cuanto sé yo. Ahora está en ti elegir.

- ¿Por qué ahora? ¿Por qué he vivido dieciocho años pudriéndome en la ignorancia? ¿Por qué nunca nadie ha confiado en mí? Ahora resulta que mi tío, al que yo creía conocer, es el mago más conocido de un reino que estaba al otro lado del río que pasaba por su casa. ¿Sabes qué? Ahora sí que se ha lucido.- Me quedé en silencio tras haber escupido aquella retahíla y llegaron a mi mente las imágenes del día en que mi vida cambió. Vi los cuervos, vi unos ojos amarillentos que me devolvían la mirada con un desprecio infinito y también los rayos de luz y las explosiones de energía. Pero ¿cómo podía ser? Él nunca me dijo nada; aunque quizá la explicación de su silencio era que no quería que me sintiera especial. Quizá no estaba madura para recibir aquella información, pero en los años posteriores ¿por qué siguió callando?

- Escúchame, Julia, sé que nada de esto es normal para ti. Pero es que nunca has sido normal. Siempre has pertenecido a este reino porque eres parte de él. Eres nuestra princesa y por lo que sabemos, nuestra última esperanza. Créeme que hubiera dado lo que fuera porque hubiera sido de otro modo pero…

- Entonces no tengo elección.- dije. -Tarde o temprano alguien de alguno de los dos bandos me encontraría, me persuadiría con bonitas palabras de añoranza y esperanza y estaría en la misma situación en la que ahora me encuentro.

- Posiblemente- me respondió un tanto herido- pero si crees que el amor que sentimos por este bello reino todos los que nos hemos arriesgado para venir hasta aquí es fingido, estás en un error. Y si crees que te es indiferente lo que le suceda a este reino también te equivocas porque perteneces a él tanto como cualquiera de nosotros.

- Creo que estoy en el bando correcto porque así me lo haces ver y en cierta manera también puedo notarlo. Pero has vuelto a sobrepasar la información que puedes darme. ¿Por qué pertenezco a este mundo tanto como tú?- Entonces tras formular aquella pregunta vino a mi cabeza el nombre con el que Tánter me había reconocido la primera vez que nos vimos: Danna, Dama de las Águilas. El chico pareció comprender mi descubrimiento.

- En efecto, Danna Dama de las Águilas y princesa del Reino de Lux.- añadió apesadumbrado y sus palabras cayeron sobre mí como sentencia de muerte. Sentí una punzada en el corazón. Agarré con fuerza el colgante de mi madre que me impulsó a tomar una decisión. La mano de Tánter rozó la mía como pidiendo una respuesta y yo se la di, consciente de que era la única salida y de que quizá no hubiera vuelta a atrás.

- No perdamos más tiempo. Vamos a La Ciudad del Muro, pues.- tras mis palabras noté el cálido y reconfortante abrazo de Tánter mientras susurraba en mi oído: gracias.

Me llevó hasta el caballo. No tardamos más que unos minutos en llegar y una vez allí Owl nos recibió con un suave relincho. Tánter me situó a su lado para que yo pudiera acariciarlo.

- ¿Estás preparada princesa?- me preguntó Tánter a lo que yo respondí asintiendo levemente con la cabeza. Aquello le bastó para ayudarme a montar y tras susurrarle algo a Owl, el caballo se puso en marcha en seguida. – Owl me ha dicho que los demás han montado guardia en torno a nosotros y que gracias a Oak los árboles han impedido que el eco de nuestras voces saliera del círculo que han formado a nuestro alrededor. Ahora nos esperan detrás de aquellos arbustos. Acamparemos aquí al amparo de los viejos guardianes del bosque.
۞
Tardamos poco en llegar a aquel espacio rodeado de inmensos y frondosos árboles y un coro de voces nos dio la bienvenida.

- Sabía que podíamos contar contigo Danna- dijo Kyra estrechándome la mano.

- ¡Buen trabajo Tánter!- dijo Flamer entre risotadas contenidas y palmeando la espalda del chico que se retorcía cada vez que aquellas manos tan enormes descargaban su fuerza sobre él. Dalinor también reía pero más comedido ya que la herida le tiraba bastante. Y Lingrow pasaba olímpicamente de todo. De vez en cuando lanzaba alguna maldición y según me dijo Tánter eso equivalía a un millón de gracias.

– Bienvenida, Danna. Es un verdadero alivio tenerte entre nosotros.- La voz de Oak sonó firme, sincera y agradecida.- Veo que nuestro joven Tánter te ha explicado todo lo que necesitas saber para emprender este viaje… Siento enormemente que todo tenga que ser tan rápido. Pero no tenemos tiempo que perder. Nuestro enemigo nos acecha y debemos llegar a La Ciudad del Muro cuanto antes. Sé que aún tienes muchas preguntas pero creo que ya sabes todo lo necesario. En la ciudad a la que vamos hay una persona que te responderá sin duda a todas tus inquietudes, pero por el momento descansa. Hemos decidido que éste es un buen sitio para pasar la noche. Además, los conjuros que nos protegen son bastante potentes y duraderos. No obstante toda protección es poca: Tánter, llama a los lobos y al resto de seres que habitan estas tierras. Necesitamos su apoyo. Ya sabes lo que tienes que hacer. Si necesitas ayuda no dudes en recurrir a la alianza que firmaron con nosotros.- Tánter se removió inquieto y Oak se le adelantó al ver su actitud y en un susurro apenas audible le dijo- Danna está a salvo aquí, no te preocupes. Y recordad: - dijo volviéndose a los demás elevando la voz- no debemos demorarnos más pues podría ser fatal para las esperanzas de nuestro reino.
Entonces oí relinchar a Owl cuado Tánter se subió a su lomo y como si fuera una ráfaga de aire, se internó en el bosque para no volver en, lo que a mí me pareció, mucho tiempo.

Los pasos del viejo Oak se acercaron a mí poco a poco y con esa voz tan llena de sabiduría me dijo:

- Danna, te estamos infinitamente agradecidos. Has demostrado un gran coraje al decidir este camino. Pero he de advertirte que hallaremos numerosos obstáculos. No es tarea fácil intentar salvar a nuestro querido mundo de las garras de la oscuridad; sin embargo tu presencia nos da esperanzas.- De alguna manera sus palabras me reconfortaron pero no pude evitar mostrar algunos atisbos de confusión y miedo ante aquella perspectiva que se abría ante mí. Oak era consciente de mi carga y para intentar aligerarla me condujo suavemente hacia la que sería mi “alcoba”, que no eran más que unas mantas colocadas sobre unas hojas, cerca del fuego.

- Descansa mi querida niña. Duerme bajo el suave manto de la noche pues mañana será un largo día.- Y dicho esto se marchó. Yo palpé cuidadosamente lo que era mi cama y en cuanto me senté, noté como si en vez de aquellas hojas hubiera un cómodo colchón y en vez de aquellas gruesas y ásperas mantas hubiese unas suaves y calentitas sábanas de franela con olor a lavanda. Desde luego la magia de Oak era palpable. Entonces, como movida por un hechizo, caí rendida en los brazos del más plácido sueño…

Capítulo 4. Presentaciones.


Poco a poco el sonido de múltiples pasos me hizo estar alerta y de un respingo me incorporé en gesto de defensa. No recordaba haber caído en ninguna cama mullida y temí que me hubieran llevado a algún cuartel general para mantenerme presa. Sin embargo, ahora me sentía más fuerte y algo más segura de mis posibilidades.

- ¿Quiénes son?- pregunté amenazadoramente.

- Tranquila- me respondió una nueva voz masculina desgastada tras el paso del tiempo pero a la vez fuerte y segura, cargada de conocimiento- Somos tus amigos, Julia. No debes tenernos miedo.

- ¿Dónde estoy?

- Estás a salvo, de momento, a cuatro millas aproximadamente de la orilla a la que llegaste con Tánter y Dalinor. Te desmayaste a causa del efecto del veneno que introdujo en tu cuerpo aquella flecha que te atravesó la mano. Pero por suerte mis pócimas de saneamiento han surtido efecto a tiempo. Hacía tiempo que no las usaba y temía que no funcionaran contigo.

- ¿Pócimas? No me habrá drogado ¿no? Mire, no sé de qué va todo esto pero no quiero pertenecer a ninguna secta, ni quiero meterme en asuntos turbios… Además, mi tío puede localizarme y les aseguro que si me hacen algo lo pagarán y muy caro.

- Ja, ja, ja- se rió. – No, no te he echado drogas, ni esto es una secta ni ningún asunto turbio y conocemos muy bien a tu tío.

- ¿Son espías?

- No. Amigos.

-Pues da gusto con amigos así. La verdad es que uno no se aburre. ¿Y de qué conocen a mi tío si se puede saber? Porque parece que ustedes nos conocen muy bien pero nosotros no les conocemos de nada. Y me parece que así no se juega limpio.

- Tenemos una princesa intrépida ¿Eh, Oak?

Oír tantas voces me aturdió un poco pero intenté no dar muestras de debilidad.

- Desde luego. Julia, has demostrado tener agallas y eso en este tiempo es algo admirable. Pero, no debes olvidar que tu vida está en peligro tanto o más que las nuestras. Por eso, estamos aquí para protegerte y ayudarte en este tiempo tan oscuro que amenaza nuestro mundo.

Y antes de que pudiera replicar su enérgica voz se alzó entre mis dudas y las otras voces.

- ¡Lingrow, trae nuestro pequeño obsequio para Danna! ¿Acaso no me has oído pequeño holgazán?

Seguidamente alcancé a oír un rechinar de dientes, pasos arrastrados y un montón de lo que parecían maldiciones inacabadas, que se acercaban a mí. Tánter, que parecía no haberse separado de mí en ningún momento, me cogió las manos y las dirigió hacia donde provenían aquellos sonidos tan peculiares. Noté cómo caía sobre ellas un enorme peso que empecé a palpar y entonces reconocí aquello. Era un rústico bastón lleno de nudos, bastante alto por cierto; ya que me llegaba hasta la nariz aproximadamente, en cuyo extremo se adivinaba la figura de un ave tallada al detalle, de la que supuse que era un águila por la forma del pico y la silueta en general.

- Gracias, me será muy útil. Pero, ¿podría explicarme por qué estoy aquí? Me refiero a por qué ha venido Tánter a buscarme en medio de la noche… ¿Por qué me ha llamado Danna no sé qué más? ¿Quién soy realmente? Porque estoy hecha un enorme lío...- me sentía abrumada y sentía que me ahogaba en mis propias palabras.

- Siento no poder ser de mayor ayuda en este momento. Este no es un lugar seguro para nosotros. – Dijo impaciente.- Hace algún tiempo perdimos el dominio de estas tierras. No podemos retrasarnos más Danna, así es cómo eres conocida en nuestro reino, Julia Evans.- El hecho de que conociera mi apellido debería haberme asombrado de nuevo, pero lo único que consiguió fue confirmarme que aquellas personas me conocían bastante o incluso más de lo que yo me conocía a mí misma. Sentía la necesidad de preguntarles cosas pero algo me hizo sentir miedo de verdad. Un ruido parecido al del batir de alas de miles de cuervos me heló la sangre. Me quedé totalmente petrificada. Sentí miedo, mucho miedo porque estaba implicada en algo que se me escapaba.

-Ya hemos perdido demasiado tiempo haciendo las presentaciones. Debemos apresurarnos y salir de aquí. Tánter: Danna es tu protegida. No la pierdas de vista. ¡Lingrow desata los caballos!

- ¿¿Caballos??- desde luego allí nadie conocía la tecnología.

- Así es. No pensarás atravesar estas tierras atestadas de enemigos a pie, ¿verdad?

- No, claro.- Respondí reservándome la ironía.

- Nos estamos retrasando mucho Oak. Ya deberíamos haber llegado al paso de Waterfall.- La voz de una mujer irrumpió en la conversación. Por lo poco que oí diría que se trataba de una chica joven pero no tanto como yo.

Noté de nuevo la mano de Tánter que debió de ver la expresión de desconcierto en mi cara y me susurró:

- Tranquila. Ya te lo explicaré todo. Ven.

Dimos unos pocos pasos y llevó mi mano hacia un lugar alto. De repente noté algo sumamente suave y un repentino relincho me dio la bienvenida.

- Se llama Owl. Es mi caballo y desde ahora también es el tuyo. Espero que os hagáis buenos amigos- me explicó Tánter y sin más palabras me subió al caballo y me indicó que me agarrara fuerte a las riendas.

Noté cómo él también se subía con una ligereza propia de un gran jinete y puso sus manos sobre las mías para enseñarme a dirigirlo. La verdad es que Owl era magnífico. Era fuerte, ágil, obediente y no parecía que hubiera ningún obstáculo para él pues los sorteaba con suma facilidad. Por el camino, Tánter me explicó que con nosotros iban cuatro caballos flanqueándonos, tres por delante y uno por detrás. En el primero iba Oak, un viejo mago conocedor de los secretos más recónditos de los árboles; en el segundo viajaba Kyra una joven pero gran guerrera, hija y aprendiz del gran guerrero Flamer que también nos acompañaba e iba en la retaguardia.

- No es hombre de muchas palabras y es muy solitario- me dijo.- Detrás de Kyra, va Lingrow, un enano cascarrabias que siempre estará a nuestro servicio aunque refunfuñando continuamente. Y por detrás de nosotros Flamer, que se ha hecho cargo de Dalinor, un viejo herrero de la Ciudad del Muro. Así que como puedes apreciar estás muy bien acompañada.


- ¡Oak, se nos echan encima!- anunció Kyra.

-Está bien les daremos esquinazo como en otras ocasiones. Seguidme. El bosque nos dará alguna ventaja. ¡Cúpula invisible!
Tras aquellas palabras de Oak se hizo el más absoluto silencio dentro de eso que él había llamado cúpula invisible. Y así permanecimos largo rato hasta que Flamer dio el visto bueno:

- Eres un genio, Oak. No nos han visto. Se dirigen al sur a la Región de Famir. Arnias viaja con ellos.


Capítulo 3. El Vaduin.


- Vamos, princesa, adelante.- dijo una voz nueva.

No me gustó nada eso de “princesa” pero agradecí tener una superficie a la que agarrarme. La barca comenzó a balancearse a causa del peso.

- ¡Dalinor, nos siguen la pista! No sé cómo han podido saber que hoy iríamos a buscarla. Habrá que andarse con cuidado y extremar la seguridad.

- Ahora no podemos hacer nada más que remar y confiar en la sabiduría del viejo.- dijo aquel hombre con una voz áspera y robusta bajando el volumen, mientras cogía los remos y los introducía en el agua.

Tánter también cogió unos remos y se puso a remar. Yo me agarré fuertemente a la embarcación que, por el tacto, parecía de madera robusta y no era muy grande puesto que tras de mí ya solo había agua que se quejaba al ser surcada por aquel bote tan áspero.
Durante la travesía mantuvieron una conversación casi inaudible de la que sólo me llegaron algunos nombres que desconocía y fragmentos de lo que parecía un nuevo plan; pues al parecer el que tenían había sido interrumpido. Sin embargo no pude entender a qué se referían e incluso hubo alguna vez en la que sus voces cambiaban y se convertían en sonidos de diferentes animales. Entonces, cansada de toda esa farsa intenté llamar su atención y pregunté:

- ¿Acaso nadie va a explicarme en qué embrollo siniestro estoy metida?- tras mi retumbante y poco precavida pregunta que reverberó en aquel paisaje desierto, Tánter se abalanzó sobre mí y me tapó la boca con su mano. Podía sentir su boca en mi oído derecho.

- ¿¿Te has vuelto loca??- me susurró exasperado.- ¿Has olvidado que tras de nosotros viene toda una horda de asquerosos asesinos? Nos están observando y persiguiendo. Cuando estemos en un sitio más seguro te diré todo lo que necesites saber. Ahora calla o pagaremos las consecuencias... ¿Puedo confiar en que no vas a gritar ni montar ningún escándalo?- Nerviosa y asustada hice un rápido ademán con la cabeza en señal de afirmación y Tánter volvió a su sitio. Alcé la cabeza como en un acto reflejo en busca de alguna señal que me permitiera averiguar en qué lugar del río estábamos. Entonces percibí extrañada que había cambiado el tiempo. Una suave brisa y los suaves rayos del sol del amanecer acariciaban mi cara sutilmente. Como hipnotizada deslicé mi mano hasta notar la fría superficie del agua en las yemas de mis dedos... De repente, una lluvia de flechas rasgó aquella calma y una de ellas me atravesó la mano.

- ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!- grité retorciéndome de dolor y con las lágrimas brotando descontroladas de mis ojos. Me agarré la mano apretándola para liberarla del dolor. Entonces, otra flecha desgarró el aire a gran velocidad y tras un ruido seco como de succión, alguien dio un terrible grito de dolor que me sobresaltó. Oí la voz angustiada de Tánter (- ¡Están atravesando el portal!) y el rugido de otras flechas que parecían provenir de la orilla a la que nos estábamos acercando y que iban en sentido contrario a la primera. Alguien nos estaba ayudando. El corazón se me encogió y por un instante no supe cómo reaccionar. Entonces caí... Aquella podía ser mi única oportunidad para escapar de unos y de otros. Intenté no pensar en la mano y traté de lanzarme al agua pero Tánter volvió a retenerme.

- Han alcanzado a Dalinor. Danna, por favor. Tengo que dirigir la barca a la otra orilla. Allí nos esperan los refuerzos. No nos dejes ahora.

Oí cómo desgarraba un trozo de tela de sus ropas y me resistí cuando noté que me metía aquel suave tejido en la boca. Entonces, lo mordí con todas mis fuerzas al sentir un dolor cegador cuando partió la flecha que me había atravesado la mano, para sacármela rápidamente. Después escupí el trozo de tela y lo utilizó para vendarme la mano.

- Ya está. Ahora haz lo que te diga. Te necesitamos.

No tuve que pensármelo mucho. La verdad es que no me atraía la perspectiva de quedarme sin las respuestas a las preguntas que aún me quedaban por hacer. No sabía por qué pero en lo más hondo de mi ser sentía que sin ellos no podría sobrevivir en aquel mundo extraño. Además cada vez los gemidos de dolor se hacían más agonizantes y decidí acceder. No sería un estorbo. Esta vez sería de alguna utilidad.

- Escúchame. Esto no es un juego. –dijo atrapando mi cara entre sus manos sin dejarme desasirme- La flecha ha alcanzado al viejo Dalinor en un costado... - dijo haciendo el esfuerzo de pensar con claridad. – Pensé que el hechizo de invisibilidad de Oak sería suficiente. ¿No habrás tocado el agua?

- Sí, bueno, no sabía… ¿Hechizo de invisibilidad? ¿Oak? ¿Pero qué..?

- Da igual, no hay tiempo para explicaciones.

- Nunca hay tiempo para explicaciones. Dime entonces qué puedo hacer- pregunté al oír los lamentos de Dalinor.

- La orilla está cerca y allí nos esperan nuestros aliados... Sácale el trozo de flecha que se le ha quedado dentro. Está justo a tu lado.- me dijo apresuradamente.

- Nunca lo he hecho... Dime cómo... – le pedí nerviosa.

- Sólo agarra el extremo y ve sacándolo con cuidado para que no sufra demasiado- me indicó.

Asustada me acerqué al hombre. Con las manos localicé la cara y las fui deslizando rápidamente por su cuello y su pecho hasta llegar al costado izquierdo. Palpé las ropas húmedas por la sangre y el sudor. Al fin localicé la flecha. Estaba hecha de un material peculiar, extrañamente suave y en el extremo advertí la presencia de una pluma de ave. Seguí la dirección de la flecha hasta llegar a donde estaba incrustada. El hombre estaba inconsciente y su pulso era exageradamente lento. ¿Le habrían envenenado con aquella flecha? No tenía demasiado tiempo para pensar en aquello así que me decidí a poner fin a su agonía. Con la mano izquierda vendada presioné la zona en la que se introducía en la carne y con la derecha agarré la flecha. Fui tirando de ella con cuidado de que no se le desgarrara más la carne y se le quedara dentro la punta. Aquel hombre al que desconocía casi por completo se debatía entre la vida y la muerte ahogando gemidos y sollozos espeluznantes. El sudor resbalaba por mi frente y el pelo se me pegaba a la cara incomodándome. La cabeza de la flecha se resistía. Me empezaban a sudar las manos y el corazón me latía cada vez más deprisa. Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas al ver cada vez más lejana la posibilidad de salvarle la vida... Recé y supliqué con todas mis fuerzas. Me sentía sola, muy sola. ¡Tánter, ayúdame por favor! pensé angustiada pero no pude emitir ningún sonido. Sabía que Tánter estaba ocupado llevándonos hacia la orilla remando con todas sus fuerzas y algo me dijo que aquello debía hacerlo yo sola... Cerré los ojos con fuerza y entonces noté cómo la flecha iba saliendo cada vez más suave hasta que pude sacarla por completo. Me sobrevino un repentino momento de alivio que la áspera tos de Dalinor interrumpió. Intenté incorporarlo para que pudiera respirar mejor pues noté que se ahogaba. Toda su espalda estaba empapada en sudor frío. Le limpié la frente pasando suavemente mi mano por su cara. Me quité la capa y la extendí como pude para volver a tumbarlo. El silbido de las flechas surcando el cielo había cesado y la voz de Tánter volvió a sonar más tranquila:

- Sabía que lo conseguirías. Ya ha pasado el peligro y hemos llegado a la orilla- me dijo pausadamente.
Esbocé una sonrisa cansada, me sequé el sudor de la cara y me retiré el pelo recogiéndomelo en una coleta con la cuerda de la capa que me había quitado. La barca se tambaleó cuando Tánter se bajó chapoteando en el agua para encallarla. Yo me quedé junto a Dalinor para transmitirle algo de calor pues estaba tiritando de frío y le castañeteaban los dientes; a pesar de que la temperatura se había ido haciendo cada vez más suave. Pero aún así, me cogió la mano y me agradeció que le salvara la vida con un: “Gracias princesa”. Sin saber porqué noté que me fallaban las fuerzas y me desmayé.



Capítulo 2. El extraño.


Aquella noche me desperté sobresaltada de una espeluznante pesadilla que me era bastante familiar pues acechaba mis sueños con bastante frecuencia.

Un ave, cuyo plumaje portaba la oscura profundidad de la noche, saciaba su sed de venganza, hundiendo su pico desgarrador en mis ojos. Mi corazón latía veloz y desesperado como queriendo prevenirme de aquel momento de inmenso dolor. En ese momento, inconscientemente, agarré con fuerza la sábana que cubría mis piernas. Sentía cómo mis uñas se clavaban en la palma de la mano marcándome con el poderoso recuerdo de la impotencia y de la rabia. Dos silenciosas lágrimas cruzaron mis mejillas hasta desembocar en una boca rota por el llanto y la soledad en un mundo de sombras, semejante a una burbuja vacía de oxígeno en la que te ahogas viendo cómo el mundo al que perteneces se retuerce sobre sí mismo hasta desaparecer. Me llevé las manos al colgante y lo apreté. Aquello surtía un efecto de alivio en mí, porque me recordaba el día en que mi madre me lo había colocado alrededor del cuello: mi quinto cumpleaños. A pesar de todo así era como la recordaría siempre. A pesar de todo y aunque me esforzara en olvidarla.

De repente, la puerta de la habitación se abrió de par en par y pude apreciar un cambio extraño en la atmósfera. El aire pareció aligerarse y una especie de brisa llegó hasta mi pelo meciéndolo suavemente. Sabía que delante de mí había alguien pero mi ceguera me impedía ver quién era, así que pregunté por la primera persona que me vino a la cabeza:

- ¿Tío Albert, eres tú?- Sin embargo, la persona que había entrado no respondió y pude percibir cómo se movía inquietamente por la estancia tratando de llegar a la ventana; pues parecía que llevaba puesta una capa de viaje que flotaba tras ella. Modifiqué la pregunta y esta vez mi voz sonó temblorosa:

- ¿Quién anda ahí?- estaba apunto de ponerme a chillar como una loca para que mi tío me oyera.- ¿Eres John?


- Shhhhhhhh.....- me respondió rápidamente el extraño tapándome la boca antes de que yo emitiera algún sonido- ¿Quieres que nos descubran? ¡¡Vamos!! Ponte la ropa que te he dejado encima de la cama. Aquí corres peligro.

- Pero quién...

- No hay tiempo para presentaciones. Ahora tenemos que salir de aquí. Nos están esperando al otro lado del Vaduin...

- ¿El Vaduin? Pero, ¿de qué me estás hablando?- le interrumpí nerviosa e incrédula. En mi vida había oído hablar de aquello.- Oye mira, mi tío está aquí ¿vale? Y te aseguro que puede dejarte K.O si me haces algo.- le amenacé.

- Seguro que sí. Más tarde te lo explicaré todo, ahora te basta con saber que tu tío me ha mandado venir a buscarte. No nos queda tiempo. ¡Vamos, tenemos que irnos ya!

No le creí. Empecé a chillar con todas mis fuerzas esperando que mi tío me oyera. Intenté dirigirme a la puerta pero el extraño me agarró por las muñecas con increíble fuerza. Me temí lo peor. Me revolví con todas mis fuerzas intentando escapar pero sólo lograba que se balanceara ligeramente. Noté las lágrimas en mis ojos y me sorprendí por aquella reacción.

- ¿Qué le has hecho a mi tío? ¡Voy a llamar a la policía! ¿Qué le has hecho? ¡Asesino!

- ¡Quieres hacer el favor de calmarte! ¡Sólo conseguirás que nos maten!

- Me da igual. ¡Suéltame! ¿Dónde está mi tío?- grité de nuevo desgañitándome. Estaba desesperada y sólo quería que alguien nos oyera pero no caí en que a esas horas seguramente la ronda policial de seguridad del pueblo habría acabado. Aquello me puso más nerviosa aún. – ¡Por favor, no me hagas daño! Llévate lo que quieras pero no me hagas daño. Por favor. ¿Dónde está mi tío?

- ¡Por favor cálmate!- la desesperación era evidente en su voz, pero yo no me iba a rendir. Estaba harta de oír que los secuestradores se valían de esos métodos para someter a su voluntad a adolescentes inocentes. Por eso seguí revolviéndome y gritando hasta que no pude más.

-¡AHÍ ESTÁN!

- Por favor Julia no lo hagas más difícil.- me rogó, soltándome las muñecas.- ¡¡¡Ya están aquí!!! ¡Y nos matarán si no haces lo que te digo!

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Vamos ¡vístete por favor!

- ¡Estás loco! No me pienso quitar el pijama. Y menos delante de un extraño.

- Como quieras pero hazlo ¡ya! Toma.

El extraño se había deslizado como una sombra hasta la cama para traerme las ropas que quería que me pusiera.

- ¿Qué es esto?- pregunté.

- No importa. Póntelo.

- No pienso salir de aquí vestida de no sé qué. Déjame ir hasta mi armario y…

- ¡Por favor, póntelo ya! Es lo que te puedo proporcionar para que pases lo más desapercibida posible.

Quizá fue aquel tono suplicante y desesperado lo que me hizo empezar a ponerme las extrañas prendas que me ofrecía. Adiviné que se trataba de una túnica y una capa de viaje. Palpé la túnica con sus largas mangas e intenté descifrar dónde se hallaba el agujero por donde debía meter la cabeza. Al fin lo encontré y metí la cabeza por él. Luego los brazos y la estiré hacia abajo.

- Ponte la capa.

Le obedecí. Al advertir que nunca me había puesto una me indicó cómo debía hacerlo y me ayudó. Dejó caer la tela sobre mis hombros y anudó los extremos de una cuerda que rodeaba el cuello de la capa por donde quedaba unida a una capucha. Por el tacto parecía de terciopelo. Después noté cómo sus cálidas manos trataban de calzarme. El tacto de aquellas botas era áspero por fuera pero por dentro eran una verdadera alfombra.

Entonces sin previo aviso, me agarró de la mano y tiró con fuerza. Yo iba a trompicones pero intenté ponerme a su altura. La madera crujía a medida que avanzábamos por el pasillo.

- ¿Conoces a mi tío?- pregunté en un intento de sonsacarle algo de información en aquella situación tan extraña.

- Digamos que sí, desde hace tiempo… Por cierto, feliz cumpleaños.

Aquello ya era demasiado. Visto lo visto aquel ser sabía muchas cosas a cerca de mí. Empecé a darle vueltas y vislumbré una posibilidad que de sólo pensarlo me entraban unas ganas tremendas de reír. Me pregunté si sería el chico que estaba a cargo de aquella empresa dedicada a celebrar fiestas de cumpleaños a domicilio; porque en ese caso se estaban superando. Le diría a mi tío que les dejara una buena propina después de aquella sorpresa. Así que, por el momento, decidí seguirle un poco el rollo.
Enseguida advertí que habíamos salido de la casa porque un viento gélido impropio de aquella estación (estábamos en primavera) nos recibió clavándosenos en el cuerpo como miles de alfileres.

- ¡Ey, necesito mi bastón!

- No te preocupes, yo te guío.

Me sentía rara corriendo de aquella manera y sin mi bastón; pero me dejé llevar. Aquello estaba resultando interesante. Mis pies agradecieron ir por la hierba después de haber atravesado una zona pedregosa, porque parecía un suave manto de terciopelo. Después de una ajetreada carrera llegamos al bosque que estaba bastante tupido y al adentrarnos en él las ramas más bajas nos impedían proseguir nuestro camino. Unas voces llegaron hasta nosotros.

- ¿Has oído eso? ¿Quiénes son?- pregunté emocionada pensando en mis compañeros del instituto.

- Asesinos. Nos han descubierto desde hace un rato pero he dejado una pista falsa en la casa. Eso nos dará algo de tiempo.

Desenvainó una espada que rugió al viento; con la que empezó a cortar las ramas que más nos estorbaban. Yo me sobresalté y empecé a sentirme incómoda de nuevo. Ya no se llevaban las espadas a menos que fueras un freaky de las historias épicas. Intenté protegerme la cara con el brazo en ángulo sobre ella pero aún así muchas ramas consiguieron marcarme. El suelo estaba inundado de hojarasca que crujía al paso del viento feroz que hacía que las voces que llegaban hasta nosotros parecieran estar mucho más cerca de lo que realmente estaban. No logré reconocer ninguna de esas voces. Pensé en John, quizá él estuviera también detrás de este extraño “regalo”. Entonces noté cómo la mano de mi guía se tensaba y me obligaba a elevarme.

-¡Salta!- Con la punta del pie noté algo que sobresalía del suelo. Era una raíz muy gruesa que amenazaba con salir completamente al exterior. Con suerte pude esquivarla. De nuevo, empecé a pensar que la fiesta de cumpleaños estaba tomando un cariz extraño y me quedé absorta en mis pensamientos intentando descubrir qué era lo que estaba pasando, quién podría ser aquella enigmática persona, y quien nos perseguía para matarnos. Y como iba guiada no presté ninguna atención a mis pies que fueron presa de una trampa natural. Una gruesa rama me hizo caer y soltarme de la mano de mi guía. Éste se apresuró a levantarme de nuevo con extraordinaria fuerza sin decir ni una sola palabra. Yo no me había hecho daño porque había caído en tierra húmeda lo que me hizo suponer que estábamos cerca del río. Seguimos corriendo y llegamos a la orilla.

- ¿Dónde demonios está?- buscó nervioso.

- ¿Dónde demonios está el qué?

- La embarcación.

- ¿Qué? ¿Piensas huir en una barcucha? Estás loco. ¡No sabes que existen coches, motos y esas cosas! Ahora sí que nos matarán.- No pareció captar mi tono jocoso.

- Pues si te crees tan lista dime cómo atravesar el río.

Me quedé callada. Se estaba poniendo muy nervioso y no sabía cómo reaccionaría aunque no parecía violento.

- Tenemos que esperar a la embarcación.

-Tú verás, pero si crees que así vamos a estar a salvo, te equivocas. Así que yo me voy.

- ¡No lo hagas! Ya falta poco. Oye, siento haberte traído hasta aquí de esta manera... - dirigí mis ojos hacia el lugar de donde procedía la voz.

Aproveché aquel momento para recavar algo de información útil y ya de paso ¿por qué no? Ponerle algo más nervioso. Me estaba gustando aquel jueguecito.

- ¿Así que esto es el Vaduin?- pregunté mordazmente.

- Así es.

-Ya. ¿Y estamos en la Tierra Media? Porque me encantaría conocer a Frodo y a sus amiguitos- me daba igual comportarme de aquella manera, porque se me estaba acabando la paciencia. En cualquier momento echaría a correr si no me daba alguna información de interés. No pareció haber pillado el chiste.

- Oye mira, si esto es algún tipo de broma déjalo. No hace falta que te lo tomes tan en serio. Si quieres cuando estén mis amigos y mi tío delante volvemos a montar el numerito pero te puedes ahorrar todo esto. De todas formas, no te ofendas, me está gustando mucho; pero creo que ya lo puedes ir dejando. ¿Me estás oyendo?

- Toma bebe algo de agua. Me llamo Tánter, hijo del Bosque.

- ¡Ah, qué bonito!- dije sarcásticamente- Y yo soy...

- Danna, dama de las Águilas...- bufé- La elegida de entre los mortales.- dijo convencido haciendo caso omiso de mi bufido.

- ¿Cómo dices?- me reí.- No, no, no. A ver, soy Julia. Una chica normal y corriente de un pequeño pueblecito del sur de Inglaterra.- respondí extrañada. No estaba por la labor de seguirle su absurdo jueguecito porque no estaba de humor y además me encontraba entumecida por el frío.

- ¿Normal y corriente?- preguntó con un tono burlesco que me ofendió bastante pues sabía a qué se refería. Y bajé la mirada.

- Yo no elegí ser como soy, ¿vale? Fue un accidente y nada más... - traté de sonar convincente pero su silencio me incomodó.

- Tú sabes que no fue nada común la manera en que te hicieron eso.- Aquello me cogió por sorpresa.

-No sé cómo puedes decir eso, pero…- vislumbré escenas de la pesadilla que me había venido atormentando desde aquel momento- Te digo que fue un accidente.- Quería engañarme a mí misma aunque en el fondo de mi ser sabía que este tal Tánter llevaba razón.
Me vi obligada a revivir de nuevo aquella pesadilla y no sé si dije algo en voz alta, pero noté su mano en mi hombro. Yo me retiré bruscamente.

- Mira.., parece que la barca no viene y yo me sé cuidar solita. Así que…

- Julia- me llamó por el que yo creía mi verdadero nombre.- Tu tío confía en mí para cuidar de ti. Por eso te pido que aunque sea difícil, aprendas a confiar en mí. Además ya ha llegado la barca. Vámonos de aquí. Aún no estamos a salvo.
Le oí coger el cabo que alguien desde la barca le había arrojado para acercarla a la orilla.

- ¡Vamos!

Me llevó hasta el agua y me alzó en brazos. Me sentía incómoda, pero más aún cuando otros brazos me cogieron y me sentaron en la madera de la barca.